MONSEÑOR CARLOS ARTURO ISAZA BOTERO UN PROHOMBRE DE DIOS

Categoría: Personajes

Fecha: Lunes 25 de Julio de 2011

En los idus de este mes de julio falleció en Pereira el Vicario de la Diócesis, Monseñor Carlos Arturo Isaza Botero. El ilustre levita, consagrado sacerdote hace medio siglo, era oriundo de Samaná (Caldas), es decir paisano entrañable de este modesto escribidor.

MONSEÑOR CARLOS ARTURO ISAZA BOTERO UN PROHOMBRE DE DIOS

Fotografía 1: monseÑor carlos arturo isaza botero

Como sé de la orfandad espiritual en que se hallan mis coterráneos la fervorosa feligresía católica de Pereira, decidí pergeñar esta columna para hacer un parvo opúsculo de la parábola vital admirable de este personaje que, como dicen en el país de los aztecas, era tan bueno como un pan de Dios.
En la lejana aldehuela samaneña, perdida en las breñas de la serranía La Picona, por las estribaciones de la cordillera Central, hace más de catorce lustros nació este prohombre en el seno de un noble hogar formado por los patricios Gerardo Isaza y Mercedes Botero. Su casa, casi a lindes de mis lares, era una casita pulcra, encalada y florecida de begonias que tuvo la gracia de aportar dos esclarecidos varones a la vida sacerdotal, Carlos Arturo y José Duván, este último, mitrado de la Diócesis de Manizales y un orador sagrado de excelsas calidades.
El padre Isaza sentó sus reales en la diócesis pereirana y fue párroco admirable en Belén de Umbría, en los Dolores de Pereira y en la Valvanera, su último nicho espiritual. Siempre fue un hombre de sanas costumbres, probo y honesto; todo un paradigma y un dechado de virtudes para la sociedad. Conservaba el amor por la tierruca nutricia y encontrarse con él era una fiesta de la amistad para evocar las familias samaneñas las callecitas soliaregas y el paisaje pueblerino; y para disfrutar de su diáfana sencillez y de su excelente buen humor.
Sus ejecutorias en la iglesia romana lo llevaron al puesto de Vicario General, lo cual le permitió ostentar con ufanía el traje talar granate de los grandes jerarcas católicos, pero siempre con humildad y con fe inquebrantable fé en Dios y en La Virgen Maria.
En sus años postreros soportó estoicamente una penosa dolencia que le maltrató sus cuerdas vocales y que le dejó una disfonía pastosa y asaz tartajosa. Peleó como los bravos con este morbo insuperable y cuando sus fuerzas desfallecieron ingreso al país del no retorno dulcemente, con esa muerte elemental y simple de la que hablaba el poeta de la raza Jorge Robledo Ortiz. Su última exhalación la hizo alegremente abrazado al Cristo de sus amores y al ícono de su madre amantísima, María Inmaculada.
Su óbito fue multitudinario como agradecimiento de una multitud compungida que así le reconocía su santo apostolado. La Catedral de la Pobreza estuvo colmada de fieles que devotamente lo despidieron entre aplausos y en compañía de cuatro obispos y veinte sacerdotes que concelebraron solemnemente su misa de réquiem.
Paz en la tumba de este buen pastor que ahora llega sonriente al reino de los cielos y mi mustio ramito de siempre vivas en el túmulo funerario del amigo, del confesor y del paisano ilustre que hoy es, para este cronista estremecido, mi personaje inolvidable. ¡Ad-mayore Dei gloriam! ¡AU!

Fuente: El Diario. [362]

Autor: Alberto Herrera Ocampo M.D

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Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.

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