LA EDUCACIóN RURAL

Categoría: Educación

Fecha: Lunes 24 de Junio de 2013

Señor Director:
Danieluco, como le dicen sus amigos, es un niño proveniente del oriente de Caldas cuyo nombre rememora el de un santo sacerdote que, en la primera mitad del siglo pasado, adelantó una fructífera labor espiritual, educadora y humanitaria en esa región; particularmente en Pensilvania y Samaná. Me refiero al padre Daniel María López cuyo nombre epónimo se mantiene como una bendición sobre habitantes y veredas de la bucólica comarca. Daniel, como gran parte de nuestros niños campesinos, está en un grado escolar muy inferior con relación a su edad debido a las permanentes mutaciones a las que ha estado sometido su grupo familiar por las acciones vandálicas de la guerrilla y por la situación económica cada vez más desesperante de los jornaleros del café.

LA EDUCACIóN RURAL

Fotografía 1: padre daniel maría lópez

Hace algunos días, por el camino de mi vereda, Daniel bajaba sudoroso de vuelta a su casa después de realizar con sus compañeros las tareas, o los trabajos como él los llama, que les habían impuesto en la escuela. Y mientras amarraba con una cabuya el pedal de su bicicleta carcomida por la herrumbre y el pantano, yo les di una ojeada a sus cuadernos. No me aterraron ni la pésima ortografía ni las incoherencias en la redacción, errores ya comunes lastimosamente aún en estudiantes universitarios y exhibidos sin pudor en los usuarios de los twitter, blogs y demás formas invasoras de la comunicación electrónica. Me llamaron sí dolorosamente la atención los “trabajos” que por horas habían realizado los estudiantes copiándose unos a otros. Se trataba de siluetas de mapas de continentes, países y figuras geométricas que los que hicieron la “investigación” tenían que calcar, por orden de la profesora, de unas “guías” en las cuales no se explicaba qué países, continentes o cuerpos geométricos representaban las exóticas figuras, ya deformes de tanto calco repetido, más parecidas a los buñuelos tetones que preparaban las campesinas para la Navidad que se aproximaba. Lo peor de todo era que los estudiantes no sabían a qué asignatura correspondían los mamotretos y “lo más pior” como decía el dueño de la funeraria, era que ya tenían el visto bueno de la educadora.

Claro, señor Director, que no es éste un hecho aislado. Y lo que es más grave, el modelo educativo tiende a expandirse, a “exportarse” a otras regiones según cuenta su columnista Bernardo Mejía Prieto cuando nos ilustra sobre la “Escuela Nueva” como una metodología liderada por el Comité de Cafeteros en compañía de la Secretaría de Educación del Departamento y del Municipio de Manizales (LA PATRIA, 17-XII-2012).
“Es mejor en Pensilvania porque allá los maestros sí enseñan” dice con nostalgia Danieluco. Yo lo entiendo porque, por fortuna, a mí me tocó la época en que los maestros sí enseñaban y educaban. ”O témpora, o mores!”, tocará exclamar con la misma nostalgia. Los sacrificios de los padres de Familia hay que responderlos con la enseñanza. ¿Qué pueden aprender varios muchachos juntos copiándose unos a otros los errores sacados de la fotocopia de una guía mal impresa y generalmente desactualizada? ¿Qué quiere decir el señor Mejía Prieto cuando afirma que “hay que tener en cuenta que un componente muy importante en el aprendizaje es el que se da entre compañeros”? ¿Cuál es entonces el papel de las escuelas normales donde se pretende formar a los maestros, enseñarles metodologías generales y especiales en las diferentes áreas de la educación, pedagogía, sicología infantil, sistemas de aprendizaje, pasos para preparar una clase, presentar un tema nuevo, realizarlo, mecanizarlo, comprobar su entendimiento, evaluar sus resultados? ¿Qué se practica en las escuelas anexas a las normales donde supuestamente los aspirantes a enseñar tienen que probar que saben hacerlo? ¿Cómo va a comprobar un maestro el aprendizaje de su alumno si nada le enseñó? Es una irresponsabilidad poner a trabajar a los niños, dentro o fuera del aula sobre conceptos no trabajados en la clase, sobre dudas nunca esclarecidas.

El profesor Cristóbal Trujillo Ramírez nos enseña que “desde el punto de vista de la pedagogía, la tarea escolar tiene todo su sentido; una buena tarea facilita el aprendizaje, recrea el conocimiento y valida, en la práctica, el concepto aprendido; una mala tarea despierta la fatiga, angustia la voluntad y se convierte en una fastidiosa carga para toda la familia”(LA PATRIA, 16-XI-2012).

La modalidad de dirigir cursos de distinto nivel en una misma aula no es un invento de la cacareada Escuela Nueva. Desde hace mucho tiempo los abnegados maestros rurales han trabajado con sacrificio y mucho patriotismo ese sistema, pero dando las clases, enseñando, haciendo el seguimiento de su trabajo. Fue esa una de las motivaciones de la creación de la doble jubilación para el magisterio que se justificaba plenamente dada la labor de los maestros del campo para quienes exclusivamente había sido establecida con el nombre de pensión gracia.

Ahora, empieza uno a entender por qué, con una frecuencia que aterra, se ve a los niños regados por todo el pueblo a las diez de la mañana mientras se les derriten las paletas sobre el uniforme escuchando desde el Café de Perico las lamentables canciones de Jhony Rivera, o caminando en grupitos por los caminos de la vereda. ¿Por qué no están en clases? “Es que los profesores están en un curso de discapacitación”, es su respuesta. Y habrá que creerles. Mientras tanto, al consultar los resultados del ICFES, los bajísimos puntajes les impide a los flamantes bachilleres de este entorno campesino el ingreso a las carreras de sus sueños y tendrán que coger, como sus padres, el canasto o el azadón; o seguir soñando, pues según lo afirma el columnista citado, “se está implementando un programa en asocio con la Chec, Gobernación de Caldas y el Gremio Cafetero para que mediante un crédito y unas facilidades económicas puedan comprar su finca y tener su propio negocio”[ibídem]. ¡Hm!
Atentamente,
Rodrigo Ramírez González

Fuente: LA PATRIA Manizales. [919]

Autor: Rodrigo Ramírez González

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Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.

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