VOLVER NO ES DE UN DíA PARA OTRO

Categoría: Conflicto Armado

Fecha: Jueves 23 de Enero de 2014

Mientras hacemos que la tierra vuelva a producir ¿de qué vivimos?" Esta preocupación la expresó José Octavio Echeverri, un desplazado de la violencia. Vivía en la vereda El Congal, que se convirtió casi que en fortín del frente 47 de las Farc en tiempos de alias Karina y que provocó que Samaná, municipio al que pertenece esta tierra, fuera la localidad caldense con mayor número de desplazados durante los últimos 15 años. El mes pasado, Echeverri visitó lo que fue su terruño con cerca de 150 personas más, con el fin de analizar las condiciones para el regreso.

VOLVER NO ES DE UN DíA PARA OTRO

Fotografía 1: foto: efrain cardona veredael congal

En la frase que da inicio a este editorial se resume buena parte de las dificultades para que los campesinos que añoran su tierra vuelvan a cultivarla, a vivir de ella. No es fácil. Lo que eran territorios feraces se han convertido en maleza, han sido invadidos por el monte en algunos casos y se requiere inversión y acompañamiento del Estado, con recursos suficientes y asistencia técnica, para hacer del regreso no un nuevo martirio, sino una oportunidad para que estas personas vuelvan a sentirse productivas y a recuperar el arraigo perdido.

El desplazamiento forzado es un flagelo en Colombia. Cinco millones en menos de 30 años, así lo confirman. Nuestro departamento vivió la guerra de forma muy dura en las dos últimas décadas, pues tuvo presencia de prácticamente todos los actores de la guerra. Quienes pagaron por esto, como suele suceder, fueron los más débiles, en nuestro caso familias campesinas, con muy poco o casi nada de dinero y con serias dificultades para desempeñarse en otro oficio diferente al de la agricultura. Como si fuera poco, ahora que sueñan con el regreso, el campo en general está de capa caída, y la caficultura, su mayor especialidad, pasa por su peor momento. En el Oriente, el golpe a los cafeteros no es solo por precio, sino por productividad y calidad, toda vez que los cultivos se envejecieron y la roya hace de las suyas.

Si no somos conscientes de esta realidad, si no entendemos que el campo es nuestro presente y nuestro futuro, si no actuamos para que los campesinos puedan producir tranquilos en sus parcelas y obtener lo justo, será muy difícil reconstruir el país en la reconciliación, como se pretende con los programas de retorno. Hay lugares en los que fincas no abandonadas por la guerra están siendo dejadas por sus propietarios, porque prefieren ganar un mínimo en cualquier lugar con prestaciones sociales para la cabeza y el resto de la familia, que insistir en cultivar para no recibir siquiera lo justo. Este es un dilema grande, común a todo el mundo.

Ryszard Kapuscinski, el gran reportero del siglo XX, dijo: "la desaparición del mundo campesino del globo es una de las más grandes paradojas del mundo contemporáneo, porque producimos una cantidad de comida cada vez menor en proporción a una población en continuo crecimiento". Cualquier economista vería en esto una oportunidad, pero la realidad sitia a esta población, en donde Caldas tiene todavía puestas sus fortalezas. Recuperar la tranquilidad en el campo, permitir que las vías realmente faciliten la extracción de los productos y garantizar la comercialización y el precio justo no suena tan complicado como a la hora de llevarlo a cabo resulta. Casi ningún plan en estos asuntos fructifica.

Ahora que se adelanta el Censo Agropecuario bien vale la pena que los resultados permitan poner en marcha políticas públicas para revertir esta realidad negativa de hoy. El país necesita a sus campesinos y reconocerse en el agro. Darle la espalda no es una opción. Empezar porque quienes retornen lo hagan con dignidad sería el comienzo de una verdadera construcción de paz. Hay muchos todavía en Caldas que temen volver. Dar las garantías no puede ser solo cuestión de consignarlo en un papel, tienen que verse los hechos para poder creer.

VOLVER NO ES DE UN DíA PARA OTRO

Fotografía 2: de visita en los registros de la unidad de víctimas, samaná tuvo 12.853 desplazados en el 2002, año con mayor incidencia de ese flagelo en el municipio y en colombia, donde se llegó a la escalofriante cifra de 666 mil 626 personas afectadas

Fuente: La Patria. [1053]

Autor: Editorial

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Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.

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