Categoría: Conflicto Armado
Fecha: Martes 17 de Septiembre de 2013
Creer que Caldas es un paraíso en medio del infierno de la guerra es no solo pretencioso, sino que puede ser una manera de ocultar la realidad, algo de lo que gustan ciertos dirigentes convencidos de que negar lo notorio es la mejor manera de superar los males. El informe sobre grupos narcoparamilitares, que también incluye a las guerrillas, del Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz, divulgado por LA PATRIA el domingo, muestra al departamento rodeado por organizaciones criminales que actúan en Antioquia, Chocó, Risaralda, Santander y en buena parte del país.
A comienzos de los años 90, se advirtió de la presencia de guerrillas en el norte de Caldas y entonces las autoridades desmentían lo dicho por campesinos e insistían en que Caldas era solo un lugar de paso para esas organizaciones, pero no de asentamiento. Años después la advertencia fue sobre grupos paramilitares que venían por el mismo norte de Caldas, pisando los pasos de las Farc, por el páramo del Ruiz y por el Oriente, vía el Magdalena, y de nuevo se negó la realidad. ¿Por qué recordar esos hechos? Porque todos sabemos lo que ocurrió después y cómo la guerra durante una década se libró en nuestras tierras con consecuencias de las que todavía no se reponen los caldenses. Esa es la importancia que reviste el documento que da cuenta de la presencia de las Farc en zona rural de Samaná y la proximidad a nuestra geografía de bandas como los Rastrojos, Urabeños y Paisas, a lo que se debe sumar hechos concretos como la captura de hombres armados en zona rural de Manizales y la semana pasada en La Dorada. No existen fronteras infranqueables entre nuestros departamentos, como si fueran límites de Estado, como para tratar de argumentar que los grupos al margen de la ley solo vienen a cometer fechorías y se regresan. En cualquier momento se pueden quedar, si no es que ya lo están, y por eso hay que tratar esta información, más los indicios, con toda la seriedad que merecen para que no tengamos que repetir los dramas del pasado. Son varios los testimonios de campesinos en el oriente de Caldas sobre que las Farc les han entregado semillas para sembrar coca, mientras que en el norte varios comerciantes han señalado que han recibido extorsiones de grupos que dicen ser Farc o en algunos casos bandas criminales. Que sean delincuencia común que usa el miedo para lograr sus objetivos puede ser cierto, pero para comprobarlo se requiere que Ejército y Policía lo demuestren con la captura de los extorsionistas y amedrentadores sin importar cómo actúen o cuál es la organización que los respalda. ¿Si no hay de estas organizaciones en Caldas cómo es que hay entrega de guerrilleros, captura de paramilitares y acciones en las que se dan de baja a cabecillas, como ocurrió con alias El diablo el año pasado en Samaná? Si bien no se trata de generar alarma, pues también hay afirmaciones claras de que no son grupos asentados con gran cantidad de hombres, es importante que la alerta se mantenga para continuar dando golpes a esas estructuras y se impida su crecimiento o su establecimiento en esta zona. La comunidad debe dar cuenta de todo hecho que se genere en sus territorios para que las autoridades actúen y esperamos que estas tomen la información con total responsabilidad. Aprender de los errores del pasado debe ser una constante de las autoridades. La institucionalidad es precisamente trascender de las personas y los momentos para acometer emprendimientos con base en el aprendizaje. El momento de postconflicto que vive la mayor parte de Caldas se puede echar por la borda si no se actúa sofocando estos conatos de presencia armada y aumentando la inversión del Estado para mejorar la calidad de vida de los campesinos caldenses.
Fuente: La Patria. [1002]
Autor: Editorial
Cantidad de Impresiones: 309
Editado Por: Cristian Giovanny Toro Sánchez.
Comentarios