LA MúSICA TRANSFORMA A QUIEN LA TOCA Y A QUIEN LA ESCUCHA -WILLIAM CHIQUITO

Categoría: Personajes

Fecha: Viernes 22 de Abril de 2016

el director de la orquesta juvenil de cuerdas sinfónicas, William Chiquito.
El incremento de actividades culturales en la ciudad de Pereira, se debe en gran parte a los procesos de formación artística que se llevan a cabo en el Instituto Municipal de Cultura y Fomento al Turismo, Lucy Tejada. En este emblemático edificio se enseña, se desarrolla y se fortalecen habilidades en la danza, en el teatro, las artes plásticas, en la literatura, en la música y demás actividades culturales en los niños, jóvenes y adultos que quieran emplear su tiempo libre de la mejor manera sin ningún costo. Cada día, este entorno cultural brinda el espacio adecuado para realizar cada proceso de formación, además de ser patrocinadores de nuevos proyectos que le ofrezcan a la ciudadanía oportunidades formativas en el arte.

La música transforma a quien la toca y a quien la escucha -William Chiquito

Fotografía 1: de pequeño viví en el municipio de samaná (caldas) y empecé mi vida musical a los siete años gracias a los procesos de formación de las bandas de caldas

Uno de los proyectos más recientes es la incorporación de las cuerdas frotadas (violín, viola, violonchelo y contrabajo) en el proceso de formación musical apoyado por la banda sinfónica municipal.

Esto fue posible gracias a su principal precursor, el contrabajista de la banda sinfónica municipal y hoy, el director de la orquesta juvenil de cuerdas sinfónicas, William Chiquito, graduado en el año 2011 como licenciado en música en la Universidad Tecnológica de Pereira, representa y manifiesta el poder que tiene la música como medio de transformación social. Conocer sus anécdotas y su historia nos ayuda a comprender la importancia y el impacto que tiene esta expresión artística en su vida y en las personas que se benefician de su talento.

¿Por qué eligió la música como su carrera profesional?

Estudiar música surgió como una necesidad. En la casa teníamos problemas económicos y la idea era estudiar una carrera que fuese rentable para que en el futuro sirviera como sustento económico y lograr un poder adquisitivo mayor, pero pensamos que la música no era la mejor opción para ese propósito. Por tal razón, empecé a estudiar en el SENA electrónica, pero mis días se convirtieron en un calvario, cada vez que iba a clases me sentía aburrido y desmotivado, mi espíritu y mi alma no querían algo más que la música. Aun así, terminé la carrera en el SENA que duró dos años, e inmediatamente comencé a estudiar la licenciatura en música en la Universidad Tecnológica de Pereira. La necesidad de hacer lo que quería para mi vida fue lo que me llevó a estudiar esta carrera profesional.

¿Por qué eligió el contrabajo como compañero de vida?

De pequeño viví en el municipio de Samaná (Caldas) y empecé mi vida musical a los siete años gracias a los procesos de formación de las bandas de Caldas. Este formato musical está conformado por instrumentos de viento y percusión, entonces poco a poco aprendí a tocar el trombón, el barítono, fliscorno… y luego empecé con la percusión. Tiempo después, cuando estaba en el colegio, con un grupo de compañeros empezamos una banda de rock, el único instrumento que faltaba por ser interpretado era el bajo eléctrico, entonces mi hermano que era el pianista y vocalista de la banda me dijo: “chino pues si quiere se le mide al bajo”. Desde ese momento comencé con el instrumento que más me apasiona después del contrabajo, siempre digo que yo no elegí el bajo, el me eligió a mí, (reímos), llegó por casualidad. Y ¡claro! Al entrar a la universidad la línea más afín con el bajo eléctrico era el contrabajo, por esta razón fue mi elección.

¿Qué experiencia es la que más recuerda siendo estudiante?

Una anécdota que recuerdo mucho es cuando recién entré a la universidad, en el año 2006 la facultad de bellas artes no era como es ahora, en esa época prácticamente estudiábamos en una casa, entonces los cubículos eran los baños, el patio y la cocina. Cuando era “primíparo”, había un chico muy estudioso que tocaba el contrabajo, pero mis ganas de estudiar eran muchas y doblaban las de él. Después de analizarlo, me di cuenta que siempre llegaba a las 7:00 am y elegía el mejor contrabajo y el mejor baño para estudiar (reímos), por lo tanto, un día decidí madrugar a las 6:30 am para hacer lo mismo que él, al hacerlo me confrontó diciéndome que yo era un primíparo que no tenía derecho a usar el mismo contrabajo ni estar en el lugar preferido por él, entonces yo le dije que, si el director de la escuela le había asignado las dos cosas, con mucho gusto me retiraba, de lo contrario no. Ese momento fue fuerte para mí porque no soy conflictivo, pero lo chévere del cuento es que después él y yo nos encontramos en el camino y actualmente somos buenos amigos, también me gusta contar esta experiencia porque me parece que si uno quiere algo en la vida hay que lucharla, y de esa manera uno descubre el verdadero amor a lo que hace.

¿Cómo empezó su vida laboral?

Mi vida laboral la inicié desde muy temprana edad, a los trece años preparaba clases de flauta para mis compañeros y ellos me daban para la gaseosa y el pan. A los 16 años empecé con la banda de rock y comenzamos a trabajar en discotecas, tabernas y bares, a pesar de gustarnos lo que hacíamos, ese período fue muy difícil para nosotros porque trabajar en esos sitios requería trasnochar y en algunas ocasiones tener que lidiar con personas que no están en sus cinco sentidos. Además de eso, en ese tiempo yo era novio de la cantante de la banda, ella siendo bonita, querida y en un escenario, tuve que soportar la morbosidad con que los hombres la miraban. Algo que recuerdo mucho de esa época, fue una vez que tuvimos un concierto y a la gente no le gustó lo que estábamos tocando, un borracho me arrebató el bajo y simplemente nos callaron y nos echaron. Yo era muy joven para ese tiempo y mi única reacción fue llorar y decir que yo no quería esto para mi vida, pero poco a poco fuimos entendiendo y adaptándonos a ese tipo de situaciones. Seis meses después de graduarme de la universidad, estaba buscando un trabajo estable y salió una convocatoria para contrabajo en el Lucy Tejada, presenté una audición y gracias a Dios pasé. Desde ese momento estoy en un ambiente laboral totalmente diferente, en la banda sinfónica municipal se hace música de nivel profesional y se le brinda cultura a la ciudadanía.

¿Cómo surgieron las orquestas en el instituto?

La conformación de las orquestas también fue una casualidad. Hace tres años, un concejal llegó al instituto en representación de la junta de acción comunal de un sector que tenía a su disposición instrumentos musicales como la guitarra y el violín, y se estaban buscando profesores que dominaran estos instrumentos para que cubrieran esta necesidad. Ignacio, el director de la banda me comentó sobre este proyecto y me arriesgué, a pesar de que nunca había tocado el violín y además estaba acostumbrado a frecuencias graves. Compré un violín y empecé a estudiar mucho, pero el político se desapareció y nunca más volvió. Al ocurrir esto, todo mi estudio quedó en vano y decidí preguntarle al maestro Ignacio qué haríamos al respecto, entonces me sugirió empezar a dar clases en este lugar, en el Lucy Tejada, y así fue como empezó todo. Se hizo una convocatoria y se recibieron 50 estudiantes distribuidos en violín, violonchelo y contrabajo, para ese entonces no ofrecimos instrucción en viola. A los seis meses dimos nuestro primer concierto tocando obras muy sencillas en el Santiago Londoño, fuimos creciendo y al año ya había 120 estudiantes, conformamos la orquesta de cuerdas sinfónica y como semillero se adaptó una pre-orquesta. Al año y medio se contrató un profesor de violín, de viola y de violonchelo, así que me dediqué a la enseñanza del contrabajo y a la dirección de la orquesta. El día de hoy llevamos dos años y medio, tenemos conformadas tres orquestas, orquesta piloto, orquesta juvenil de cuerdas sinfónicas y la orquesta sinfónica. Actualmente somos 5 profesores que impulsamos a 300 estudiantes a mejorar cada día, para que finalmente hagan parte de las diferentes orquestas y contribuyan en su desarrollo.

¿Cómo ha sido la gestión de los recursos económicos para las orquestas?

El Lucy Tejada es un instituto que se sostiene con recursos públicos, todos los procesos de formación son gratis, de esta manera se garantiza la accesibilidad a estos programas para el desarrollo cultural del departamento. En el instituto contamos con buenos espacios y los implementos necesarios para llevar a cabo cada clase y cada ensayo, además de la buena disposición por parte de los directivos para que el proyecto marche de la mejor manera. Pero cada semestre el número de estudiantes aumenta y los recursos materiales son insuficientes, por este motivo, las orquestas realizan conciertos con fin de recolectar fondos para suplir estas necesidades; se compran violonchelos, contrabajos, se le hace mantenimiento al instrumento que lo requiera y se compran atriles. De esta manera damos a conocer el desarrollo de las orquestas y agradecemos al instituto las herramientas que nos brinda. Con las actividades y con el apoyo de este establecimiento público se sostienen las orquestas.

¿Qué es lo más importante que debe tener este formato musical?.

Lo más importante de una orquesta, definitivamente es la unidad de sus integrantes, esta característica es de vital importancia para que la música funcione. Puede que una orquesta sólo toque Estrellita o La Cucaracha, pero si existe una unidad y una buena comunicación, se hará la mejor versión de esas obras.

¿Qué representa para usted la conformación y el avance de las orquestas?.

Antes de empezar con la dirección de la orquesta, veía la música como algo muy individual, una relación entre mi contrabajo y yo, no más. El proyecto de cuerdas sinfónicas me ha hecho ver la música de una manera diferente, como un medio por el cual nosotros podemos servirle a la comunidad. Por lo tanto, ya no es sólo para mí, sino para mi compañero de atril, para mi sección, para mi orquesta y para la sociedad. La música transforma a quien la toca y a quien la escucha, es una manera de aislar a los niños y a los jóvenes de las problemáticas sociales actuales como la drogadicción y la delincuencia. En la orquesta se construye un ambiente apto para desarrollar la personalidad de cada instrumentista de una manera apropiada para la sociedad. Yo amo este proceso, me ha marcado mucho y seguiré “metiéndole la ficha” porque aparte de todo lo bueno que conlleva, se ha convertido en un proyecto de vida personal.

¿Cuál es la esencia y propósito final de los músicos?

Definitivamente es lograr transmitir emociones, sensaciones y sueños por medio de un instrumento a las demás personas.

¿Podría decirme qué es la música según su experiencia?

La música es la vida armónicamente compartida.

¿Cuál es su propósito o meta?

Quiero seguir con la banda sinfónica municipal y también me gustaría tocar en orquestas de diferentes partes del mundo para conocer y a la vez transmitir sueños a muchas personas y aportar un granito de arena al bienestar de la comunidad. Como licenciado, pienso que es necesario que la sociedad actual entienda la importancia que tiene la música dentro de los procesos pedagógicos que se desarrollan en las instituciones educativas. La música más que un pasatiempo es una estrategia y una herramienta para construir una sociedad con importantes valores, porque en estos procesos primero se forman personas y luego músicos.

Fuente: El Diario del Otún. [1492]

Autor: Janicza Daniela Salinas

Cantidad de Impresiones: 906

Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.

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