Categoría: Protección Social y Salud
Fecha: Viernes 07 de Septiembre de 2012
Lina y Nelson en segundos pasan de la tristeza a la alegría, de la desilusión a la esperanza. Ellos son los padres de Nelson Esteven Morales, el valiente bebé, de ocho meses, que sobrevive a la mordedura de una coral rabo de ají de 60 centímetros, cuyo veneno le produjo en ocho horas un paro respiratorio, uno cardiaco y parálisis muscular.
Fotografía 1: rabo de ají
Los padres, parados en un corredor de la clínica Meintegral en Manizales, miraban ayer al mediodía la foto que recién le habían tomado con el celular. “Fue algo muy duro, pensé que mi bebé se nos moría”, dice ella. “Gracias a Dios ya abrió los ojitos y mueve las manos, esperamos que tenga una buena recuperación, la que nos dicen los médicos será larga”, comenta el papá. La dramática historia del pequeño Nelson Esteven comenzó en la mañana del miércoles pasado en la casa de su familia en la vereda La Rioja, de Pensilvania. Su mamá lo bañó, lo vistió y lo acostó. A las 10:00 de la mañana ella recibió una llamada de Nelson, quien es soldado profesional y está en la base de Alto Marianito, a unos 15 minutos de Pensilvania. Él comenta: “la llamé y le dije que se alistara para que fuéramos a pasear con el niño a Pensilvania”. 15 minutos después el militar contestó una llamada de Lina. Ella expresa: “le conté que al niño lo mordió una culebra”. Él recuerda: “les comenté a mis comandantes y de inmediato me dieron permiso para ir a avisar al hospital”. La señora describe el momento: “yo desperté a mi bebé, lo bajé al piso, se puso a gatear y se salió al patio. Cuando fui a mirar vi que una coral roja y negra estaba aferrada a su piernita, un poco más arriba del tobillo. Él tenía ese animal cogido con la mano”. Ella desesperada agarró la serpiente, la tiró contra un matorral, le amarró un trapo al bebé en la herida y salió a la carretera. Un motociclista, como si fuera un ángel, apareció en la carretera y los llevó hasta el Hospital San Juan de Dios de Pensilvania. Corriendo La señora dice que en el hospital local le aplicaron suero al niño y le sacaron sangre. “Estaba bien y salimos a hacer una vuelta. A los cinco minutos nos avisaron que estaba muy mal”, indica ella. Rafael Augusto Fierro, coordinador de Urgencias y hospitalización, comenta: “el niño se veía bien. Sin embargo, el efecto del veneno empezó a dificultar su respiración y lo tuvimos que remitir a Manizales en una ambulancia, acompañado por un médico”. Además, dice Fierro, que se consultó con el infectólogo, quien dijo que el suero antiofídico disponible en el centro asistencial servía contra el veneno de varias serpientes, pero no de coral. “Por eso no lo aplicamos y avisamos a Manizales con las descripciones que nos dio la mamá para que tuvieran listo el suero específico”. La ruta de la angustia siguió por Manzanares, Petaqueros, Páramo de Letras, Sabinas, Maltería y San Marcel, cerca de la entrada al Bosque Popular El Prado en Manizales. “Fue un viaje eterno y muy angustioso. El niño se nos quedaba, era como muerto, y en Manzanares lo tuvieron que reanimar”, expresa Lina. Cuando eran cerca de las 5:00 de la tarde, ingresaron a Meintregral, que presta servicios en la capital caldense desde diciembre pasado. El ideal El gerente de la clínica, Álvaro Andrés Silva, dice que mientras llegaba el pequeño paciente se adelantaron las gestiones para conseguir el suero. Lo solicitamos a la Dirección Territorial de Salud de Caldas y al señor Héctor Charry, especialista en este tipo de sueros”. Al final se optó por el de Charry. El suministrado por la Territorial de Salud es el que envía el Ministerio de Salud y es traído de Costa Rica. Jorge Hernán Yepes, director de la Territorial, dice que de la clínica devolvieron el suero, pero eso no quiere decir que no sea efectivo. Yepes explica: “lo que pasa es que los sueros como el de Charry se preparan a partir del veneno de las propias serpientes, de modo que es más específico de las serpientes colombianas. El de nosotros es de Costa Rica, por ser una región con condiciones similares a las de nuestro país”. Para Yepes es una ventaja tener en la zona dos posibilidades de suero, teniendo en cuenta que hay episodios de mordeduras en zonas de Samaná, Victoria, Norcasia y La Dorada, principalmente. Lina y Nelson, los padres de Nelson Esteven, entraron de nuevo ayer al mediodía al cuarto donde está el pequeño, ese de ocho meses y ocho kilos que ha soportado un veneno letal, capaz de suspender la corriente nerviosa, paralizar y matar personas. “Ya trata de coger los jueguitos que yo le compro”, dice Lina, sonriente y esperanzada. --R1 La coral* - Las coral o rabo de ají son un grupo de serpientes venenosas de la familia Elapidae propias de zonas tropicales. - Se distinguen dos grupos de serpientes de coral: las del Viejo Mundo que tiene 16 especies agrupadas en 2 géneros (Calliophis y Sinomicrurus), y las del Nuevo Mundo que se conforman de más de 65 especies reconocidas, agrupadas en 3 géneros (Leptomicrurus, Micruroides y Micrurus). - Se caracterizan por sus vivos colores, entre los que predominan amarillo, rojo y negro. - Existen otros grupos de serpientes parecidas llamadas falsas corales, que no son venenosas y sus colores son rojo, blanco y negro. - El veneno de la coral es neurotóxico, produciendo que se suspenda la corriente nerviosa, lo que causa parálisis. - Su mordedura no produce síntomas inmediatos, por eso es de difícil diagnóstico. Por tal motivo, es clave que al llegar al centro hospitalario se describan sus características. - *Tomado de Wikipedia y de Héctor Charry.
Fotografía 2: viperidos
Fuente: La Patria. [744]
Autor: Manizales
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Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.
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