VIVIENDO EN LA ZOZOBRA

Categoría: Conflicto Armado

Fecha: Domingo 06 de Agosto de 2000

Far ronda a Samaná Cuando el sol diluyó la neblina se hizo nítido el uniforme camuflado de la tropa antiguerrilla. Eran cerca de cien soldados que llegaron 36 horas antes, en una noche fría, y se desperdigaron en silencio por las escasas calles de Samaná, un municipio del oriente de Caldas.

Desde el picacho donde los soldados instalaron sus plásticos negros se ven los tejados, la torre de Telecom, una calle sinuosa por la que cabalga un jinete de sombrero blanco y los dos campanarios pintados de rojo opaco de la iglesia donde se celebran tres misas diarias.

La llegada de los soldados trajo un alivio transitorio a los siete mil habitantes del casco urbano de Samaná, y a los 24 policías que custodian el cuartel construido en una calle empinada de la población, junto a un ancianato y a la casa campesina.

Y qué va a pasar cuando los soldados se vayan? , preguntó un hombre que se empujaba el primer aguardiente del día en uno de los 68 negocios de trago que existen en esta población ubicada a siete horas de Bogotá, tres de ellas ascendiendo por un carretera que los choferes llaman la trocha .

Los soldados del batallón Patriotas se fueron ocho días después. Los reemplazó un contingente de policías antiguerrilla que permanece apiñado en el cuartel. La incertidumbre de los samaneños comenzó el año pasado, cuando la guerrilla atacó el vecino corregimiento de Florencia, y se incrementó la semana pasada con la destrucción de Arboleda, a unas cuatro horas de allí.

Unas cien familias de la zona rural de Samaná han huido desde entonces. Otras cinco, de los alrededores de la plaza principal, se fueron este año.

Las ferias de Samaná fueron aplazadas para octubre porque es muy poca la gente que se moviliza en los nueve buses que entran y salen todos los días del pueblo.

En los últimos tres meses han ocurrido dos alarmas de toma guerrillera. La noche del 4 de junio los habitantes decían que los guerrilleros tenían cercado el pueblo y se estaban haciendo señales con aparaticos de rayos láser desde dos cerros. Los policías se atrincheraron hasta el amanecer pero nada pasó.

Unas semanas antes, hombres en moto dispararon contra un parroquiano cerca al parque. Se metió la guerrilla! , gritaron en las calles. Los policías le quitaron el seguro a sus armas y corrieron a sus puestos. Tampoco ocurrió nada.

Cuando los rumores crecen, algunos vecinos del cuartel se van dormir a donde sus familiares. En la familia ya todos sabemos que si hay un ataque nos toca escondernos en la cocina porque allí hay una plancha de cemento, dice Natalia Díaz. Otra vecina cuenta que en su casa duermen en sudadera y con los zapatos al pie de la cama.

Los policías tienen la esperanza de resistir toda una noche y esperar refuerzos en la madrugada. Fabio Hernando Arias, un economista que llegó a la alcaldía por un movimiento cívico intuye con preocupación lo que se avecina en este municipio donde el 75 por ciento de la población vive en niveles de pobreza casi absoluta y tiene un desempleo estimado en el 30 por ciento.

A pesar del miedo, los estudiantes que todas las noches realizan jornadas ecológicas en el parque dicen con humor que la guerrilla no se mete a Samaná por miedo que les armen un chisme o porque los ponen a vender boletas de alguna rifa.

Aunque todo parece normal, los samaneños toman medidas para un posible ataque.

Fuente: El Tiempo. [525]

Autor: Cafe 7 Días

Cantidad de Impresiones: 565

Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.

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