Categoría: Cultura
Fecha: Jueves 23 de Abril de 2015
Carlos Botero entró a la fonda La Albania, en Calarcá, y pidió un aguardiente doble, en compañía de un amigo. En ese instante notó que se arremolinaba gente cerca de la inspección de Policía, enseguida de la fonda, y vio que bajaban el cadáver de un hombre, campesino, que había sufrido los embates de la violencia partidista liberal-conservadora. Y al lado, una mujer, casi una niña, con traje campesino, que lloraba sin consuelo la muerte de su amado.
Fotografía 1: samaneño carlos botero herrera, autor y compositor.
Botero pidió un lápiz y en una bolsa de papel crac, amarillento, escribió: “Campesinita quindiana, tu nombre es santa oración /perfume de la mañana, símbolo de mi canción / tus labios cual rojo grana, del cafeto cosechero/ anhelan ansias no en vano, el amor del chapolero / campesinita no llores por lo que dejó el ayer/ pasaron lo amargores que jamás han de volver/ viste tu pecho de flores, campesinita no llores / que tu corazón desecho no puede albergar rencores…”. Así nació ‘Campesinita quindiana’, hace sesenta años, una de las más importantes canciones del imaginario musical de la región. Canción que está guardada en el alma de todos aquellos que suspiran por la belleza y la fortaleza de las mujeres de esta tierra. El autor de Jhony Kay Carlos Botero le ha sacado notas al tiple y a la guitarra, pero a pesar de ser compositor y de haber tenido maestros como Fabio Arroyave, en Medellín; Rina Silva en Armenia y Argemiro Parra en Cartago, no escribe las partituras, sino que las dicta, tarareando con su voz de tenor las canciones que compone. Durante mucho tiempo, después de tener listos los versos, invitaba a su casa a Raphaelito, un zapatero remendón que tenía su pequeño taller cerca de la catedral de Armenia, a quien le susurraba con fina entonación las melodías, y, este, con enorme conocimiento empírico, escribía las notas, que después Carlos Botero hacía pasar en limpio. Así lo hizo con ‘Campesinita quindiana’ y con todas sus canciones, más de 100 en el pentagrama nacional. Todas sus letras y composiciones tienen una historia. Su famosa cumbia ‘Jhony Kay’ nació en San Andrés, en medio de una farragosa fiesta vespertina con músicos nativos, frente al famoso cayo del Caribe. Sus amigos lo incitaron a que, sin mediar ninguna otra acción, escribiera en el instante una canción. En medio de algunos tragos, Carlos pidió un papel y un lápiz, se lo entregó a una dama y le dijo: “Escriba”. Y empezó a improvisar: “Playa, brisa, Jhony Kay / playa, brisa, frenesí / Playa, brisa, Jhony kay / playa, brisa, frenesí / canción mecida en el viento/ con su náufrago lamento/… cumbia caliente que brota de tu cielo azul turquí /… Y en la alegre playa, donde el mar se acalla/ la arena se funde y el sol se desmaya”. Esta letra quedó olvidada en un anaquel, hasta que un mesero de Manizales le pidió ponerle música a unos versos que había escrito para su negra chocoana. Carlos llamó a Raphaelito y le dictó la melodía, en tono de cumbia, y ahí aprovechó para hacer lo mismo con su ‘Jhony Kay’. Se la envío a Leonor González Mina y la canción se disparó en los años sesenta, incluso era una de las preferidas en los conciertos internacionales de la folclorista colombiana. Caña azucarada Participó en cinco oportunidades en el festival de la canción colombiana en Villavicencio, que gozaba de fama internacional. En una de aquella participaciones logró el primer puesto junto con el también autor y compositor José A. Morales. A este le premiaron su canción ‘Me echaron del pueblo’ y Botero conquistó su triunfo con ‘Caña Azucarada’. Unos pocos años después, fue el ganador único del festival, en compañía de Iván Cocherín, con su famosa canción ‘Sangre de café’. Importantes artistas y agrupaciones colombianas grabaron sus canciones en ritmos de cumbia, bambucos, pasillos, boleros y baladas. Se cuentan entre los que imprimieron en acetatos sus versos y sus melodías, los Black Star, Lucho Ramírez, el Dueto de Antaño, el Trío Martino y Víctor Hugo Ayala. Cincuenta grabaciones tiene este artista, nacido en Samaná (Caldas), criado en Medellín, pero que hace casi sesenta años vive en el Quindío. También poeta Carlos Botero, además de autor y compositor de canciones colombianas, es un consagrado poeta. Solo un libro ha publicado: Mares de fuego, en 1964. Pero su producción es prolija. En un rincón de su casa de Armenia guarda su obra literaria, unos alzados a lápiz en hojas de cuaderno, otros mecanografiados, su producción literaria completa casi 400 poemas, desde la voz de un adolescente enamorado, hasta la conciencia rebelde del hombre que le canta a la muerte y a las injusticias sociales. NO TE VAYAS (Balada) No, no te vayas amor que la vida sin ti es un mundo sin sol No, no te vayas así que el camino es fatal si no estás junto a mí. No, no te vayas amor que el jardín sin su flor ya no puede vivir. Sintiendo que no estás, que tu ausencia es mi mal. que mi rumbo perdí; Sufro el crudo dogal de tener que afrontar este cruel frenesí No, no te vayas amor, me hace falta el calor que en tu cuerpo sentí. No, no te vayas amor, regálame el favor que en tus labios bebí. Con casi 90 años de edad, a Carlos Botero Herrera se le ve todos los días en las mañanas bajar por la avenida Bolívar, un poco cansino, ajustando su delgadez en un sombrero blanco, con la camisa abotonada hasta el cuello, donde lleva una camándula, y en el rostro: una alegría solo compatible con su poderosa memoria y sus viejas canciones de ayer.
Fuente: Cronicas del Quindio. [1328]
Autor: Miguel Ángel Rojas Arias
Cantidad de Impresiones: 809
Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.
Comentarios