TEOCRISTIDES DE JESUS QUINTERO UN PERSONAJE INOLVIDABLE

Categoría: Personajes

Fecha: Lunes 30 de Julio de 2012

Por los años ochentas, del siglo pasado, el cronista oficiaba como dirigente político en las ligas mayores de Unificación Conservadora en Risaralda. De pronto llegó a mi oficina un caballero belalcazarita llamado TEOCRISTRIDES DE JESÚS QUINTERO. Lo recomendaba, como buen godo, el dirigente viterbeño Emerson Grajales (El bueno). Teo venía de trabajar como corregidor en Florencia (Samaná Cds).

Teo era un mozo arriscado y experimentado a quien hice nombrar como secretario de la alcaldía de Pueblo Rico. Pronto descubrí las calidades humanas de este personaje, que se convirtió en mi mano derecha en el tejemaneje de mis aspiraciones al Congreso de la República, por el occidente del Depto. Teo era un todero que funcionaba en política las veinticuatro horas. Era un relacionista óptimo que rápido se echó al bolsillo la militancia azul. Movía el ajedrez electorero como el más avezado y era de una absoluta lealtad que me traía remembranzas del “Milésimo hombre” de Ruyard Kipling. Su habilidad era pasmosa y su valor civil a toda prueba.


Cuando se armaba el trepequesube entre pastranistas y alvaristas en Pueblo Rico y tintineaban los planazos recíprocos y volaban algunos guijarros imprudentes, Teo me decía serenamente: “Tranquilo doctor Herrera que los godos están eufóricos”. En un siniestro lance, por defender a este servidor, recibió un puntazo de un facón matrero en sus glúteos e impávido resolvió fácilmente el incidente..


A posteriori Teo secretarió la alcaldía de Balboa con absoluta competencia y logró aumentar la pírrica votación azul en aquella plaza roja. Luego recaló en La Virginia donde trabajó al alimón por el partido con el abogado Salomón Marín, con total acierto. Teo era un bohemio moderado y un tenorio irredento. Su parla contagiosa le mereció varios lances erótico que el describía así: “De mujeres y de andar pelao si se yó”.



Era un veterano experto en leyes, en incisos y en demandas y embargos judiciales y su figura ventripotente y modesta calaba en el medio que lo rodeaba. Sobre todo tenía una memoria prodigiosa que le permitía llamar por su nombre a lugareños, dirigentes comunales, campesinos, etc., virtud esta indispensable para el líder político que se respete.



En los pueblos donde este cronista oficiaba la política solo se iba a echar la perorata sabatina o a saludar los copartidarios. Teo ya tenía armado el directorio, elaborada la lista del Concejo y había elegido el candidato a la Duma. Antes que el jefe pensara Teo ya había realizado la tarea de carpintería específica. Era óptimo por su sagacidad, su agilidad mental y su talento innato
Algún día se evaporó del puerto virginiano y se me perdióde vista.



Lo busqué por Dorada, Puerto Salgar y otros villorrios sin encontrarlo. El abogado Salomón Marín fungía alguna vez como Presidente del Directorio Conservador de Saravena (Arauca) cuando se le apareció abruptamente Teo.



“Vengo, (le dijo) a quitarle el puesto Salomón”. Al otro día Teo fue elegido unánimemente como presidente de la directiva azul allí ante el asombro y el respaldo de Marín.


TEOCRISTIDES DE JESÚS QUINTERO. Le decíamos la Santísima Trinidad por esa imbricación iterativa de sus nombres: Teo que era Dios en griego, Cristides que era Cristo en grecolatino y Jesús que era Dios en hebreo. Este era un personaje inolvidable que hace un mes falleció en Victoria (Caldas, un pueblo cálido con un paisaje amable pletórico de árboles generosos y de miles de liberales. Pero donde Teo encontró reposo para su alma y cobijo amable para sus luchas quijotescas. Hace unos dos meses escuché su voz por teléfono. Su timbre metálico era inconfundible. Llamó a saludarme después de veinte años.



Ahora creo en las consejas y leyendas de las comadres pueblerinas y afirmo que Teo venía a deshacer los pasos a Pereira y buscaba en sus neuronas el recuerdo del padre Meneses, un levita de traje talar azul de Prusia y con ancestros en la Villa Rica de Segovia, que conoció las penas, los desamores y las travesuras románticas de Teo con algunas nínfulas desangeladas que lo seguían absortas tras su labia mágica.


Un telefonema enigmático e inesperado de Sandra Quintero, su hija, me confirmó la doliente noticia de su desaparición que, de todas maneras, llenó de congoja, de pesadumbre y de melancolía mi ánima blándula, apesarada por el óbito del amigo fiel, del soldado leal y del férreo combatiente de las mesnadas azules. Un abrazo solidario para su familia y aspiro a visitar la aldea solariega de Victoria para depositar en su túmulo funerario un ramito de pensamientos mustios pero gratos. Au!

Fuente: El Diario del Otun. [704]

Autor: Alberto Herrera Ocampo M.D

Cantidad de Impresiones: 341

Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.

COMPARTIR EN TUS REDES SOCIALES.

Comentarios