LAS VíCTIMAS DE SAMANá

Categoría: Conflicto Armado

Fecha: Domingo 17 de Julio de 2016

Samaná, Caldas, pueblo cafetero, tranquilo y parrandero, de un momento a otro comenzó a verse atormentado por la presencia de las Farc que con su Frente 47 fue instalándose y dominando el territorio con extorsiones y asesinatos selectivos, atemorizando a los comerciantes a quienes citaba para exigirles “aportes”, lo que luego se fue extendiendo a docentes del área rural y luego impusieron su negocio de cultivos de coca profanando el suelo cafetero. Así empieza el relato de Juan Carlos Arias D. funcionario de la Defensoría del pueblo

Las víctimas de Samaná

Fotografía 1: juan carlos arias d. funcionario de la defensoría del pueblo

Su campaña de ignominia se fue extremando y vinieron los secuestros infames de personas representativas del pueblo como Luis Bernardo Escobar, Luis Jorge Calle, Humberto Meza, Javier Clavijo, Antonio Arango, Helí Jiménez, Arturo y Pedro Ángel Tabares; y aumentaron los homicidios, de los cuales mencionamos solo unos pocos: Jaime López, Rogelio y José Tabares Rincón, Salvador y Elías Blandón, Benilda Quiceno, Estella, Norberto y Yesid González, Faber López; así como a nuestro valiente personero, el doctor Darío Botero Isaza y muchos otros que resistieron, denunciaron y se rebelaron contra la infame dominación. El fragor de la tragedia de Samaná se incrementó cuando les fue disputado el territorio por las autodefensas del Magdalena Medio, y vinieron más asesinatos, comenzando por el del sacerdote Arley Arias y sus monaguillos, Carlos Betancur, Héctor Fabio Ángel, Lida Cristina Pulgarín, Alexánder Arias, Javier González, seis comerciantes provenientes de San Daniel y tantos otros cuya memoria honramos. También cayeron líderes sociales, como Chucho Montoya, candidato a la Alcaldía, y fueron amenazados todos los dirigentes políticos del municipio.
Fue una guerra que afectó a familias, veredas y al pueblo entero: 19.500 víctimas de homicidios, secuestros, extorsiones, reclutamiento de jóvenes, minas antipersona, hurtos de ganado y de café, bloqueo de caminos y carreteras, amenazas, estigmatizaciones, humillaciones de todo género, soledad y desesperanza. También allí encontraron la muerte muchos valientes soldados y policías que llegaron a defendernos. Así mismo, por qué no reconocerlo, murieron subversivos buscando sus ideales por el camino equivocado. Esa violencia fue la causante de que miles de los nuestros, varias generaciones, con la dignidad intacta, se echarán al hombro sus esperanzas y se fueran a luchar la vida a otras latitudes. El verdadero infierno de la guerra se vivió en Samaná, del cual son ignorantes los cómodos citadinos que algo de eso vieron por los noticieros.
Como homenaje a todas nuestras víctimas solo podemos celebrar el fin de las Farc y de la guerra, para que pueblos como mi Samaná del alma vuelvan, como ya está sucediendo, a experimentar la paz. Que la sangre y las lágrimas derramadas en esta injusta guerra abonen sus tierras para que con la casta de los arrieros y de nuestros mayores renazca una nueva realidad pujante y prodigiosa para todos los samaneños, que se sienta por Florencia, San Diego, Encimadas y por todas sus veredas, y así también en Norcasia, Marquetalia, Pensilvania, Manzanares y por todo el país. Vuelvan los paseos a la Esmeralda, La Miel, El Tasajo, Río Moro, la Laguna de San Diego y tantos parajes que fueron privilegiados por la Creación, en los que el silencio, producto del miedo, sea reemplazado por canciones y risas de niños que vuelven por su pasado perdido. Cesó la horrible noche y amanecemos en paz. Que como dice William Ospina, la expresión de nuestro folclor no sean cabañas abandonadas por la violencia como la de Las Acacias, sino que vuelvan, como al Congal, la alegría y el calor de aquellas casas con los sueños de un nuevo amanecer.
Que entre los montes, guaduales y cafetales clavados en las montañas de Samaná solo pase el viento alegre de la esperanza.

Las víctimas de Samaná

Fotografía 3: las víctimas de samaná

Fuente: La Patria. [1523]

Autor: Juan Carlos Arias Duque

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Editado Por: Juan Carlos Arias Duque.

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