Categoría: Personajes
Fecha: Lunes 02 de Agosto de 2010
‘Uno tiene que aceptarse como es, no tirar la toalla porque siempre hay una esperanza de superación. Uno tiene que confiar en Dios, en que se puede lograr salir adelante aún en las peores condiciones físicas o en casos de extrema imposibilidad para movilizarse, como mi caso, una historia que quiero compartir con todo el que tenga esta misma discapacidad’.
Fotografía 1: libardo bedoya palacio es de samaná - caldas, llegó a pereira hace 29 años
Estas fueron las palabras que más me impactaron cuando ingresé al hogar y al corazón de Libardo Bedoya Palacio, un hombre que se vio obligado a cambiar su ritmo de vida y sus sueños, esos que sin haber aprendido a leer ni a escribir, ya tenía en mente para su futuro, así fuera como un trabajador en fincas o como una persona reconocida. Es impactante tratar de descifrar todo lo que Libardo quiere expresar y que sus pocas palabras se niegan a revelar, esos amargos momentos de soledad y de tristezas que ha vivido a lo largo de 9 años, un tiempo que él considera ‘desperdiciado’, pues sólo se pasaba los días acostado en una cama mirando para el techo, con su mente aislada en un cuarto de penumbras donde el suicidio hizo su aparición muchas veces, donde la desesperanza y el desamor hicieron de las suyas poco después de enterarse que quedaría de por vida condenado a vivir en una cama. Pero ahora Libardo es otra persona, un hombre renovado gracias a la ayuda de la Fundación Maria Teresa, que sin ánimo de lucro le ha devuelto las ganas de vivir. El suceso En el 2002 Libardo iba para una finca en un caballo y sin saber cómo el animal lo tumbó por lo que fue trasladado a una clínica de la ciudad y nunca olvida aquel día en el que el médico le dijo que nunca más podría mover sus piernas. ‘El médico no era capaz de decirme esta noticia hasta que a lo último yo le comprendí lo que me quería decir y le expresé que más bien me dijera la verdad. Las palabras fueron: Libardo, usted no puede volver a caminar. Eso para mí fue muy duro, sentí que el mundo se me vino encima y sí...muchas veces pensé en suicidarme, en acabar con todo porque una vida así es horrible’, me explicó Libardo en esta entrevista que mezcló en mí sentimientos tan encontrados de desdicha y esperanza que poco a poco fui entendiendo, a medida que este hombre narraba su historia de vida, un ejemplo para quienes reniegan de lo que tienen y piden más de lo que son. Mi mente lucía más confundida aún cuando Libardo contó que además de estar discapacitado, la posición acostada en la que permanecía le produjo graves y profundas heridas (llagas) en su cuerpo que son casi imposible de sanar. Cuan sorpresa sentí al ver que encima de su cama y de su almohada habían unas hojas y tenía un lápiz en la mano, más aún cuando hacía pocos minutos me había dicho que no sabía escribir. Pero era real...Libardo había convertido su cama en el escritorio perfecto para escribir un libro sobre su vida, que a decir verdad tiene mucho de sicología y sociología, aunque él aún no lo sepa porque es asombroso cómo apenas aprendiendo a escribir su letra sea tan organizada y sus hojas tan pulcras como si en este oficio llevara muchos años. ‘Todavía desconozco cómo la Fundación Maria Teresa conoció mi caso, simplemente un día, cuando yo estaba a punto de desfallecer, de no querer vivir más, llegaron unas mujeres caritativas y empezaron a enseñarme las letras, también me enseñaron a llenar Sudokus para ejercitar mi mente y un día pensé en que quería contar mi historia de vida y el accidente que marcó mi vida y empecé a escribir en hojas, que luego la presidenta de la Fundación me dijo que sería un libro para publicar’, expresó con orgullo y casi que sin creerlo. En el proceso de escritura y publicación lleva más de un año y fue un proceso difícil para él porque desde pequeño lo único que ha hecho ha sido trabajar en el campo rodeado de animales. ‘Todo este proceso se me hizo muy duro pero poco a poco fui aceptando las cosas como Dios se las manda a uno y ya. Es difícil porque sólo puedo estar boca arriba o boca abajo. No tuve estudio porque mis padres no tuvieron plata para que yo estudiara y por eso no tengo aspiraciones de ningún estudio porque lo único que se hacer es cuidar animales’, dijo. Libardo es de Samaná, Caldas, llegó a Pereira hace 29 años en busca de trabajo pero se encontró con este fatal destino en el que lo acompaña su padre de 75 años, quien vive con él en el mismo cuarto y es quien se encarga de sus necesidades. Libardo le puso de título a su libro ‘Otra forma de vivir’ y espera que esté publicado pronto para servir de ejemplo a todos los ciudadanos. Una vida más espiritual ‘Antes pensé en quitarme la vida pero ahora por lo menos aprendí a movilizar mis manos y tengo sueños, uno de ellos es que yo pudiera salir de este cuarto y movilizarme para trabajar en cualquier cosa en la calle aunque sea para ver gente y sentir la calle. Quiero ser productivo. Sueño con tener una silla de ruedas especial con motor para salir de este lugar y sentirme nuevamente vivo’, dijo con humildad porque sabe que su condición física no le permite hacer lo que hacía antes. A Libardo lo pone muy feliz la escritura, se apasionó por este bello oficio y desde que se levanta hasta muchas horas después dedica todo su tiempo a escribir la segunda parte de su libro pues para él ahora la vida es un espacio que Dios le entregó nuevamente para ser feliz, de otra manera...quizá más espirtual y consciente
Fotografía 2: fundación maria teresa
Fuente: Johanna Molano Marín. [250]
Autor: El Diario Del Otún
Cantidad de Impresiones: 654
Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.
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