LA CARENCIA DE HOGAR Y EL OLVIDO INSTITUCIONAL, MATAN A POCO LOS DESPLAZADOS DEL PAÍS

Categoría: Conflicto Armado

Fecha: Martes 18 de Enero de 2011

La Concejala Ati Quigua, quien ha prestado asesoría jurídica a estas familias, y su equipo periodístico reconstruyen la historia de horror y abandono que han vivido estas familias despojadas de sus tierras y sus hogares.
Son familias representadas en la ONG: Colombia Soy, a quienes la Concejala Ati les ha prestado asesoría en la defensa y exigibilidad de sus derechos, y en su mayoría son madres cabeza de familia. La Organización interpuso unas 260 tutelas contra Acción Social, con el fin de que al mismo número de madres cabeza de familia desplazadas se les dé la atención que requieren y se les restablezcan sus derechos vulnerados, consecuencia del conflicto armado. Mayoría de estas tutelas referidas, fueron falladas a favor de estas madres y ordenan a Acción Social entregar las ayudas requeridas. Pese a ello la citada Entidad, desacató las órdenes impartidas por los Jueces de Tutela, lo que obligó a unas 300 madres cabeza de familia a pronunciarse con el fin de visibilizar la violación de sus derechos fundamentales y exigirle a Acción Social el cumplimiento de su obligación constitucional.

LA CARENCIA DE HOGAR Y EL OLVIDO INSTITUCIONAL, MATAN A POCO LOS DESPLAZADOS DEL PAÍS

Fotografía 1: alicia quiceno, de samana, caldas

Soy Alicia Quiceno, de Samana, Caldas. Llegue hace cinco años con mi núcleo familiar: mi esposo, tres hijos varones y dos nietos. Salimos cierta noche de 2005 a las dos de la mañana, de la vereda el Placer Pichinche, llegamos al pueblo como a las cinco de la tarde. Son cinco años de sufrimiento por acá, sin techo propio. Pedimos al gobierno que por favor nos dé una casita, lo que más nos aflige es un arriendo, llega el mes y con qué pagamos servicios y arriendo…

Que el gobierno nos dé techo, donde uno no se moje, ¡que rico!; ¿me doy a entender? no pedimos elegancia… uno comprende, somos muchos, pero que nos dé donde refugiarnos y un proyecto productivo… pero no hemos recibido ni lo uno ni lo otro. Hace dos años no recibo nada, ni una libra de lentejas, paso el 24 de diciembre y no tuve cómo darles un buñuelo a mis hijos. Vivimos con poco o mucho que recojo en la plaza de Abastos, y lo que los señores de los negocios nos dan, cuando ya nos distinguen nos regalan cositas, hay nos vamos sustentando, pues sin un trabajo estable no hay como vivir bien…

Eso es lo que nos tiene por acá reclamando, haciendo presión, pedimos caridad, pero también es una obligación del gobierno con nosotros. No tenemos la culpa, nosotros abandonamos una finca, yo ordeñaba mis vacas de leche, teníamos panela, teníamos los revueltos (yuca, plátano, papa, batata, animalitos) teníamos lo suficiente, allá no se sufría; si no había carne, bueno mataba uno un ave y se la comía en un sancocho, pero tener que desalojarse y dejar todo…

Hoy por hoy no tenemos nada ¿qué paso?… esa finca se perdió porque nosotros no hemos vuelto por allá al final y pues todo minado… con esas minas que regaron por allá no se mete nadie… Si para salir nos mandaron a decir a las 12 de la noche que desalojáramos, que si amanecíamos en la vereda no respondían… Qué quienes eran, gente encapuchada, armada, no se conocían… Todos salimos, mucha gente, una cantidad muy inmensa, quedaron desocupadas veredas como el Placer, la Manuela, Guacamayal, Yarumal, Yarumalito, La Sombra, Montebello; un éxodo. Todos los sectores quedaron despoblados, no se si hayan vuelto… Qué estaba pasando por ahí esos días… había mucho conflicto, mucha gente armada, no se quienes, pero de noche y de día se veía gente aunque no conocía a nadie y hay del que averigüe, le van dando piso. Así nos toco salir ¡que se va a hacer!… no tuvimos más que hacer sino abandonar todo, todo es todo…

Doña Alicia es una de tantas madres cabeza de familia desplazadas que tiene que sostener su hogar, pues su esposo e hijo mayor tienen casa por cárcel, “por problemas que no faltan”. Vive en el barrio Paraíso y añora su tierra, su rostro agotado por los años y las circunstancias recupera el candor al hablar de los días y años que vivió feliz y despreocupada en su territorio caldense, en su hogar donde todo lo tuvo y lo perdió una noche, una noche de guerra… Así no pierde la esperanza, ni su acento, ni la dignidad que no tienen las entidades del Estado para atender las víctimas. Mantiene pese a todo su hogar, un hogar, una familia, una vivienda y unos derechos que el país les ha negado.

LA CARENCIA DE HOGAR Y EL OLVIDO INSTITUCIONAL, MATAN A POCO LOS DESPLAZADOS DEL PAÍS

Fotografía 2: acción social

Fuente: Todos a Tierra. [355]

Autor: Ricardo

Cantidad de Impresiones: 566

Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.

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