Categoría: Violencia
Fecha: Viernes 29 de Agosto de 2003
Tres años después de la masacre en el bar Reminiscencias, en el sur de Bogotá, en la que murieron 11 personas, la juez 42 penal del circuito de esta ciudad produjo las primeras condenas contra los autores de la masacre.
Fotografía 1: juan de jesús lozano
Tres años después de la masacre en el bar Reminiscencias, en el sur de Bogotá, en la que murieron 11 personas, la juez 42 penal del circuito de esta ciudad produjo las primeras condenas contra los autores de la masacre. El fallo sentenció a 40 años de prisión a Juan de Jesús Lozano, a Henry Orozco Casas, el Mono Henry , y Leonardo Melo Nieto, el Zancudo . Los tres se encuentran actualmente en libertad. Orozco Casas y Melo Nieto habían salido de prisión por vencimiento de términos, mientras que Lozano está detenido en Madrid (España). Por esto, la juez ordenó a los organismos de seguridad recapturar a los dos primeros y solicitó al Ministerio del Interior y de Justicia realizar los trámites pertinentes para solicitar la extradición de Lozano, condenado a siete años de prisión por hurto, el 18 de marzo del 2002. De acuerdo con las autoridades, Juan de Jesús Lozano Velásquez es conocido con los alias Juancho , Pecoso , Mono y Juan Andrés . Un informe de inteligencia asegura que al parecer Lozano Velásquez hace parte de una banda dedicada al robo de vehículos y que está involucrado en otros crímenes ocurridos en Bogotá. La Fiscalía estableció que Juancho que tenía 26 años de edad, llegó al bar con Wilner Lozano, aparentemente un hermano suyo, y Henry Orozco, quienes según las investigaciones iniciales, no habrían hecho disparos. Los investigadores pudieron establecer que estos tres hombres tienen contactos con algunos propietarios de locales en San Andresito, sin embargo, descartan que la masacre se hubiera originado por venganzas entre ellos. La masacre ocurrió en la noche del 23 de junio del 2000. Juan de Jesús Lozano habría llegado a las 11:30 p.m. a la taberna Reminiscencias y departía con una amiga en la taberna bar Reminiscencias, en el sur de Bogotá y allí tuvo un altercado con varios desconocidos, que lo obligaron a salir del establecimiento. El sangriento acontecimiento se inició, según las primeras versiones, cuando algunos sujetos que departían en la discoteca intentaron sacar a bailar a dos jóvenes que se hallaban en otra mesa, lo cual molestó a los acompañantes y se inició una riña. 'Ahora van a ver lo que les viene', amenazó el pistolero cuando terminó la discusión y salió de la taberna, con el propósito de conseguir el arma, según testimonios de los sobrevivientes. Al parecer, el múltiple homicida retornó al lugar acompañado por otros hombres, que lo esperaron en la calle, mientras sacó de su chaqueta una subametralladora Uzi y disparó indiscriminadamente contra los presentes. Ahora si van a ver h.p... Van a ver..! , gritaba, furibundo. Con los 65 tiros calibre 9 milímetros que la Fiscalía calcula que disparó Lozano Velásquez, murieron 11 personas y otras 7 quedaron heridas. 'Era el infierno, el hombre disparaba hacia todos lados como un loco y la gente corría sin dirección, tratando de protegerse', relató uno de los heridos. no sólo contra quienes departían con Johana Pinzón, la mujer por quien quince minutos antes había protagonizado una pelea, sino contra todo el que estuvo al alcance de su arma. Asesinó a Carlos Arturo Aristizábal, 34 años, dueño de la taberna, e hirió a Rodrigo Aristizábal, su hermano. Mató a los dos meseros. Y hasta a quienes departían en mesas distintas a la de Johana Pinzón González y sus amigos. Remataba inclusive a los que estaban en el piso , dijo un sobreviviente a la Policía. Cuando salió, ocho cadáveres yacían tras sus pasos y tres heridos agonizaban. Los demás lloraban y pedían auxilio. El no se inmutó. Guardó la metra y salió tranquilo. El estaba como periqueado , describió otra testigo. Aunque la Policía buscaba ayer un automóvil Corsa de color rojo, placas BJE 283, y un Montero, vehículos en los que habrían huido, uno de los testimonios recogidos por el Cuerpo Técnico de Investigación (CTI) de la Fiscalía indica que el homicida huyó a pie y sin prisa. Para cuando los propietarios de las casetas de la Avenida Primero de Mayo con carrera 34 empezaron a llamar a la Policía, los taxis se habían arremolinado en el lugar y algunos empezaban a llevarse a los heridos. Prólogo de una tragedia La versión de las autoridades dice que, hacia la media noche del viernes, Johana Pinzón González, de 25 años, se encontraba en la taberna Reminiscencias de la Avenida Primero de Mayo No 34-10, barrio San Jorge, con un grupo de amigos, cuando llegó al lugar Juanchol , acompañado por una mujer. Johana Pizón y Juanchol se habían conocido un mes atrás en el mismo sitio, donde se reúnen habitualmente las gentes de la colonia de Pensilvania, Caldas, y comerciantes de Sanandresito. El encuentro generó una discusión entre Johana, Juancho y los amigos de ésta, que terminó en un intercambio de golpes. Advirtiendo que volvería para vengarse y que entonces sí que iban a ver, Juancho salió de la taberna Reminiscencias en compañía de la mujer con la que había llegado. Y, efectivamente, 45 minutos después, armado con la subametralladora, regresó. Por lo menos 50 personas departían en el lugar. No se salvó ni el discjockey. Johana Pinzón, al cierre de esta edición, rendía declaración en la Fiscalía sobre lo ocurrido, así como otros dos testigos. La policía y la Fiscalía atribuyen los asesinatos a la intolerancia, pero aún no se atreven a señalar por qué se originó la pelea dentro de la taberna y más tarde la masacre. Testigos de la masacre Iba a cumplir una cita Kelly Fernanda Orozco de 20 años de edad, en una de las camas del servicio de urgencias del hospital San Juan de Dios, intenta reconstruir la historia. Uno de los disparos lo recibió en el rostro y, según el médico Francisco Piñeros, requerirá de la intervención de un cirujano plástico. No recuerdo muy bien todo lo que pasó, sobre todo cuando comenzaron los disparos. Estaba en la taberna porque me había puesto una cita con el papá de mi hija, a las 8:30 de la noche. El es comerciante de electrodométicos y había conocido la fonda por mí. Funciona hace unos 15 años y su dueño (Rodrigo Aristizábal) es muy amigo de la casa. Llegué al lugar con una prima, hacia las siete de la noche. Nos sentamos en la barra que queda al fondo de la taberna. Pedimos un trago. Como hacia las 10 y media de la noche vi que el papá de mi niña no llegó. Le comenté a Rodrigo que mejor nos marchábamos porque era muy tarde. Pidió que nos quedáramos otro ratico y que nos pediría un taxi. No sé cuánto tiempo pasó, cuando de pronto comencé a oír los tiros. Lo primero que hice fue voltear la cara. Recibí el disparo en el rostro. Caí al piso. No recuerdo más qué sucedió porque yo no había oído discusiones. Todo estaba normal. Sonaba buena música. Vine a darme cuenta de lo que me había pasado aquí en la Hortúa . No sabemos qué pasó Oscar Iván Ospina, de 19 años de edad, y John Jairo Ospina, de 24, eran hermanos que trabajaban en la taberna de sus tíos Carlos Arturo y Rodrigo Aristizábal. Los jóvenes viven en el barrio San Francisco donde tienen una zapatería. En el día se dedicaban a los arreglos del calzado y en la noche se iban a trabajar para ganarse unos pesos más. En la taberna trabajaba mucha gente de las familias Aristizábal y Ospina , cuentan parientes de estos últimos. John Jairo, el mayor, murió en el sitio. Oscar, que recibió el disparo en el costado izquierdo, fue trasladado a la Policlínica del Olaya. No sabía qué había pasado con su hermano. Se vino a enterar de la muerte de él ayer al mediodía, cuando uno de sus familiares le contó lo sucedido. Solo sabemos que ellos se fueron a la taberna como todos los días. Hay muchas versiones. Aunque dicen que todo empezó por culpa de una vieja que se puso a coquetear con otro tipo y el novio se dio cuenta y por celos disparó. Otros dicen que se quería cobrar una cuenta pendiente entre comerciantes y los demás pagaron el pato. Solo Dios sabe qué pasó , cuentan algunos de los familiares de los Ospina. No más rumba nocturna Camilo José Moreno de 22 años, que resultó herido en la pierna derecha, es un taxista que había acordado encontrarse en la taberna con su esposa Fernanda para celebrar y estar de rumba como lo hacemos prácticamente casi cada ocho días , dice: Había trabajado duro en el día desde las cinco de la mañana. Recogí 40 mil pesos. Al dueño del taxi le di 25 mil y el resto lo dejé para gastarlos en la noche. Mi mujer me puso un beeper para que nos encontráramos en Reminiscencias después de las 7:00 p.m. Conocía el sitio porque uno como taxista recorre mucho la ciudad. Lo veía cada vez que pasaba haciendo alguna carrera o cuando hacía el recorrido para mi casa en el Perdomo. Me gustaba porque su ambiente es como el de una fonda paisa, con música antigua y chévere para rumbear. Llegué hacia las siete y media a la fonda y no encontré a mi mujer. Me hice en una mesa donde había unos compañeros del colegio. Me puse a beber con ellos. No me acuerdo qué pasó con mi señora. Como a la media noche, en el momento en que me paré a pedir una cerveza, empecé a escuchar los disparos. Recibí uno en la pierna. Ahí mismo me tiré al suelo. Otras personas estaban botadas al piso. Todo fue revolución. Llanto. Gritos. Perdí como el sentido. Gracias a Dios no recibí los tiros en la cara como les pasó a otros. Lo único que me queda de lo ocurrido es que nunca más vuelvo a rumbear de noche. No se puede. En cualquier momento puede aparecer un loco y disparar, como sucedió en la taberna. Vecinos y curiosos Una luz mortecina se filtra por un orificio de la reja verde corrediza del bar Reminiscencias, sitio de encuentro de la colonia caldense, en el sur de Bogotá. Sobre un piso negro de material sintético anti resbalante se alcanzan a observar servilletas blancas nadando en una espesa nata de sangre. No se salvó ni el señor que cuidaba los carros, cuenta una señora que repetidas veces va al orificio, por donde se filtra la luz mortecina, a constatar el interior del escenario del crimen. Desde las primeras horas de la madrugada del sábado el lugar se llenó de curiosos. Yo ando buscando a un amigo que estudia aquí en la escena, dice, limpiándose las lágrimas con el codo, una joven mujer. Muchos lloran. Buscan a sus hermanos, a sus tíos, a sus primos. Al otro lado de la Avenida, mientras muchos transeúntes se agolpan en torno a las casetas para preguntar por los hechos con la excusa de apurar un tinto, la propietaria de uno de los negocios es sometida a un bombardeo de preguntas inimaginables. Yo llegué a las cuatro de la mañana dice y como hasta las 9 estuvieron sacando cadáveres de ahí. Son 18 los muertos , dice un hombre de barbas ralas, bañado en agua lluvia, que entra a la conversación como caído del cielo. Dicen que un tipo le pidió a una muchacha que bailara con él y se negó. Como se negó, se armó una trifulca que sólo paró a las 11:50 de la noche del viernes 23 de junio. El desplante, en realidad, les costó la vida a 11 personas. Al siguiente dia El jefe policial de Bogotá, el general Argemiro Serna, ofreció el sábado una recompensa de 15 millones de pesos (7.000 dólares) a quien suministre informes que permitan capturar al autor del múltiple asesinato. La masacre del sábado evocó entre los colombianos la ocurrida el 4 de diciembre de 1986, cuando un psicópata Campo Elías Delgado de 52 años , mató a balazos a 27 personas en el restaurante Pozzeto restaurante ubicado en un barrio elegante del norte de Bogotá Lozano salió del país con el nombre de John Haider Pardo Zamudio y se hizo pasar como sacerdote. Posteriormente fue capturado cuando intentó asaltar en Madrid. Lozano permanece detenido en el centro penitenciario de Madrid 3 Valdemoro. De acuerdo con el expediente, los testigos aseguran que Lozano, entonces de 26 años, fue la persona que disparó en el bar. La hipótesis más sólida sobre las causas es que se trató de una pelea, de un episodio de intolerancia y licor entre comerciantes y un grupo de personas que departían en el establecimiento, ubicado en la avenida Primero de Mayo con carrera 30. Juan de Jesús Lozano Velásquez, Juanito, no puede correr bien. Por eso, en 2002, cuando Juanito intentó secuestrar a un joyero en el madrileño barrio de Latina, a José María González, un prestigioso joyero español que bajó de su carro con dos maletines llenos de mercancía. Un policía fuera de servicio y un ciudadano ecuatoriano no tuvieron dificultad en detenerlo. permaneció detenido en el centro penitenciario de Madrid 3 Valdemoro. Juanito no puede correr porque tiene tres balazos en la espalda, y una bala alojada en la cadera. Los tiros se los pegaron los sicarios del dueño de una mina de esmeraldas al que Juanito mató en Colombia. La víctima había abierto en canal unos años antes al padre de Juanito para sacar de sus entrañas la esmeralda que se había tragado. Ahora, Juanito cumple condena en Colombia por una de las mayores matanzas que se recuerdan en Bogotá. Huyó a España, hasta donde llegó disfrazado de sacerdote y con documentación a nombre de John Haider Pardo Zamudio y donde fue detenido finalmente.
Fuente: www.samanacaldas.net.co. [521]
Autor: Cristian Toro
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Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.
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