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"SAMANÁ- CALDAS" TIERRA FIRME Y ABONADA". EL PORTAL DE UN PUEBLO PUJANTE.

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Cordialmente, Cristian Giovanny Toro Sánchez.

ASPECTOS HISTÓRICOS DEL MUNICIPIO
Geografía Simbolos Socioeconomía Población Alcaldía

Contenido
TOPONOMIA
LA PALABRA SAMANÁ EN EL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA 1492
LA CONQUISTA DE LOS ABORIGENES PALENQUES 1540
Mariquita – 1551
VICTORIA Y SAMANÁ, CON SUS  LOS PRIMEROS ENCOMENDEROS 1553
CALDAS Y SUS INDIOS
LOS INDIOS PANTAGOROS Y ALGUNAS DE SUS COSTUBRES
Los Indios Pantagoros o Palenques
El Matrimonio
Los Indios Amaníes.
Las Exequias Pantagoras
Las Ánimas de los difuntos indigenas.
El vestido
LOS PRIMEROS MINEROS Y CAVADORES 1800
CONCESIONES DE TIERRA Y LOS CAMINOS DE ARRIERÍA XVIII
PENSILVANIA 1860
OTRA INCURSIÓN AHORA DESDE MANZANARES 1864 -1875
COLONIZADORES CON HISTORIA EN SAMANÁ  1819
Los Padres Católicos
SAN AGUSTÍN MUNICIPIO 1896
FLORENCIA
NORCASIA  - 1924

 

TOPONOMIA

La toponimia es el estudio de los nombres de los lugares geográficos. En nuestra región los nombres están influenciados por los indígenas que eran amos y señores de estas tierras. Los indios Samanaes son tan antiguas que su familia lingüística de los Caribes creían en el diluvio universal; los Samanaes descendientes de la nación de los Pantagoras aguerridos contra la conquista. Y Samaná es una de las primeras palabras documentadas por los cronistas del descubrimiento de América. Subir

LA PALABRA SAMANÁ EN EL DESCUBRIMIENTO DE AMERICA 1492

Cabe anotar que la palabra Samaná también esta documenta por el Fraile y Obispo Bartolomé de las Casas (Crónicas de 1527 según bitácora del Almirante) y Gonzalo Fernández de Oviedo (Crónica publicada en 1535), los primeros cronistas del Nuevo Mundo, donde mencionan el Golfo de Samaná  y es habitado por los indios Tainos (Caribes). “Cristóbal Colon en su primer viaje entro a la Bahía de Samaná en Republica Dominicana el 12 de octubre de 1492. Arribo a isla que los indios llaman Guanahani (Cayo Samaná)”.Subir

LA CONQUISTA DE LOS ABORIGENES PALENQUES 1540

*** Nota de Cristian Giovanny Toro Sánchez, algunos textos son trascritos de los miles de documentos utilizados para documentar la historia de mi Municipio y podrán encontrarse argumentaciones que no tiene rima prosaica y sobre el nombre de las tribus indígenas de acuerdo al cronista escribe diferente el nombre de la tribu.   

*** Textos de Fray Pedro Aguado, "Noticias Historiales” poco difundidos pero que ilustran de primera mano la conquista del oriente de Caldas y Antioquia. Cortesia Ramiro Arías G.

  1. Fray Pedro de Aguado 1ª Parte Descargar
  2. Fray Pedro de Aguado 2ª Parte Descargar

El término primitivo  se refiere  a una civilización  poco evolucionada. De acuerdo  con la definición  del diccionario Pequeño Larousse Ilustrado (1992), los primitivos  moradores  de un país  son los aborígenes (del latín Ab: desde y Origo: Origen),  llamados también Indígenas o Indios. Con este adjetivo se alude a los antiguos pobladores del territorio americano.
Al Capitán Jorge Robledo le encomendaron la tarea de someter a los indígenas y fundar poblados. Según el historiador Antonio  Ángel Uribe en su documento de septiembre 1971 Vol XXVI, repertorio histórico de la academia antioqueña de la historia habla del Cacique Maitamá. - http://biblioteca-virtual-antioquia.udea.edu.co/pdf/11/11_1880714661.pdf

El capitán Robledo entre 1539 y 1540  en la región de Sonsón se enfrento a los indios Armas e Irras y encontró al cacique Maitamá, que había sometido otris caciques y entre ellos al cacique Cirugua rendirle tributo, sus dominios comprendían iban desde el riachuelo Cirugua hasta su desembocadura en el rio Arma y el Aures, donde confluyen estas aguas. Al sur tenia por vecinos a los Pitos Y Purimaes;  en la vertiente izquierda de El Arma, algunas parcialidades de los Cocuyes en el actual municipio de Aguadas;  al lado opuesto de la cordillera central LOS INDIOS SAMANES, estado que no entro en la clasificación de Pedro Simón; estos indígenas tenían gran número de poblaciones regidas  por muy valientes caciques.

La familia Maitamá era muy poco numerosa y no tenia espíritu guerrero, no tenia intercambio comercial. Fueron fáciles de conquistar. La alfarería denota muy poca perfección y tampoco se han encontrado tunjos de oro. Estos aborígenes no tenían propiamente templos donde rendir culto a sus dioses. La casas de los caciques  eran muy cómodas podían vivir hasta 25 familias y  se llamaban Caney, eran circulares y terminaban en forma de cono, cubiertas por paja de de loma y palma. Las demás  se construían de dos aguas llamadas bohíos.

Los indios Armas, Su verdadero nombre era Cuy-Cuy o Coy-Coy, pero Robledo y su ejército los llamaron Armados, porque estos aborígenes salieron a su encuentro vestidos de oro, con yelmos o coronas, narigueras, zarcillos, pectorales, puñetes, ajorcas, polainas y otras joyas de oro macizo y laminado, como si estuvieran armados y acorazados. Estos cacicazgos estaban ubicados en las faldas de la Cordillera Central que se extienden sobre la cuenca del río Arma y hacia el río Cauca, abarcando parte del territorio que hoy corresponde a los municipios de Sonsón y Aguadas.

El Mariscal Robledo Fundó a Santa Ana de los Caballeros (La Abuela de Caldas), el 15 de agosto de 1539 hoy conocida hoy como Anserma y ordeno a Fray Martín de Robledo celebrar la primera misa en Caldas, parta declarar oficialmente la fundación.

Fundo también a San Jorge de Cartago el 9 de agosto de 1540 donde hoy está Pereira, después de enfrentar a los indios Carapas, Quimbayas, Pozos, Paucuras. Por órdenes de Hernán Pérez de Quesada, hermano de Gonzalo Jiménez en ausencia de éste se desempeñaba como gobernador de Santa Fé, Robledo envía al capitán Baltazar de Maldonado (1540) con 150 hombres a descubrir las tierras altas que en verano se veían desde la sabana, al otro lado del Magdalena.

Maldonado llega a tierra de los Panches, pasa el Magdalena, y sigue adelante hasta el río Guarinó.   Luego de cruzarlo llega a territorio de los palenques, donde se enfrenta al guerrerismo de los indígenas, costándole una serie de derrotas  que lo obligaron a devolverse e irse con su gente hacia los nevados.

Fray Pedro de Aguado narra el echo de la siguiente forma: “Juntó Maldonado toda su gente toda su gente en aquellos bohíos de que se habían apoderado, para allí con más facilidad asalatar el palenque, y otro día le da otro asalto con cincuenta hombres que a ello envio, pero sin hacer ningún efecto efecto volvieron  con pérdida de otros diez soldados que en le acometer el palenque loes mataron los indios con flechas con flechas untadas de ponzoñas hiervas”. Al verse derrotado, Maldonado ensaya otra forma de ataque contra los palenques. Esta vez hizo que un slodado extranjero de nombre Mateo Sánchez Rey construyera un armatoste de madera con llantas del mismo material para que, escondidos allí, sus hombres pudieran atacar sin ser vistos de antemano. Este intento por doblegarlos también fue fallido porque los indios, al enterase del hecho, atacaron despiadadamente a quienes venían, matando a ocho de ellos.

El segundo capitán que entró por los dominios de los Indios Pantágoras fue Álvaro de Mendoza, también Lugarteniente del Conquistador Jorge Robledo quien salió de allí llevando consigo el fruto de la segunda derrota.  En 1541 Alvaro de Mendoza adelantó una expedición por el altiplano del Oriente Antioqueño y descubrió un valle extenso, de cristalinas aguas y verdes praderas que denominó en principio Valle de Santamaría, conocido hoy como Valle de La Ceja del Tambo. Estuvo habitado por los indígenas del a nación Tahamíes, muy pacíficos y descendientes de los Caribes. Sus fronteras tribales eran con los INDIOS SAMANAES.

En 1549 el gobernador de Santafé, Miguel Díaz de Armendariz  envía al capitán Francisco Núñez de  Pedroso con 70 hombres en  busca de la riqueza del Sinú.  En ésta dirección era paso obligatorio por el país palenque. Armados de pertrechos, caballo y perros de presa, atraviesan el rio Grande y pasan al valle de Mariquita y Rio Guali. Abandonaron la región de los panches y penetraron en la provincia pantágora hasta encontrar un palenque llamado INGRIMÁ. En la toma de esa fortaleza estuvo a punto de ser derrotado.   Luego de algunos días llegó a una población llamada Guacotá donde los soldados saquearon los bohíos y casas indígenas.  

El Hermano Florenco Rafael “Pedroso siguió varias jornadas siempre luchando, y por los terrenos escabrosos. Desde un pueblo llamado Guacotá descubrió otro caserío que tomo con mucha dificultad. Un grupo de indios que había salido a recoger agua salobre en un lugar cercano, volvió a caserío y anuncio la presencia de los enemigos”.  Al llegar allí, se trenzo en feroz combate con los aborígenes, resultaron muerto de un flechazo en la cabeza el español Pedro Mahates al internar un grupo de diez hombres derribar una de las fortalezas construidas por los indios.

Para vengar esta muerte; Nuñez ordeno a los suyos atacar las fortificaciones, prendiéndoles fuego y la tomaron con dificultad, solo gracias a los perros de presa.  Pero encontró que  los indios preferían morir dentro de sus fortalezas  antes que frendirse. Algunos, inclusive, decidieron ahorcarse  en las cumbreras. Al ver esto Nuñez comprendio el valor de los indios y arrepentido de haber causado  fueron a dar al valle de Samaná y pueblo de las gallinas.

Dice le historiador Juan Manuel Rivas Groot en su libro “La Historia de Nueva Granada”: “continuaron los conquistadores la marcha y al poco fueron a dar al valle de Samaná, en donde se detuvieron porque hallaron abundancia de mantenimientos, se encontraron con una raza aguerrida e indomable que denominaron los Pantágoras”. Era una tribu conformada por más de cuatro mil indígenas que opusieron resistencia en su momento.

Luego descubrieron el pueblo de Punchina y llegaron al río Nare, que fue llamado valle de Corpus Christi. Luego de varios enfrentamientos con los indígenas de ésta región llegaron a orillas del río Guatapé, donde estuvieron a punto de ser exterminados, quedaron 17 españoles de la expedición de Pedroso.

Un dia, recorriendo con sus hombres esos caminos, se encontró de pronto con el Capitán Hernando Cepeda, que venía de Popayán. Al éste  reclamarle por su derrota frente a los Pantágoras se fueron a las manos. Entonces Núñez de Pedroso quedó preso. Subir

Mariquita – 1551

La ciudad de San Sebastián de Mariquita fundó en la tierra del cacique Marquetá o Marequipa Francisco Núñez Pedroso, el 28 de Agosto de 1551, cerca del río de Gualí, y tres leguas de donde entra en el de la Magdalena, en un llano, al pie de serranía, en temple caliente y abundante de ricas minas de plata y oro por todos los lados; al uno, le caen los asientos de minas de plata de Santa Ana, Lajas y San Joseph de Erias, que han dado gruesísima cantidad de ella, de la más fina y acendrada que se halla; y al otro, el de Bocaneme y San Juan de Córdoba, que confinan con las minas de oro de Ervé y Malpaso; tiene también de oro las de Guarino y Purno, sin otras muchas de otros sitios; está treinta leguas de Santafé, al Sudueste, y treinta y cinco de Popayán. Luego el 8 de enero de 1553 la mudó donde permanece al Oeste del río grande de la Magdalena.

En otras incursiones para diezmar a la Nación de guerreros feroces de los Pantágoras, los españoles se unieron con los indios Panches, Gualies y Colimas. Entres estos pueblos indígenas quien era vencido iba desapareciendo necesariamente. Subir

VICTORIA Y SAMANÁ, CON SUS LOS PRIMEROS ENCOMENDEROS 1553

A trece leguas al norte de Mariquita, con el río la Miel de por medio, y a legua y media de éste, (sobre el río la Miel se construyó entonces un puente de madera) se fundó la ciudad de Victoria en 1553, en la Provincia de Los Patangoros, rica de oro, y mudada a otro sitio, y últimamente a la boca del río de Guarinó; despoblóse muchos años y sus libros de casamientos y bautismo están en la catedral de Santafé, y sus ruinas engrosaron la población de Mariquita.  - http://www.banrepcultural.org/book/export/html/21808

Cuatro años después decía el licenciado Valverde, Teniente fiscal, en un escrito en que rehusaba conceder a sus vecinos tres minas de oro: "Con no tener la Ciudad más que una mina consumen y acaban los indios, porque como aquella tierra es de arcabucos cerrados y de grandes montañas de mal temple y sin cerrejones, en donde ni se dan plantas ni se crían ganados, y la comida es maíz, muy poco y caro, ningún interés tienen sino es hacer trabajar a los indios y hacerles sacar todo el oro y aunque sea con sangre y a costa de sus vidas. Los indios son pocos y se acabarán del todo si los obligan a trabajar, no en las tres minas que piden, sino solo en la que tienen."

El Capitán Asencio de Salinas Loyola partió de Santafé de Bogotá, con 300 hombres  en los primeros meses de 1556. Train pertrechos suficientes para aguantar varios meses internados en la selva. Ademas, disponían de perros de caza que les facilitaban obtener animales ricos en carne que, una vez cazados, ellos mismos arreglaban en el camino para procurarse alimento. Dotados de buenos caballos, atraviesan el rio Magdalena y rápidamente ganan el valle de Mariquita. Cerca del rio Gualí. Legaron primero a una región denominada por una tribu que se llamaban los Panches, perteneciente a los indios Caribes, que habitaban grandes extensiones de lo que hoy es el departamento del Tolima, donde saquearon algunos bohíos. Luego prosiguieron su destino, buscando las riberas de los ríos La Miel y Samaná para adelantarse en la espesura de la selva hasta los terrenos de las tribus Pantágoras, de las cuales ya tenía noticia.

Asencio de salinas fue comisionado por la Real Audiencia para que lograra el sometimiento de los Panches, que en compañía de los indios Gualíes, se había enfrentado heróicamente  a sus antecesores en el intento de someterlos. Vencidos en fácil combates, estas tribus dejan que el capitán atraviese su terrirorio para dirigirse hacia las riberas de los ríos Samaná, Guarino y la Miel, que era su destino. Fue asi como después de enfrentar a los pantagoras  y pueblos de Bocanemes,  en combates feraces que duraron varios meses logro su sostenimiento.

Más adelante en la sabana de Guarinó en su reconocimiento a su trabajo, logró la autorización para fundar y poblar Nuestra Señora de Victoria el 31 de mayo de 1557. Con la idea de mudarlo a un sitio mejor siguieron, luego encontraron el pueblo de San Pedro (29 de junio), luego hallaron el pueblo de las Hormigas, el que llamaron así por la abundancia de hormigas Caribes. Esto ocurre entre el río Tasajo y La Miel.

Luego de largas y duras batallas logran cruzar el río y seguir tierra adentro por la espesa montaña encontrando a su paso varios poblados destruidos, quemados por los propios indígenas para evitar que los españoles encontraran alimento y techo.  En lo alto de una loma en 1557, Salinas repartió 30 encomiendas y fundó por segunda vez el pueblo de Victoria. El poblado queda entre las quebradas Jagual y Santa Rosa. Allí repartieron tierras y se utilizaron como centro de expediciones militares para someter los indígenas, acosándolos, esclavizándolos, matándolos. 

Los indígenas resistieron 23 años a los españoles, hasta que se ahorcaron nueve mil nativos según relatos de cronistas.   La ciudad duró allí 28 años luego de haber sido destruidos y quemados poblados más adelante de Samaná (Camana) como: ATANA, COCOZNA, HONTAON, DE MERCADO,  DE JUAN DE LA PEÑA, AMANI, CRISTASCAN, JUAN DE LLANO, SARARA y otros distribuidos entre Samaná, Amaní y Palenque; además de los INGRIMA, GUACONA y PUNCHINA. Todos estos caserios, estaban conformados por diez o doce ranchos de paja cada uno, los mismos que desaparecieron al ser quemados por los españoles después de vencer a sus moradores.

Los pueblos indígenas principales de los Samanes eran ORTAMA y pueblos de Bocanemes y COCOZNA, el ultimo significada “Tierra de Animales” en lengua Pantágora.

El Hermano Florencio Rafael cita: “Pedro Beltrán ordeno la ejecución de dos indios cuando estos estaban indefensos frete a él- Resulta que, ante el ofrecimiento de que se iba a firmar la paz, los dos indios fueron comisionados por su tribu  para que hicieran presentes en el campamento de los españoles a fin de acordar los términos respectivos. Una vez en este lugar, fueron acusados de conspiradores debido a que se regó la noticia de un ataque inminente por parte de la tribu. Forzados a reconocer que esto iba a suceder, los dos indios se responsabilizaron ante Pedro Beltrán de los hechos”. Fray Pedro Aguado: “Beltrán empaló a estos dos capitanejos indígenas, dándoles muerte por cierto cruelísima e indigna que por mano española se usase. Y con esto puso nuevo terror y espanto en toda la gente de Zamaná y sus comarcas”. Este aleve asesinato incitó una nueva revuelta entre los indios. Y el deseo de deponer las armas se esfumo ante semejante vileza. Sobre todo después de que Pedro Beltrán había prometido respetar parte de sus tierras.

Cuando faltó la gente para explotar el oro, los españoles se mudaron a otros sitios estableciéndose poco tiempo cerca de las bocas del río Guarinó.  Las enfermedades los acosaron y les tocó mudarse a Mariquita en 1585.

Fray Pedro Simón habla de las "grandes sacas de oro" que hubo en Victoria, y agrega: "Era tierra lastrada de oro y que hervía de gente; pero habiéndose acabado ésta, que fue en pocos años, faltó la saca del oro, y no pudiéndose por esta falta sustentar en el sitio determinaron mudarse a otro, y después a la boca del río Guarinó, donde estuvieron poco tiempo porque las enfermedades los forzaron a mudarse a Mariquita."

Rodríguez Freyle refiere en su relato “El Carnero”, el siguiente hecho ilustrativo de la riqueza de que gozaban algunos vecinos de Victoria: "El Fiscal de la Real Audiencia, Alonso de la Torre, casó a doña Beatriz, su hija, con un Fustamante, vecino y criollo de Victoria. Un tío de este Fustamante, entre otras fiestas que allí se hicieron, mantuvo una sortija, y la menor presea que en ella se corría era una cadena de oro de tres o cuatro libras" (Noticias historiales de las Conquistas de Tierra Firme).

Por su parte, Don Francisco Guillén Chaparro dice lo siguiente en la parte de su Memoria de los pueblos de la Gobernación de Popayán (1583) que lleva por título Descripción de la ciudad de Victoria: "Esta ciudad está poblada en una loma angosta de arcabucos o montaña,... es tierra antes cálida que fría,... estéril para criar ganado y el que allí se trae para el sustento es con mucho trabajo, y se para tan flaco, por no tener donde poder sustentarse, que no hay quien pueda comer la carne. A esta causa padecen los vecinos mucha necesidad y se habían pasado casi todos a la ciudad de Mariquita, de suerte que no había en Victoria más de tres vecinos. Agora que vino el Audiencia nueva, a petición mía han sido compelidos a hacer vecindad, como en efecto ya la hacen, y hay quince vecinos encomenderos, y habrá entre todos ellos tantos cavadores de minas y 350 indios Thamaíes descendientes de los Caribes, eran más suaves y mansos de carácter, menos guerreros, más  dispuestos a entrar en vida social, propios para la servidumbre, aventajados en los ejercicios gimnásticos, corredores sueltos y veloces,  luchadores insignes; pero menguados en sus facultades morales y sin energía individual.

** Giovanny Toro: algunos cavadores, guaqueros y mineros de aluvión, se aventuraron rio y quebrada arriba (hacia miel, Tasajo) y establecieron algunas chazas donde encontraban betas, pero, no se documento nada obviamente para evitar tributación y cuya prioridad era la extración y no la historia. 

"En esta ciudad y sus términos hay muchos ríos y quebradas, que en todos se ha sacado y se saca mucho oro corrido, en especial en el río que dicen de Samaná, desde su nacimiento hasta do entra el río de La Miel, que es junto al río grande de la Magdalena. Corre el Samaná por espacio de treinta leguas, do se ha sacado y topado oro en diferentes partes del, en lugar y espacio de una mina que los mineros llaman, que tiene veinticinco varas de medir en cuadro, a quince mil pesos, en menos de treinta días, y en otras partes a más de diez mil, y en otras a cuatro y a seis mil. Si el dicho río de Samaná no fuera tan cargado de pedrería y tierra muerta y hiciera en lo bajo del el asiento que hace en las lomas y altos, se sacara gran cantidad y grosedad de oro, como se entiende lo tienen las dichas lomas y laderas del río. Por tener los dichos vecinos tan pocas fuerzas y tan poca gente para labrar e sacarlo, le han dejado de seguir. Esta es la tierra más rica de oro que hay en estas partes. Nace el río Samaná en la provincia de los Palenques, a donde se descubrieron muchas y labraron muchas vetas de oro muy ricas, y en toda la dicha provincia las hay, y por se haber consumido y acabado los naturales de ella en sus guerras y enfermedades se han dejado de seguir las dichas vetas, por no se poder sustentar los vecinos que en ellas estaban, por ser tierra fragosa y de montaña para poder meter sustento para las gentes que en ellas hubiesen de andar. Si las dichas vetas y provincia de los Palenques se poblasen con mil esclavos sería una de las cosas más ricas que S. M. tenía en este Reino, por ser mucha la riqueza que en las dichas vetas hay, demás que donde están es tierra fresca y abundosa y fértil de todas las cosas que en ella se sembraren... Están las dichas vetas en una loma la más alta de la dicha provincia hacia do sale el sol; hay muchas aguas sacadas para la labor de ellas, y más de mil estados de desaguadero y corriente que tienen de do se ha de labrar."Subir

CALDAS Y SUS INDIOS

Las principales tribus que poblaban al tiempo del descubrimiento y la conquista el territorio del Departamento de Caldas eran las siguientes:

Al norte con los Armados, Paucuras, Pozos y Pícaras; en el noroeste, en la provincia de Manzanares: los Palenques, Pantágoras y Marquetones; al sur en la región del Quindio los Pijaos y Quimbayas; al occidente los Supías, los Pirzas, los Guáticas, los Quinchías, los Apías y los Tabuyas. 

Guerreros desde tiempos inmemoriales, los Pijaos descienden de la familia Caribe y estaban constituidos por alrededor de 45 subgrupos que se dispersaron antes de la invasión española, en lo que hoy son los departamentos del Tolima, parte de  Cundinamarca, Quindío y Caldas. Subsisten poblaciones como Anolaima y Coyaima, que conservan el sufijo aima que significa tierra.Subir

LOS INDIOS PANTAGOROS Y ALGUNAS DE SUS COSTUBRES

La Nación Pantágoras, del Grupo Pijaos, descendiente de la familia lingüística de los Caribes, eran sociedades tribales, igualitarias. Se ubicaron  en la vertiente del rio Magadalena, donde la puerta de entrada era el río Guarinó, el cual se convertía en el punto de partida a su gran extensión territorial que atravesaba otros ríos como Samaná Sur, La Miel, San Carlos, Samaná Norte y Nare, hasta la cercanía del Río San Bartolomé.

Poderosos, bravos e indómitos eran los palenques, tenían todas las características raciales de los Pijaos y como éstos, ascendencia Caribe, poseían el hábito de deformarse el cráneo para hacerse plana la frente, lo que conseguían aplicando a los niños recién nacidos un sistema de tablillas que le presionaba los huesos hasta donde lo creyeran necesario. La mayor parte se cortaban el pelo a la altura de los hombros, otros, al rape y los considerados como los más valientes y esforzados guerreros se hacían corona como los frailes, Estos eran los “coropados”.

** Giovanny Toro: En lo que se encontró en excavaciones en Bolivia Caldas, se encontró un esqueleto de un aborigen no menor de 2.5  metros de estatura, cráneo anuloso y mandíbula saliente.  Los Palenques no eran antropófagos, excepto los Amanies, no comían carne humana a pesar de ser descendientes de los Caribes. Se justifica en la abundante comida de la región y su experticia en caza y pesca. 

Como los Pijaos, los palenques eran agricultores, no eran sedentarios, conservaron su espíritu comercial Caribe. Vivían con el arco en el brazo. Sus huertas hacían parte de su estrategia. Cambiaban de sitio según las necesidades de las guerras. Pero tenían conocimiento agrícola y cultivaban diversidad de frutos. Su base de nutrición era el maíz, que elaborado en tortas (arepas) cargaban en sus morrales. Algunas de las regiones comarcanas a la patria de los palenques, densamente pobladas actualmente de la gran fortaleza para la faena diaria, deben a ellos, con la afluencia de su sangre, el gusto por el maíz y su energía. Producían yuca, ahuyamas, papayas, legumbres, consumían frutas, palmito, y, como tenían cierto refinamiento de paladar, conservaban al humo ciertas piezas de cacería que eran bocados predilectos en ceremonias y festivales. Animaban sus fiestas y combates con música de fotutos, de cortenas y tambores. Del maíz y de las palmas reales sacaban sus licores que consumían copiosamente.  En la pesca utilizaban el hueso usado por los Caribes  y la red de cabuya torcida, al humo conservaban sus pescados que adobaban con ají y con las aguas de las fuentes salinas.

** Giovanny Toro: Por las constantes guerra, por ser de vida silvestre y por su poca religiosidad no se ha encontrado en las excavaciones y barequeo aglomeraciones humanas, exceptuando de pronto el Cerro Morron en Pensilvania.

Su contextura era recia, de poderosos músculos. Estos hombres fueron defensores celosos de sus tierras y de su libertad. Eran expertos en el arte de la guerra. Encerrados en sus palenques eran invulnerables a los ataque de otras tribus indígenas y, en muchas ocasiones, los usaron con éxito en las acometidas de los conquistadores. Como los Pijaos, se defendían de caballería española acabando grandes fosos, estacados en el fondo, que cubrían con débiles maderas y delgada capa de tierra. En las vereditas de la montaña montaban trampas, de fuertes y pesados maderos, para cazar infantes españoles, como si fuesen piezas de monte.  

Eran grandes los arcos echos de chonta  y enherbolaban las flechas con el jugo extraído de un bejuco que llaman “palomita” y con la ponzoña de algunos animales, en especial sapos, al cinto llevaban hachas de piedra y largas lanzas de macana al hombro, también hacían hondas que manejaban con destreza. El abrupto medio en que vivían contribuyo a dar a los palenques la necesaria fortaleza para superarlo. Eran los más aguerridos, los más dominadores, los más bravos y ágiles de la región. Eran tan valientes que muchas veces preferían echarse al río, avismos,  ahorcarse con sus prendas, antes que darse por vencido. -  http://callerealdecolombia.blogspot.com/

Algunas de las costumbres  de los indígenas registradas durante el proceso de la conquista – Francisco C. Yepes R. - http://santafedeantioquia-antioquia.gov.co/apc-aa-files/62303466373965613039393633386361/ANOTACIONES_SOBRE_LAS_PLANTAS_ALIMENTICIAS_DE_LOS_POBLADORE.pdf Subir

Los Indios Pantagoros o Palenques

Pantágoras, su nombre provino de las palabras que más decían: patami, patama, patamita, patamera, patanta que es como decir: no hay, no sé, no quiero.

Era uno de los grupos indígenas más importantes y numerosos del territorio caldense, ya que ocupaban casi todo el oriente hacia el valle del Magdalena y entre los ríos Gaurinó y San Bartolomé, en donde se fundaron las ciudades de Victoria y Remedios en el siglo XVI.

De tipo pantágora se considera el Pantágoro, propiamente, el Palenque, el Coronado, El Samaná, El Punchina, el Marquezote y el Amaní.

El nombre de los Pantagoros, sin acento ortográfico en la primera A,se debe a que en su lengua usaban muchos vocablos con la partícula “PATAN”. Después etimológicamente esta palabra tiene más sentido cuando suena Pantágoras. Ajustes de los historiadores.

Los pantagoros eran llamados también palenques por las fortalezas de madera que hacían, tipo palenque, que podían resistir largos asedios de los enemigos. Lindaban con los amaníes los que estaban situados en la parte alta de la cordillera, y llegaron a ser influenciados económica y culturalmente por los pozos, paucuras, armas y picaras, razón por la cual habían copiado de éstos la institución el cacicazgo que no existía entre los pantagoros. A su vez los amaníes tenían por vecinos a los INDIOS SAMANAES que poseían sus dominios en el curso alto del río Samaná. Los cronistas anotan que los pantagoros eran de cuerpo mediano y buen aspecto. Tenían la costumbre, como los Quimbayas, de deformarse intencionalmente la cabeza. Al respecto dice Fray Pedro de Aguado (Valdemoro, 1538-?, c. 1608)  Eclesiástico y cronista español: "tienen las cabezas chatas o anchas por adelante, desde la frente para arriba, que al tiempo de su nacimiento e infancia les hacen cierta opresión con que las paran de esta suerte".

Eran de tez morena; los hombres llevaban el cabello recortado a la altura de los hombros y los reconocidos por valientes traían un corte de pelo "como de fraile". Las mujeres, usaban el cabello largo y lo cuidaban con esmero; conservaban el cutis suave y fresco bebiendo infusiones de la cáscara de un árbol parecido al de la canela.

Los pantagoros construían sus pueblos en lo alto de las lomas, buscaban las faldas de las montañas y tenían miradores donde un vigía permanente divisara ampliamente el horizonte, para anunciar la presencia de invasores. Formaban núcleos de ochenta y noventa viviendas hasta diez personas, distribuidas de tal forma que se pudiesen formar calles bien trazadas y garantizar la defensa colectiva. Las casas se construían en guadua y los techos con hojas de bijao. Cada pueblo tenía una casa más grande para las ceremonias, donde realizaban las reuniones para invocar a los dioses, celebrar matrimonios, tramar la guerra o buscar esparcimiento. http://www.caballerosandantes.net/index.php?cid=19&page=5

A orillas del rio Samaná, cerca del corregimiento pensilvaneño de Arboleda, se encuentra una piedra llamada por el hermano Florencio Rafael “El poema de Samaná”. De unos 3.5 por 4 metros de altura, talladas, en las que se distinguen pequeñas hojas, planas humanas, figuras geométricas, grupos de figuras en escala de pequeñas a grandes las que, según el hermano Florencio, por su pequeñez, demuestran el uso de finos buriles o instrumentos similares.

Aguado es más prolijo en su descripción de los indígenas Patangoras, lo cual realiza con una gran precisión.

No tiene noticia de que entre los Pantágoras hubiera, tampoco, santuarios; aunque tienen mohanes, que son las personas que tienen una dignidad religiosa “para tratar con el demonio”, los cuales, a la vez sirven de médicos. Esta descripción de los shamanes que son a la vez sacerdotes y médicos encargados de tratar con la naturaleza, cuyo método de cura es lavar con agua tibia, ponerles la mano encima y soplar a los enfermos; lo mismo que soplar para hacer llover, es sumamente precisa (Aguado, /1582/ 2007: 259).

No hay entre ellos caciques ni capitanes, por lo tanto son distintos a los Amaníes. Solo le tienen veneración a los mayores, a aquellos que merecen respeto por su edad, su valor y a este “tal respetan con veneración de señor, pero no para que tenga jurisdicción ni señorío domiciliario sobre ellos, excepto que cuando ha de haber guerras, al tal veneran como a capitán”. (Aguado, /1582/ 2007: 257). Esta es la diferencia más marcada con los Amaníes, la inexistencia de jefes, de caciques, que son los encargados de representar a la comunidad; entre los Pantágoras es simplemente un jefe, un “capitán” principalmente en épocas de guerra. 

Respetaban el principio del parentesco, el gran aglutinante de la época, que en su caso era matrilineal, la descendencia sólo se concebía por el lado de la madre y antes de la entrada de los españoles no consentían “que entre ellos viviesen ni estuviesen gentes de otras poblazones, aunque no fuesen muy apartadas” y “si en los caminos se topaban gentes de dos pueblos, se procuraban matar los unos a los otros”, tanto a los hombres como a las mujeres, y luego llevaban a todos sus hijos pequeños y con un palillo los hacían tocar las heridas del muerto. Hecho esto: “se hacían todos los que se hallaban las coronas como frailes por señal de valentía” (Aguado, /1582/ 2007: 59). Cuando el capitán Salinas de Loyola encontró los primeros poblados indígenas, le sorprendió el que tenían el pelo largo y “cuando han hecho una acción de valentía, se abren una corona como de fraile, para ser reconocidos”, y los llamó inicialmente indios Coronados, posteriormente verificaron que tenían una lengua muy parecida, por lo cual a todos se les llamó Pantágoras, utilizando las palabras más escuchadas de ellos: no sé, no tengo y no quiero.  La gran diferencia con los Amaníes, que hasta conservaban la carne molida de sus enemigos, cuando tenían demasiada, para después comerla, estos Pantágoras simplemente los matan y llevan a sus parientes a conocer su prueba de valentía en la batalla, después de lo cual se cortan el cabello en una forma especial.

“La causa de tener estos indios entre sí tantas discordias y guerras civiles era la falta de justicia y de no tener señores que los conservasen en ella, y así si unos a otros se hurtaban algo se lo habían de pagar con otro hurto mayor,  si se mataban, en muertes, y si se hacían injurias, tal por tal, y así donde quiera que se topasen, como he dicho procuraban vengarse y las más veces pagaban justos por pecadores…” (Aguado, /1582/ 2007: 259).

Era esta gente muy belicosa y guerrera y “de tan obstinados ánimos en el guerrear que al principio se creyó de ellos que jamás se domellarían y abajarían a recibir sobre sí el yugo de la servidumbre ni que dejarían de poner en gran riesgo y aprieto a los que en su tierra entrasen, por ser toda muy poblada y áspera y acompañada de muy espesas y altas montañas, de suerte que les acontecía estar junto a la poblazón de los indios y no verlos ni entenderlos” (Aguado, /1582/ 2007: 220) ..

“No comen carne humana, pero en todos otros géneros de mantenimientos de los españoles no son nada escrupulosos, que cuando les dan y los españoles acostumbran a comer, comen, lo cual en mucho tiempo no hacen otras naciones”. Asegura que “en su alimentación no acostumbran echar sal, porque no la tenían”, pero después especifica que usaban “un agua salobre que bebían y suplía esa falta”, lo cual es efectivamente la manera de conseguir sal. “Su principal mantenimiento es el maíz más no hacen de él pan, sino es cuando la mazorca esta granada hacen un género de panotas, que en algunas partes llaman hayazas, comida de cierto desgusto y malsana. Demás del maíz usan de yuca, auyamas y otras legumbres de poca sustancia… su vino o chicha… hecha de yuca y de maíz… No tenían ningún género de caza que comer sino eran ratones… con cuero y tripas lo ponen al fuego… (Aguado, /1582/ 2007: 258).

“Los principales regocijos que entre estos bárbaros hay es juntarse las parentelas a bailar y cantar en cierto lugar o casa diputado para este efecto. A quien los españoles llaman casas de borrachera, y al regocijo llaman borrachera… para tratar negocios de guerra como para celebrar casamientos y otras cosas señaladas que hacen” (Aguado, /1582/ 2007: 259). Es decir, no se trata de montoneras indiferenciadas, sino que existe quien establezca la manera de realizar las distintas actividades, este poder se ejerce, entonces, en beneficio de la colectividad (Vasco Uribe, 2003: 97). Eran realmente, grandes reuniones que implicaban un tiempo de preparación y organización, pues la necesidad de tener comida, así fuera probablemente para los pequeños, y para los demás tomar chicha; las invitaciones a los de otras comunidades y en el caso de la lucha contra los españoles, también de grupos distintos. Servía para convencer, para organizar, para recordar tiempos pasados relacionados con la situación específica y planificar el futuro, es decir constituían un verdadero trabajo (Vasco Uribe, 2003: 32 y 169). Al parecer, tanto los Pantágoras como los Amaníes utilizaban estas fiestas rituales, para éstos últimos eran además festividades de ataque o de defensa.

“Entre las otras brutalidades notables que estos bárbaros tienen, es el carecer de cuenta, que ni saben contar por días ni por lunas, que son los meses, ni por los años, ni ningún número que pase de diez y éste cuentan con los dedos con harto trabajo, y en llegando a diez luego dicen mucho o muchos…Esta ignorancia debe causar la poca contratación que unos con otros tienen, que ni por la vía de ferias o mercados ni por otro interés ninguno no saben vender nada los unos a los otros” (Aguado, /1582/ 2007; 275)

En esta parte, Aguado hace un análisis muy acertado de la situación indígena antes del contacto, pues relaciona la necesidad de contar con el intercambio, la única fuerza capaz de conducirlos a este conocimiento.

Continúa Aguado con la descripción de los Pantágoras, “Es gente de buena disposición y bien agestados, las mujeres de muy mejores gestos que los hombres. Tienen las cabezas chatas o anchas por delante, desde la frente para arriba, que al tiempo de su nacimiento e infancia les hacen cierta opresión con que las paran de aquesta suerte” (Aguado, /1582/ 2007: 257). Así lo registra Duque Gómez, coincidiendo plenamente con la excelente descripción de Aguado: “Los rostros de los indios eran anchos y alargados, como consecuencia de la deformación del cráneo que ellos practicaban, aplicando tabletas en la frente y en el occipital de los recién nacidos, y más tarde ligaduras. En esta forma los huesos se achataban y la cabeza crecía en altura” (Duque Gómez, 1963:31). La deformación craneana era una costumbre muy generalizada en toda América, se encuentra en muchos de los sitios arqueológicos y es descrita por un sin número de cronistas y corroborado por los arqueólogos.

Aguado se preocupó hasta por describir su aspecto, los vestidos especialmente de las mujeres, sus afeites y peinado. “Andan todos desnudos, sin traer ninguna cosa sobre sus cuerpos; solamente los que aciertan alguna fea herida se la cubren con alguna piel de animal. La natura traen siempre cubierta con una mano o atada a un tocado, que a manera de cortina traen por la cintura, porque tienen por cosa deshonesta que les ande siempre colgando”. La mujeres “son bien agestadas y de medianos cuerpos; traen el cabello muy largo y precianse de curarlo mucho”, considera que “andan desnudas” aunque utilizan una manta, llamada pampanilla que sujetan con un hilo grueso en la cintura. “Las que son doncellas aunque sean de crecida edad, hasta que las casan, no traen estas pampanillas sino unos delantales de rapacejos, hechos de cabuya o de algodón, que les llegan por debajo de la pantorrilla, y con aquello andan hasta ser casadas…” (Aguado, /1582/ 2007: 257)

Como dice Rafael “Vivían desnudos pues no cultivaban el algodón, ni lo tejían”. (1967; 22), y parece justo, aunque nos queda la duda con esta última frase, pues al menos tenían este algodón para los delantales de las mujeres solteras y probablemente venido de lejos.

Aguado se preocupó no sólo por el aspecto externo, sino hasta por la menstruación de las mujeres y la diferencia en la forma de vestirse y peinarse, como solteras y como casadas.  “Precianse estas mujeres de tener en el rostro buena tez, y para conservarla beben cierta cáscara de árbol que parece canela, por parecerse a ella, porque con la virtud de esta cáscara detienen su regla mujeril cinco o seis meses…”, es decir, además, utilizado como sistema de control de la natalidad. “Traen estas naturales el cabello de la oreja anda suelto, y de allí para atrás recogido y entrenzado con ciertos bejucos en dos partes, las cuales rodean la cabeza, que les da buen aire y gracia” (Aguado, /1582/ 2007: 257).

“Esta gente patangora poblada en lugares altos, por familias y parentelas que de parte de las mujeres proceden…” (Aguado, /1582/ 2007: 257). Es decir, en pequeñas agrupaciones de casas, “organizados por grupos originarios de los parientes matrilineales, una división característica de la gens” (Engels, 1974) con lo cual las comunidades establecen su parentesco y conocen como casarse: “ningún parentesco tienen ni han los hijos ni hijas con los parientes del padre ni la mujer con los del marido” (Aguado, /1582/ 2007: 261) pues son matrilineales.

Entre estos bárbaros, el adulterio ni otro delito ninguno es castigado con el rigor que el quebrantar el parentesco que por parte de madre tienen unos con otros… (Aguado, /1582/ 2007: 262). Entre los Pantágoras hallamos muy claro el concepto de parentesco uterino. Los apelativos de padre, hijo y hermano, hermana, no son simples títulos honoríficos sino que, por el contrario, traen consigo serios deberes recíprocos perfectamente definidos y cuyo conjunto forma una parte esencial del régimen social de estos pueblos (Engels, 1974: 223).

Al ser matrilineales, la descendencia es por línea materna exclusivamente, y virilocales, o sea que la residencia es en la localidad del marido. Gutiérrez de Pineda explica este sistema, muy común entre los indígenas americanos, de la siguiente forma: “Si el Ego es mujer, al llegar al matrimonio, tendrá que emigrar a tierra de su marido mientras dura su vida marital... Pero los hijos habidos en ella no serán ciudadanos de su tierra, sino en la de las mujeres, madres, que los han concebido” (Gutiérrez de Pineda, 1963: 22). Esta cita es exacta salvo por lo del lugar donde nacían, porque entre los Pantágoras, las mujeres regresaban a su sitio de origen para dar a luz, es decir los bebés nacían en el lugar al cual pertenecían. “De todas las ocasiones en que una mujer que vive en la comunidad del marido podía volver a casa de sus propios parientes, es cuando daba a luz un hijo, lo cual coincidía con el principio de que cada niño debía nacer entre sus propios parientes maternos” (Reed, 1980; 236).

Entendiendo esto, se comprende aún más, lo ritual que tiene el dar de comer al marido, la ofrenda máxima, cuando la mujer se encuentra donde su madre. “Y durante el tiempo que la mujer de cualquier indio está en casa de su madre no ha de tener en aquella casa ayuntamiento carnal con ella, y cuando lo quisiere hacer ha de llegar cerca del bohío de su suegra, y dar ciertos silbos con que es conocido y entendido, luego sale la mujer a él y le lleva de comer, y allí tienen sus impúdicos actos” (Aguado, /1582/ 2007, 262).

Aguado estaba muy interesado por sus costumbres, aunque intenta explicar la poliginia, realmente, nos informa de toda una gama de comportamientos que corresponden al sistema de familia matrilineal que comprende desde el levirato, el matrimonio con el hermano del muerto, hasta el sororato, la unión con la hermana de la muerta y el comportamiento en el caso de desavenencia y sus consecuencias.

“Es, pues la orden que ninguno que no tuviere hermana se casará fácilmente, porque el que se quiere casar ha de rescatar o comprar su mujer por una hermana suya, y si dos hermanas tuviere dos mujeres comprará, y si más, más, porque tantas cuantas hermanas como tuviere para trocar, tantas mujeres habrá por ellas, y si las mujeres son hermanas, aunque sean muchas, con todas tiene acceso… si ha habido dos mozas doncellas para casarse con ellas, y el uno esta aficionado a la que el otro tiene y le habla sobre ello, a la hora las truecan y las cambian, y toma cada uno la que el otro tenía por mujer” (Aguado, /1582/ 2007: 260)

“Y si las hermanas tienen más de un hermano, el mayor de todos reparte las hermanas entre los otros sus hermanos, para que con ellas haya mujeres; y si un indio es solo y tiene más hermanas que ha menester mujeres, provee y da de aquellas sus hermanas a otros parientes suyos de parte de su madre, para que con ellas haya mujeres” (Aguado, /1582/ 2007: 261) Estos últimos párrafos explican la forma de matrimonio, la poliginia sororal, el matrimonio con varias hermanas, que era dominante en ese grupo, y el que las mujeres tengan relación marital con sus cuñados sin que a ello les inhiba ningún concepto; pero en cambio observarán sumo cuidado de guardar los principios de invalidación e incesto con cualquiera que “sea deudo por parte de madre, que con este tal, aunque el parentesco sea muy lejano, no se adjuntarán con él, por temor de gran pena y castigo” (Aguado, /1582/ 2007;  262).

Los Pantágoras practicaban el sororato y el levirato, que es el casarse con el hermano o hermana, o el pariente más cercano, en caso de muerte de uno de los cónyuges, para que no se devuelva la mujer de su hermano, “porque en muriendo cualquiera de ellos, las mujeres se vuelven cada una al pueblo do es natural, o a casa de sus parientes; y si muere cualquiera de las mujeres, la que queda viva, si no tiene su marido otra hermana que dar al viudo, se vuelve a casa de su madre o parientes.. a quien tienen tanta sujeción las mujeres que aunque estén muy contentas con sus maridos y cargadas de hijos, si su hermano u otro pariente, por defecto de hermanas, le dice que deje el marido y vaya a su casa, luego le obedece, sin que ose hacer otra cosa, ni su marido pueda se lo quiere estorbar, y lleva consigo a sus hijos; y luego la hermana del marido de esta mujer se vuelve a casa de su hermano” (Aguado, /1582/ 2007: 261).

El respaldo del parentesco matrilineal para el individuo es total, (Gutiérrez de Pineda, 1963: 41), pero también las obligaciones que éste conlleva, como la obediencia en el desplazamiento, cuando el hermano lo solicita o al enviudar, lo cual produce todo un desbarajuste en las relaciones de toda una constelación emparentada por matrimonio. Lo cual implica que el matrimonio, o la relación de pareja, esté siempre dependiente de lo que suceda en el conjunto social; el matrimonio no está pensado como una relación duradera sino por el tiempo de entrelazamiento de varios parientes. Es tan variable para el hombre como para la mujer. Cuando se estudian aspectos relativos al divorcio, se ven claros los problemas de la residencia móvil pues al residir todas juntas las hermanas, cuando el matrimonio se ha realizado por trueque de mujeres, a instancias del hermano de la esposa, o esposas de un hombre dado, ella o ellas regresan a su tierra, dando por terminada la unión. Y lo hacen acompañadas de sus hijos. Y las mujeres de este hermano, trocadas por las primeras, también parten para la tierra del suyo con sus descendientes. (Gutiérrez de Pineda, 1963:23) La misma libertad tiene el marido para echar de sí la mujer cada que quisiere, y enviar por su hermana a casa de su cuñado; y todas las veces que estos truecos se deshacen llevan las mujeres todos los hijos que han parido consigo, sin que los padres hagan ningún sentimiento ni se lo estorben (Aguado, /1582/ 2007: 261).

“Las mujeres son muy libres y aún desordenadas, como he dicho, en sus actos impúdicos, los cuales aunque sepan los maridos no les han de castigar por ellos, porque luego se van en casa de sus hermanos si les hacen algún sinsabor o disgusto, y así les son los maridos muy sujetos y obedientes contra toda razón, y así son ellas tan inhumanas que en la hora que el marido cae enfermo, mayormente si la enfermedad tiene insignias de ser larga, toma esta tal mujer a todos sus hijos consigo y vase en casa de su hermano, y la hermana del enfermo, que está casada con el hermano de su mujer, se vuelve a casa de su hermano…” (Aguado, /1582/ 2007: 262). 

Como relación especial, las de pareja, son muy laxas, “muy libres y aún desordenadas”, tanto para el hombre como para la mujer, no conllevando obligaciones mutuas, como la de acompañarse en la enfermedad, o la de cultivar el terreno que se considera del padre o marido, su obligación es con la del hermano y su grupo materno.

Cogen maíz dos veces por año, siendo la de agosto la mejor. “En las labores los varones son los que labran las tierras, y algunas veces les ayudan las mujeres, las cuales suelen tener la obligación en otras partes de sembrar y coger las labranzas del marido, pero en esta tierra no lo hacen sino voluntariamente, y solas las labranzas de los hermanos se benefician” (Aguado, /1582/ 2007: 259) Es decir, el parentesco en este grupo determina las faenas de producción, las mujeres siguiendo el sistema matrilineal se agrupan alrededor de sus hermanos con los cuales colaboran, dejando de lado a su marido que no es su pariente (Gutiérrez de Pineda, 1963: 134). “Los tiempos de las sementeras miden, trazan y conocen en esta manera: presumen estos bárbaros que las estrellas a quienes llamamos Cabrillas, son hermanas de los Astillejos a quien ellos tienen por hermanas, y que estas estrellas hacen labranzas y cavan y siembran y se siguen por ellas…” (Aguado, /1582/ 2007: 274-275). En el parentesco matrilineal, todas las cosas pertenecen a las mujeres, por ello es que consideran a las estrellas que determinaban las siembras, lo más importante de la actividad agrícola, como hermanas.

“…mientras dura el casamiento, la suegra no ha de mirar el rostro del yerno ni el yerno a la suegra, y si se encuentran en algún camino, vuélvense los rostros en contrario uno del otro, y en algunos pueblos tienen hecho trochas y caminos por donde los yernos puedan ir seguros de encontrar con las suegras” pues “el adulterio ni otro delito ninguno es castigado con el rigor que quebrantar el parentesco” (Aguado, /1582/ 2007: 262). Este es el clásico principio de invalidación, que crea una conducta particular entre parientes afines, en este caso yerno-suegra cuando entre ellos son prohibidas las relaciones vitales (Gutiérrez de Pineda, 1963: 35). Es el comportamiento social adecuado, pues el hombre viene de un primitivo grupo de enemigos, y la antigua desconfianza no está plenamente erradicada, lo cual se convierte en la regla de las suegras prohibidas (Reed, 1980; 214).

Teniendo en cuenta lo anterior, respecto a la importancia del parentesco uterino, la vivienda virilocal con posibilidad de retorno para la mujer, voluntario o no, como cuando la unión de su cuñado se deshacía, podemos entender lo grave que fue cuando Zuluaga Gómez describe lo que puede considerarse un instructivo para violar las disposiciones reales, en el momento en que los dueños de las minas, que principiaban a explotarse en Mariquita, necesitaban mano de obra. “Oficiales reales de Mariquita propusieron para que pudieran laborar las minas de aquellas comarcas, que de cada pueblo de indios se saque un matrimonio de indios con sus hijos y se adscriban a un pueblo minero, desarraigándolos de su naturaleza y en y vendiéndoles sus heredades y bienes no transportables, dando órdenes al Corregidor para que no los dejen volver a sus pueblos de origen…” (Zuluaga Gómez, 2006; 443). Lo cual además de desarraigarlos de sus pueblos, rompía con su tradicional sistema de parentesco y adscripción a una comunidad de origen distinta de la que habitaban las mujeres, cortándoles la libertad de decidir si se mantenían o no unidos.

“Y porque dije que les hacían señas con silbos, es cierto y averiguado que con cierta manera de silbar con el hueco que de entrambas manos juntas hacen, hablan todo el lenguaje, de tal suerte que se entienden y oyen de mucha distancia de caminos apartados, con más facilidad que con la voz natural” (Aguado, /1582/ 2007: 262). En esta relación Aguado se refiere a las visitas que hacía el marido a la casa de su suegra, cuando la mujer se encontraba allí, pero también explica que es una forma de comunicación corriente entre ellos. Triana y Antorveza en su libro Las lenguas Indígenas en la Historia Social del Nuevo Reino de Granada (1987) recoge un compendio de testimonios históricos y relata que los indios Pantágoras empleaban un sistema de silbos con el cual podían expresarlo como con el lenguaje hablado, y entenderse con mucha distancia de camino (citado por Patiño Roselli, 2007).

Este lenguaje del silbido se encuentra en muchas partes del mundo, generalmente entre comunidades que viven en terrenos montañosos, donde los humanos separados por grandes distancias no se oyen cuando hablan o gritan; el silbido se usa y produce el mismo efecto que el lenguaje hablado, se basa siempre en él; no reemplaza sino que acompaña y se usa en situaciones diferentes, como en la necesidad de visitar a la esposa que está alojada en casa de su madre y ellos no poder ni mirar a la suegra o cuando las distancias son muy grandes (UCL, El lenguaje del silbido). Aguado se enteró del sistema por el caso de los yernos y que luego corroboró, era utilizado para las grandes distancias, en caminos apartados, por toda la comunidad.

Con esta descripción terminan las informaciones que tenemos sobre los indígenas del oriente de Caldas, que fueron definitivamente exterminados en los pocos años, menos de un siglo, que duraron los intentos por establecerse en la región. Fray Pedro de Aguado salió después de haber visitado los otros conventos de Reino, y determinó en Cartagena en 1575 embarcarse y pasar a España, para imprimir su libro, donde murió en 1590 (Simón, /1625/ 1981; 359).

Naciones enteras desaparecieron; otras perdieron allí sus reliquias, sus tesoros artísticos, sus lenguas, sus religiones, incluso sus fisionomías; numerosos pueblos mezclaron en ese tapiz sus culturas; indómitos guerreros americanos defendieron su mundo y su gente con extremos de valor y abnegación… (William Ospina, 1998; 21). Subir

El Matrimonio

Dice Aguado (1957), que los indios pantagoros de esta tribu tenían los siguientes principios relacionados con los matrimonios: “Es, pues, la que ninguno que no tuviera hermana se casará fácilmente, porque el que se quisiere casar ha de rescatar o comprar su mujer por una hermana suya, y si dos hermanas tuviere dos mujeres comprara, y si más. Más, porque tantas cuantas hermanas tuviere para trocar, tantas mujeres habrá por ellas, y si las mujeres son hermanas, aunque sean muchas, con todas tiene acceso.

Hay otra costumbre muy donosa entre estos bárbaros acerca de estos casamientos, y es que si dos ha habido dos mozas doncellas para casarse con ellas, y el uno está aficionado a la que el otro tiene y le habla sobre ello, a la hora las truecan y cambian, y toma cada uno la que el otro tenía para su mujer. Concertado el trueco, que es entre estos bárbaros casamiento, la desposada pinta al desposado con pintura de jagua, que es tinta negra, y con bija, que es colorada, y con otros colores, y en seis días; que las fiestas duran no han de consumir cópula, aunque duerman juntos, y para estorbárselo echan en la cama de los desposados muchachos o muchachas, para que de vergüenza de ellos dejen de ajuntarse, y al seteno día pónense muy pintados, así el desposado como la desposada, y después de haberse Regocijado, venida la noche, llégase uno de los más ancianos de aquella familia, y toma por la mano al desposado y dícele que ya es hora de dormir, y un hermano de la desposada la toma por la mano y le dice: cata ay tu marido, echate con él y obedécele, y de esta suerte los juntan y echan en su barbacoa, en la cual tienen a la cabecera puesta cierta cantidad de maíz y en echándose los desposados, se lo arrojan y echan encima, en señal de que el desposado ha de mantener su casa,, y a los lados le tienen puestos los palos con que hacen sus rozas o labranzas, en señal del trabajo que ha de tener, y en lo alto tiene puestas armas, en señal que ha de defender su casa y su familia”.

“El principal ajuar que la esposa ha de tener es que ha de saber muy bien las pinturas y labores con que los maridos se suelen engalanar y pintar, y si esto no sabe hacer bien es causa bastante para deshacerse el casamiento; y luégo es el guisar y hacer de comer y criar sus hijos y el contentar sus maridos, aunque de esto les da poco, por el poco respeto que les tienen”.

“Y si las hermanas tienen más de un hermano, el mayor de todos reparte las hermanas entre los otros sus hermanos, para que con ellas hayan mujeres; y si un indio es solo y tiene más hermanas que ha de menester mujeres, provee y da de aquellas sus hermanas a otros parientes suyos de parte de su madre, para que con ellas hayan mujeres”.

“Otra diferencia de casamientos, que es de las hijas de las viudas. Si una viuda tiene hijas doncellas y no tiene ningún hijo para que las trueque, tiéneselas siempre consigo, hasta que algún indio se aficione a ellas; y para haber la que quiere o pretende, ha de hacer cerca de la casa de la viuda una labranza de maíz con la cual podrá tener exceso todas las veces con la que pretende fuera de casa de la viuda, pero no la ha de llevar a su casa el desposado, y si ella quiere ir con él, háse de volver luégo a casa de su madre y si son huérfanas de madre, el pariente más cercano de su madre tiene esta preeminencia sobre las sobrinas, porque en la opinión de estos bárbaros ningún parentesco tiene ni han los hijos ni hijas con los parientes del padre ni la mujer con los del marido”

“Por la mucha libertad que las mujeres tienen, si están impúdicas y lujuriosas y topan a su cuñado en parte donde puedan tener ayuntamiento con él, lo hacen con mucha facilidad; y aun con otra cualquier persona que topen, como no sea su deudo por parte de madre, que con este tal, aunque  el parentesco sea muy lejano, no se ayuntarán con él, por temor de la gran pena y castigo que se les da, como luégo se dirá”.

“Hay otro modo de casarse las viudas, y es que, de consentimiento del marido, la mujer se casa con el hermano del marido, y si no tiene hermano, con el pariente más cercano; y esto hacen estos bárbaros porque la mujer que consigo tiene el hermano de la viuda no se vuelva a su pueblo, porque no turan estos casamientos más de cuanto vive uno de los dos desposados, porque en muriendo cualquiera de ellos, las mujeres se vuelven cada una al pueblo do es natural, o a casa de sus parientes; y si muere cualquiera de las mujeres, la que queda viva, si no tiene su marido otra hermana que dar al viudo, se vuelve a casa de su hermano, pero si hay otra que supla por la muerta dársela al viudo, y si no, como he dicho, se vuelve a casa de su madre, hermanos o parientes, a quien tiene tanta sujeción, las mujeres que aunque estén muy contentas con sus maridos, y cargadas de hijos, si su hermano u otro pariente, por defecto de hermanas, le dice que deje el marido y se vaya a su casa, luégo le obedece, sin que ose hacer otra cosa ni su marido se lo pueda estorbar, y lleva consigo sus hijos; y luégo la hermana del marido de esta tal mujer se vuelve a casa de su hermano. Esto suele muchas veces hacerse por pasiones e intereses que entre ellos hay”.

“La misma libertad tiene el marido para echar de sí la mujer cada y cuando que quiere, y enviar por su hermana a casa de su cuñado; y todas las veces que estos truecos se deshacen llevan las mujeres todos los hijos que las mujeres han parido consigo, sin que los padres hagan ningún sentimiento ni se lo estorben”. “Todas las mujeres que tiene uno de estos bárbaros habitan y están juntas, sin darse  Pesadumbre la una a la otra, ni reinar entre ellas discordia por vía de ser más querida la una que la otra. La orden que entre ellas tienen para dormir con su marido es por días, y a la que le cabe hoy tiene aderezado y hecho de comer o cenar a su modo, y las tintas con que lo ha de pintar aderezadas, y en viniendo el marido de la labor o de la guerra beben un vaso de vino de maíz o dos, y luego se va a lavar al río o fuente: después de bien lavado, vuelve a donde su mujer está, la cual le pinta todo el cuerpo de muy galanas pinturas, desde el rostro hasta los pies, y con esto quedan él y ella muy satisfechos de su amor, lo cual acabado cenan las comidas que atrás he referido que estos bárbaros usan con lo cual se van a dormir”.

“Una de las causa más evidentes por que se halla tener cada indio de estos tantas mujeres cuantas puede haber, es porque dende que la mujer se siente preñada hasta que pare y ha criado su hijo y quitádole la teta o la leche, no ha de tener ayuntamiento carnal con ella el marido, ni en el ínterin que les baja sus costumbres mujeriles, y como los varones sean muy lujuriosos procuran siempre tener con quién cumplir sus apetitos”.

“Las mujeres son muy libres y aun muy desordenadas, como he dicho, en sus actos impúdicos, los cuales, aunque sepan los maridos no les han de castigar de ellos, porque luégo se van en casa de sus hermanos y si les hacen algún sinsabor o disgusto, y así les son los maridos muy sujetos y obedientes contra toda razón, y así son ellas con ellos tan inhumanas que en la hora que el marido cae enfermo, mayormente si la enfermedad tiene insignias de ser larga, toma esta tal mujer a todos sus hijos consigo y base en casa de su hermano, y la hermana del enfermo, que está casada con el hermano de su mujer, se vuelve a casa de su hermano, cosa cierto de bárbaros. Pues tienen otra ceremonia no menos de reír que las dichas, y es que, perpetuamente, mientras tura el casamiento, la suegra no ha de mirar al rostro al yerno ni el yerno a la suegra, y si se encuentran en algún camino, vuélvense los rostros en contrario uno de otro, y en algunos pueblos tienen hechas trochas o caminos por donde los yernos puedan ir  seguros de encontrar con las suegras; y durante el tiempo que la mujer de cualquier indio está en casa de su madre no ha tener en aquella casa ayuntamiento carnal con ella, y cuando lo quisiere tener ha de llegar cerca del bohío de su suegra, y dar ciertos silbos con que es conocido y entendido, y luégo sale la mujer a él y le lleva de comer, y allí tienen sus impúdicos actos. Y porque dije que les hacían señas con silbos, es cierto y averiguado que con cierta manera de silbar con el hueco de entrambas manos juntas hacen, hablan todo el lenguaje, de tal suerte que se entienden y oyen de mucha distancia de camino apartados, con más facilidad que con la voz natural”.

Los dialectos de los aborígenes, eran muy pobres en voces  y aún más escasos de giros; la falta de esto la suplían con gesticulaciones  y movimientos de mano y de cabeza.

la obra del historiador Humberto Triana y Antorveza titulada Las lenguas indígenas en la historia social del Nuevo Reino de Granada (1987). Este autor recoge un compendio de testimonios históricos que documentan «las barreras lingüísticas» en las diferentes regiones de la actual Colombia, incluyendo uno que relata que LOS INDIOS PANTÁGORAS empleaban un sistema de silbos con el cual podían expresarlo todo y entenderse «con mucha distancia de camino» (ibídem, 33). Entre esos testimonios está otro de 1536 que refiere que «en cada pueblo hay una lengua que casi no se entienden de los unos pueblos a los otros, y esta dificultad es tan grande, que no puede ser mayor» (ibídem, 10).
http://congresosdelalengua.es/cartagena/ponencias/seccion_3/33/patino_rosseli.htm

“Entre estos bárbaros el adulterio ni otro delito ninguno es castigado con el rigor que el quebrantar el parentesco que por parte de las madres tienen unos con otros, y si se averigua que dos deudos de este parentesco se juntaron carnalmente, los matan a macanazos y palos, porque dicen estos bárbaros que cuando los indios que semejantes maleficios han hecho mueren, que andan por los arcabucos sin cabeza, padeciendo y penando; y así como he dicho, con gran rigor y lealtad, guardan este parentesco, el de los padres, dicen que es incierto y dudoso, por la poca lealtad que entre ellos hay, y así no lo tienen por ningún deudo ni parentesco; y por el temor de esta pena son tan continentes los indios con sus parientas que aunque de su natural son tan lujuriosos ellos y ellas, cuanto se ha dicho, aunque se hallen en lugares muy estrechos y solitarios no se desmandarán a ningún acto impúdico por temor de la pena”.Subir

Los Indios Amaníes.

Aguado (1957), afirma que entre estos indios sus “casamientos se hacen entre éstos por vía de trueco, como entre los patangoros, excepto que después de concertado un casamiento para efectuarse y venirse a juntar los dos, ha de pasar término y espacio de cuatro meses, que comúnmente es el discurso de cuatro conjunciones de lunas, en las cuales el varón inquiere y sabe la manera de vivir de su mujer, si ha tenido o tiene buena o mala fama, si es cuidadosa y trabajadora, y si será para criar sus hijos y gobernar y mandar su casa, y otras muchas cosas que la mujer es obligada a saber hacer para el servicio y contento de su marido, como es pintarle galanamente, que es la principal cosa que entre estos bárbaros se usa, y el aderezar el comer en casa. La mujer, por el contrario, en el tiempo dicho, se informa e inquiere y sabe quién es y ha sido el que ha de ser su marido, y si es hombre trabajador y tal que mediante su industria pueda y sepa sustentar su casa y su familia; y si es buen guerrero y valiente batallador y otras cosas que a ellas les conviene saber para su contentamiento, como si es bien acondicionado, afable y bien quisto con sus deudos o parientes o vecinos, que es señal que lo será con su mujer y con los de su casa; y pasados los cuatro meses, si os dos están satisfechos de la información que el uno del otro ha habido, se efectúa y celebra su casamiento en una casa que para este efecto tienen diputada y hecha, donde se congregan todos los del pueblo a cantar y bailar y beber, con que regocijan sus bodas, y allí estos desposados residen cierto tiempo señalado, en el cual un indio que para ello hay diputado les hace en cada día cierta exhortación o parlamento induciéndoles a que vivan bien y en paz y amistad y que ella no haga adulterio ni traición a su marido, sino que le sirva y críe sus hijos como es razón, y haga las otras cosas que debe hacer en utilidad y pro de su marido, casa y familia; y asimismo, particularmente al desposado, encarga el buen tratamiento de la mujer, y el no ser disoluto ni absoluto ni desmandarse en tener exceso con ella cuando está preñada y cría, porque en este caso y en lo de tener muchas mujeres, guardan estos amaníes la orden y regla que los pantagoras, excepto que en el sujetarse las mujeres y hacerlas vivir castas y limpiamente usan de todo rigor”.

** Giovanny Toro: Resumiendo  los cornistas Javier Loáiza Ramírez y Fernando Murcia Vargas, sostienen en su trabajo monográfico que podían tener el número de esposas según el número de hermanas que tuvieran.

“Estos amaníes, porque después o en la hora que el marido prueba o averigua el adulterio que la mujer le hace, y aunque no lo pruebe sino que a él le sea notorio, que nunca falta quién se lo dice, toma la mujer y pónela en la casa donde se celebró el casamiento, en las cual tienen hechos ciertos retretes o apartamientos algo oscuros, y allí están personas que la aguarden y miren no se salga y huya, al cual lugar han de acudir todos los indios de aquel pueblo que quisieren ir a tener exceso carnal con la adúltera, la cual ha de obedecer sus apetitos a los impúdicos lujuriosos, sin excusarse aunque mucho número de indios acudan a ella al día, y si con este uso y trabajo bestial dentro de cierto tiempo que está limitado y señalado, la tal adúltera no muriese, las guaras que allí está, le van estrechando el comer de suerte que se va consumiendo hasta que de hambre y cansada de sus lujuriosos actos viene a morir en aquella pena, y aunque el marido ame mucho a la tal mujer y la quiera reservar de esta pena y tenérsela consigo, no lo puede ni lo osa hacer, porque demás de ponerse a peligro de que sus parientes lo maten, es habido por público infame, de tal manera que desde en adelante no puede entrar en sus acuerdos ni borracheras y es menospreciado y abatido de todos, y si su adúltera mujer no se puede casar con otra, porque no se la darán, y así vive con mucha miseria y vituperio y menosprecio de todos hasta que muere; y es costumbre entre estos bárbaros que a la adúltera y al carnudo de su marido, después de muertos no se les dé sepultura ninguna, mas llevándolos fuéra del pueblo les ponen los cuerpos en un lugar público y pasajero donde sean comidos de los gusanos, y allí les ponen cierta señal que permanece y tura por mucho tiempo, por lo cual los pasajeros y viandantes conocen estar en aquel lugar los cuerpos de las personas dichas; y con estos ejemplares castigos, como he dicho, viven estos bárbaros entre sí casta y honestamente”.

“Si acaso alguna doncella, sin casarse, sino solo por su desordenado apetito, se echa con algún indio, a esta tal se le da y tiene por pena el no poderse casar jamás, sino vivir en perpetua servidumbre de sus padres o parientes más cercanos, y al indio que cometió el estupro se le da por pena que en la casa pública de la borrachera y casamientos esté por espacio de seis meses sin salir de ella a ninguna parte, haciendo los reparos de que la casa tuviese necesidad, en el cual tiempo no se le da a comer y beber más de una vez al día, lo cual dicen hacer por castigo de los delincuentes y para ejemplo de los presentes que escarmienten y no cometan semejantes delitos”

Los Amaníes eran los únicos antropófagos, comían carne humana.

Sin embargo, sabemos “que es gente más pulida y de más razón y más belicosa y que come carne humana y en la lengua diferencia alguna cosa, y en las costumbres mucho más” (Aguado, /1582/2007; 256-257). O sea, que en la zona amplia de la Tierra Caliente, había variaciones en la lengua, pero eran esencialmente portadores de una lengua comprensible a pesar de las diferencias; en las costumbres “lo eran más”, particularmente en el canibalismo. Con relación a éste, se puede hacer un análisis parecido al que se realizó para los cacicazgos del valle del Cauca Medio, a los cuales se parecen. Es la primera forma como las sociedades tratan a los prisioneros de guerra, pues son aún incapaces de integrar a la población de otros grupos étnicos, lo cual conduce a que los vencidos pierdan su identidad y condición humana al estar por fuera de su comunidad y lejos de su unidad de parentesco, y, a corto o a largo plazo, sean sacrificados, además con su consentimiento (Escobar Gutiérrez, 1986- 1989; 166). “Aquellos que eran del mismo clan, eran de la misma clase, seres humanos. Los forasteros, los no parientes eran miembros de una clase diferente, esto es, animales. Este criterio de parentesco estableció las fronteras del canibalismo… Dado que los parientes nunca mataban o comían a otros parientes, esto era equivalente a un tabú total sobre canibalismo” (Reed, 1980; 41-42).

Para los vencedores, el comérselos es sobre todo la forma de apropiarse de su valor y de ofender al enemigo, porque aún no son capaces de integrarlos como mano de obra, como esclavos. Mientras el desarrollo de las fuerzas productivas no permite la existencia de excedentes apreciables, no resulta rentable el trabajo esclavo de los prisioneros de guerra. Así, en todas partes, “el esclavismo es precedido por la eliminación física” (Escobar Gutiérrez, 2012; 21). Son incapaces de integrarlos porque su sentido de identidad se basa en el parentesco, no en el territorio y tampoco acceden a ponerlos a trabajar porque el desarrollo de las fuerzas productivas no es suficiente. El resto de los indígenas de la zona, los Pantágoras por el contrario, mataban a sus vecinos para ofender a sus parientes, los hacían tocar por todos los miembros de su comunidad, hasta los más pequeños, como demostración de valor, pero no se los comían.

“Son grandes trabajadores y bebedores y comedores de carne humana, la cual cuando les sobra y tienen en abundancia la tuestan y muelen y en polvo la guardan. Es gente cruel y carnicera; hacense cruel guerra unos a otros; no consienten ni quieren tener vivo en su pueblo a ninguna persona de otro lugar y que se haya tomado en guerra, que luego los matan a todos, aunque sean pequeñas criaturas” (Aguado, /1582/2007; 270 y 271).

El dato que es interesante, es que los españoles acusaban de canibalismo a los indios de otras regiones, con poca o mucha razón, como medio de justificar su esclavitud, pero en esta crónica se deja claramente explícito el que los Pantágoras no lo son, mientras los Amaníes, sí. Es éste, otro dato que nos da luces sobre su mayor avance y, a la vez, sobre sus limitaciones en el desarrollo de las fuerzas productivas, frente a la utilidad de los prisioneros de guerra, en lo cual son parecidos a los cacicazgos del Cauca Medio. Nos muestra la incapacidad para mantener una población, o unos individuos, a los cuales hay que sostener por parte de los miembros de la comunidad vencedora; porque el desarrollo del trabajo no llega ni para reemplazar el trabajo de los miembros de la comunidad. Por eso mismo, en las guerras no hay conquista puesto que la única unidad posible (a parte de una alianza temporal que sí es factible) se basa sobre todo en los lazos de parentesco, en la comunidad cultural, lingüística  (Escobar Gutiérrez, 1986-1989; 165).

Las poblaciones de Amanies, “así los de adentro que estaban más apartados, como los de fuera”, es gente que difiere en las costumbres y manera de vivir de los Patángoros. En primer lugar, “tienen sus pueblos trazados en concierto, las casas juntas y las calles por orden y compás, y pueblos formados aunque no muy grandes sino lugares de ochenta o noventa casas” (Aguado, /1582/ 2007; 270), lo cual es una característica diferencial, pues los  Patangoras vivían en cuatro o cinco casas aisladas, como las que encontró en su recorrido, Salinas de Loyola. El hecho que denuncia el alguacil Gonzalo Velásquez de Porras, contra  Núñez de Pedroso, así lo describe: “Y oyendo los indios a los cristianos dentro del pueblo, éntranse todos en sus casas. Visto esto el capitán Pedroso mandó quemar siete u ocho casas en los cuales quemó sesenta y dos indios e indias y criaturas” (Friede, 1975, Tomo II, Documento 45; 96-97). Muestra un poblado con varias casas, probablemente comunales, por el alto número de quemados, una población nucleada, lo cual nos prueba su mayor desarrollo frente al resto de comarcanos, su posible avance hacia el cacicazgo: una sociedad jerarquizada que no conoce las clases sociales ni el Estado.

“Hay entre ellos señores a quien respetan y temen y obedecen, los cuales son electos en cada pueblo por los moradores o vecinos de él, los cuales, las más veces eligen en este cargo el indio más emparentado y grave y valiente que hay en aquella república. El cual los manda como señor y ellos obedecen como súbditos…” (Aguado, /1582/ 2007: 270). En primer lugar, el hecho de la elección, y en segundo lugar, su sumisión al elegido, indican su mayor desarrollo. Son sociedades de consenso, con una mayor densidad demográfica y un poblamiento nucleado. Los caciques no están individualizados, son los representantes de la comunidad, de sus riquezas, de su valor colectivo, son un emblema de identidad (Escobar Gutiérrez, 2012; 18), configurando así, formas de poder que no implican una dominación de clase, sino que su ejercicio va encaminado al  bienestar de la comunidad (Vasco Uribe, 2003; 96-97).

No sabemos nada de su actividad como orfebres, si era que la tenían, aunque Rafael (1976; 29) dice que Pedroso entró para ver “si podían ranchear algún oro” y “los soldados se dieron a buscar oro entre los cuerpos muertos y ceniza de los bohíos, y hubieron de ellos como cinco o seis libras de oro fino” (Aguado, /1582/ 1956, t 1; 368). Alzate (2001: 26) reporta algunos elementos encontrados recientemente, que incluyen objetos de orfebrería y herramientas para fabricar los adornos, pero ésta, que era la actividad más buscada por los españoles, no tiene ninguna relevancia en la crónica; ni nada de su actividad económica, salvo la general que pone Aguado para los Pantágoras. Respecto de la actividad de intercambio, sabemos que: “Ningún género de contratación tienen los unos con los otros, ni aún comunicación. Su principal virtud era saltearse y robarse” (Aguado, /1582/2007; 220). Es evidente, que no tienen intercambio con los demás Pantágoros, pero desconocemos si lo tenían con otros cacicazgos, por la vía de penetración que existía al oeste, hacia los Picaras, Armas y Pozos.

Para la guerra, el contrario del intercambio: “Usan de unos crecidos arcos y flechas largas, que son menos perjudiciales que las pequeñas, porque con su grandeza vence venir y tuercen la vía, y así no hacen de maravilla tiro derecho” (Aguado, /1582/ 2007; 220). Y los palenques defensivos que construyeran en sitios agrestes y cuya descripción es impresionante, por el enorme trabajo comunitario que implica, por la población que contenían y por todas las provisiones que en su interior había. Así lo escribe Fernández de Piedrahita:

“… tenían para su defensa cercados todos sus pueblos de entrada cubiertas o palizadas tan fuertes, que para ganarles la provincia era preciso invadirlos de uno en uno, y para cada uno se necesitaba de asedio muy dilatado, por la destreza con que sabían aprovecharse de aquellas fortificaciones, por cuya causa la llamó Maldonado la provincia de los Palenques” (Fernández de Piedrahita, /1688/ 1973; 501).

El sistema de defensa de la población, que aparece en Ingriná, es que tenían un palenque   “con una cerca algo alta” y sus casas “fortificadas con unas gruesas puertas de golpe de unos tablones muy gruesos, puestas de tal suerte… que tocando en cierto palo… hacía caer la puerta que era como ratonera de golpe y quedaba cerrada, de suerte que por la parte de afuera nunca más se podía abrir” (Aguado, /1582/1956, T 1; 366). No conocemos la forma de la construcción de las casas, “se habla de bohíos y casas” (Aguado, /1582/1956, T 1; 364), Valencia Llano (2010; 18) dice que las casas se construían en guadua y los techos se cubrían con hojas de bijao, y por lo tanto es difícil imaginarse este sistema sorprendente de defensa. 

Es curioso pues en las crónicas no aparece nadie, capaz de enfrentarse a los Amaníes, por lo cual surge la duda del por qué éstos se vieran obligados a proteger así sus poblados y a tener dos grandes Palenques defensivos; aunque Aguado (/1582/1956; 362) dice que la gente de esta provincia está recogida en los palenques “por respeto a las enemistades y crueles guerras que los unos tienen con los otros… aunque fuesen vecinos muy cercanos, sino que cada cual acometía cuando la ocasión le daba lugar a su vecino…”.

Se va a tomar la descripción de la última gran revuelta de los Amanies, cuya fecha es incierta, porque en ésta se aclaran algunos elementos que permiten una visión de su desarrollo, la realización de grandes obras colectivas de uso y valor comunitario, las cuales habían pasado desapercibidas, a pesar de ser muy grandes, hecho que hace dudar de la presencia de los conquistadores en su territorio y son un testimonio de su capacidad de trabajar organizadamente.  Los indígenas habían hecho dos palenques muy fuertes para su defensa, el primero el más fuerte, estaba bien preparado y el lugar en que se hallaba era una cuchilla.

“…Los dos frentes, que cada una tenía sería de anchor de cien pies, tenían cada dos rengleras o paredes ciertos palos llamados guaduas, apartada la una pared de la otra, entre los cuales habían echado gran cantidad de otros maderos y paja seca y tierra y piedras de moler y fajina o rama, de suerte que tenían hecha una bien recia trinchera, acompañada de gran cantidad de troneras o flechaderos. Subía esta trinchera, de esta suerte fortalecida, poco más de un estado, y los maderos de la primera pared subían casi tres estados… tenían por la parte de adentro un foso o cava de siete pies de hondo, toda llena de agua, que para que estuviese más fuerte, habían los indios hecho y traído el agua para toda ella a cuestas y fuerza de brazos” (Aguado, /1582/ 2007: 244-245).

El otro palenque, donde la otra parte de esta gente estaba recogida, que aunque no era tan fuerte como éste, pero estaba en otro sitio igual de áspero. De toda la región de la Tierra Caliente eran los únicos capaces de ejecutar estos grandes sitios defensivos, que exigían una fuerte coordinación para su construcción y mantenimiento. “Tenianle asimismo los indios bien proveído de municiones y vituallas… siempre por el camino fueron topando calaveras y huesos de muertos, que los indios después de haber comido la carne, los ponían aposta para que las viesen y recibiesen temor” (Aguado, /1582/ 2007: 245). Esta es una característica de los cacicazgos del Cauca Medio, el “exhibir trofeos, símbolo de valentía y desestimuladores de ataques” (Escobar Gutiérrez, 1986-1989; 161) y se infiere que Aguado se refiere a los Amaníes dado que eran los únicos caníbales de la región y, por lo tanto, los huesos dejados para inspirar temor, tenían que ser de ellos.

Los españoles estaban temerosos de que

“… en la hora que se retiraran habían de dar los indios sobre ellos,… y demás de esto estaban en la mira de todos los demás naturales, para si los indios de Amani saliesen con victoria, rebelarse todos y dar en los españoles y en el pueblo de españoles… y aun ciertos indios amigos que consigo llevaban los españoles de la provincia de Samaná (está escrito Camana)  para proveimiento de las cosas necesarias, se habían ya desvergonzado a no servirles como de antes, y cuando les mandaban algo respondían que lo fuesen a mandar a los indios de Amaní” (Aguado, /1582/ 2007: 249).

Es decir, que de la victoria de los Amaníes dependían los demás que estaban sometidos y acompañaban a los españoles, aunque no participaran de la rebelión directamente; si, estaban de acuerdo y así lo manifestaban.

… “De dentro del palenque estaba ya después de anochecido un indio puesto sobre un teatro que aposta había mandado hacer de madera con ciertos reparos para que con los arcabuces no le pudiesen hacer daño; y con una voz algo feroz se estuvo toda la noche hablando y diciendo bravosidades y desgarros contra los españoles… que no pensasen ser más afortunados que otro capitán que en tiempos pasados, con muchos más españoles les había querido asaltar el palenque…”, (aquí se refería al capitán Maldonado) y dirigiéndose a los indios de Samaná que iban con los españoles, “les decía que quien los había engañado a venir en aquella compañía que venían, pues de ello les iba a resultar gran daño y castigo” (Aguado, /1582/ 2007: 249-250).

Esta última arenga transcrita por Aguado, muestra a un indígena probablemente un jefe religioso o un cacique con una capacidad de oratoria notable, bien protegido para poder por largas horas, realizar su discurso y también su enojo con los indígenas que acompañaban a los españoles como cargueros, a los cuales, incluidas sus familias, amenaza con una muerte cierta e incluso con la esclavitud, lo cual era evidentemente incumplible.

Ante la derrota, realizan una retirada muy ordenada, prendiendo fuego a lo que quedaba para dificultar la persecución, con los hombres en la retaguardia; y aunque se puede considerar exagerado el cálculo de cuantos estuvieron recogidos, es evidente que son más que una comunidad. “Juzgose por la mucha gente que vieron salir de este palenque e ir por diversos caminos, y por la mucha casería que en él había, que estuvieron recogidas en él más de cuatro mil personas” (Aguado, /1582/ 2007: 250-251).

Rufas, el enviado español para vengar la matanza de los españoles, esclavos e indígenas, cerca de Vitoria, descompuso el palenque, y toda la gente que allí había se retiró con su capitán don Alonso. Este jefe había sido traído desde Ibagué, por los españoles; el apelativo de “don” se refiere probablemente a su condición de cacique, porque esa era la manera de reconocerles su posición, diferenciándolos, al darles un tratamiento especial que otorgaba beneficios y a la vez, organizar la explotación de sus “súbditos”; en cuanto al nombre de “Alonso” se desconoce su razón de ser, pero posiblemente correspondía a su relación con los conquistadores, quienes le habían dado nombre cristiano.

Se retiraron a un lugar algo apartado, “donde se hacían grandes borracheras para determinarse en lo que debían hacer, porque el principal y naturales de aquel pueblo no estaban en seguir la rebelión de don Alonso y sus secuaces”. Estas reuniones eran una costumbre generalizada, “es de saber que, a lo menos en el distrito de este Nuevo Reino, cuando algunos indios quieren rebelarse o hacer alguna alteración u otra cosa señalada, primero han de hacer grandes juntas y concursos de gentes en partes señaladas, donde residen los más principales, y allí se entretienen algunos días y noches, los cuales despenden en bailar y cantar y beber hasta embriagarse”. En estos cantan y representan los trabajos que en servir a los españoles tienen, la libertad que antes tenían, la opresión en que se ven, las muertes de sus padres, hermanos y parientes, el despojarles de hijos e hijas para las minas y el verse despojados de sus santuarios y el no tener la  libertad para practicar su religión, por todo lo cual deben aplacar a sus dioses, echando a los españoles o matándolos (Aguado, /1582/2007:252). Ante esta descripción de las reuniones para la toma de decisión de los Amaníes, a quienes la antropóloga Herrera Ángel, llama Pantágoras, que es el término más general de los indígenas de la región, hace la siguiente explicación:

“Fue posiblemente por el importante papel que ocupaban estas celebraciones de la organización comunitaria que se las vituperó a tal punto, que lo sobresaliente de ellas, por el mismo nombre que se les dio, borrachera, o sea la embriaguez… se aprecia en este caso que la celebración podía operar como un espacio para la toma de decisiones de la comunidad, en las que los cantos eran utilizados por los dirigentes y por otros miembros para formular su posición, frente a los hechos y plantear posibles soluciones…. En otras oportunidades lo que sobresale en la celebración es la narración de los hechos del presente y del pasado…la historia de la comunidad con todas las implicaciones que la percepción del pasado tiene sobre la acción en el presente (Herrera Ángel, 2002).

Todo el proceso de retaliación por el anterior ataque de los Amaníes, produjo que “los indios que no habían tenido paz ni amistad entre sí se convirtieran en aliados, azuzados por su creencia de que los españoles comían carne humana y por esto los buscaban, lo cual los hizo más obstinados en su rebelión” (Aguado, /1582/ 2007; 222) y esta alianza llega al punto que los Amaníes, estaban dirigidos por un extranjero y trataron de convencer a un cacique, posiblemente de otro grupo, de la justicia de su causa, durante la gran rebelión sin lograrlo, y después que se retiraron, el cacique se presentó a los españoles, garantizándoles su fidelidad (Aguado, /1582/ 2007; 253). Es decir, se rompió la regla tradicional que no permitía que los “extranjeros” siquiera viviesen conjuntamente con los Amaníes. La conquista permitió que se unieran y aliaran grupos totalmente extraños hasta entonces, pues la pertenencia al grupo estaba determinada por el eje del parentesco (no por el territorio lo cual es lo común en los Estados). Esta alianza es posible de manera temporal y con un fin preciso pues no puede haber lealtad ni confianza absolutas por fuera de las fronteras de parentesco.

Entrevemos su organización política, con caciques representantes de la comunidad, por ejemplo, con uno que se dedica a proferir amenazas desde lo alto del palenque, el cual ha sido construido haciendo gala de un derroche de trabajo comunitario; con la necesidad de hacer una “borrachera” para organizarse y convencer al que no está de acuerdo en continuar con la rebelión. Valencia Llano (2010; 100) considera que los indígenas de esta comarca no evolucionaron hasta llegar al cacicazgo, pero, también que habían estado muy influenciados por los vecinos que tenían del lado occidental de la cordillera, pozos, paucuras, armas y picaras, “razón por la cual habían copiado de éstos la institución del cacicazgo” (Valencia Llano, 2005; 241) y pensamos que estaban muy cerca de esta organización supracomunal, sin tener los suficientes datos económicos para probarlo.

Posteriormente Aguado describe los matrimonios, pero ésta es la última referencia que de ellos se hace específicamente, todo lo cual nos deja en la duda de su desarrollo agrícola, metalúrgico, de intercambio y de la capacidad de superar el nivel comunitario, uniendo a varias comunidades.

“Los casamientos se hacían por la vía de trueco, como entre los patángoros, excepto que después de concertado un casamiento para efectuarse y venirse a juntar los dos, ha de pasar un término y espacio de cuatro meses”…” y pasados los cuatro meses si los dos están satisfechos… se efectúa y celebra el casamiento en una casa que para ese efecto tienen diputada y hecha… excepto que en el sujetarse las mujeres y hacerlas vivir casta y limpiamente usan de todo rigor” (Aguado, /1582/ 2007; 271).

No se describe el sistema de parentesco, ni sus características como se hará para el resto de los Pantágoros. Es una unión más desarrollada, en la cual, en primer lugar es similar al matrimonio de prueba, “mientras se hace evidente el entendimiento de la pareja” (Gutiérrez de Pineda, 1963; 21) y en segundo, ya más cercano a la familia sindiásmica, donde se ejercen mayores controles al comportamiento de la mujer pero que les significa también una profunda estimación como mujeres, como madres (Engels, 1974; 45 y 50) Subir

 Las Exequias Pantagoras

De Acuerdo con De Acosta (1940). “Las ceremonias que usan con los muertos son en esta forma:  Júntanse en casa del muerto todas las hermanas y parientes y lo primero que hacen es amortajarle, atándole los pulgares de los pies juntos uno con otro y las piernas una con otra, por cima de la rodilla, y tras esto lo pintan todo el cuerpo de diversos colores , lo mas galanamente que puede ser pintado; y entre las demás tintas con que pintan a estos muertos, la blanca y amarilla no se usa de ellas en otros regocijos sino es en mortuorios, porque las tienen estos bárbaros aplicadas a este efecto, y luego le ponen todas las joyas que tienen y se hallan en su poder, que son cuentas blancas, que entre ellos las había antiguamente, y plumajes y otras maneras de galanerías hechas de plumas de aves de diversas colores, y puestos en este estado le revuelven por mortaja una estera al cuerpo; y conclusas estas ceremonias del amortajamiento, por algún espacio de tiempo todas las mujeres que están presentes le lloran con una manera de endechas y cantares dolorosos y que incitan a tritura, dichos por buen concierto y compás, que en sólo esto parece que tienen policia.

Estos bárbaros lo que en los cantares dicen es las fuerzas de que el difunto había usado en la vida, loándole de virtuoso, bien acondicionado y hombre trabajador y sustentador de su casa y familia y de la honra, buen guerrero y animoso; y por aquí van discurriendo hasta acabar de decir todo lo que de él saben y han oído y entendido, y con esto lo levan a sepultar, y al tiempo de charle en la sepultura se hace otra ceremonia en el muerto, no menos bárbara que las demás.

Llégase a él un viejo, así como de los de su familia y el mas principal de ella, en algunos casos el brujo llamado “Shamanes” y con una flecha que trae en la mano da tres punzadas al difunto en el labio bajo de la boca, y en las asillas entre los hombros y el pescuezo le da cada tres punzadas y en los lomos hace lo mismo, y luego le atraviesa la flecha por entre la barriga y la mortaja, lo cual dicen hacer porque el demonio debajo de llevar consigo al difunto acuestas ceremonias y flechas, está obligado a hacerle allá todo buen tratamiento y amistad; y conclusa esta última superstición lo entierran en su sepultura, y le cubren el cuerpo con tierra”.

A la orilla izquierda del rio la Miel, 12 kilómetros antes de su desembocadura en el rio Magdalena, se han encontrado grandes tumbas tallas en roca vivía; urnas funerarias, cerámicas de uso doméstico ceremonial y volantes o torteros para hilar rodillos, estampadoras y hachas de piedra. Las urnas aparecen con adornos de figuras humanas y animales; los recipientes son ovoidales y los hay hasta medio metro de altura. Subir

Las Ánimas de los difuntos indigenas.

 “Sobre el paradero de estas ánimas tienen diversas opiniones, porque unos dicen que van a parar a las riberas del río grande de la Magdalena, a donde hay mucha caza, montería y pesquería, y de todos otros géneros de mantenimientos y bebidas, porque la principal felicidad de estos bárbaros sea el comer y beber, aplican por lugares aptos y cómodos para las ánimas de sus difuntos aquellos donde ellos les parece que hay mas abundancia y fertilidad de comidas y bebidas; otros tienen por opinión que estas ánimas de sus difuntos van al otro hemisferio y parte del mundo a quien comúnmente solemos llamar antípodas, y para significar esto dicen que van donde el sol va a dormir o está cuando donde ellos habitan es de noche, lugar que ellos figuran asimismo abundantísimo de todos los géneros de comidas, porque como he dicho, su fin de estos miserables es dar a las ánimas lugar de mantenimientos; y esto dicen haber sabido de muchos difunto, parientes y hermanos suyos, que volviendo a este mundo se lo han dicho, cosa no menos por cierto de reír y aun de llorar que las demás que el malvado demonio, tomando forma de hombre, se les aparezca a estos miserables fingiendo ser sus parientes difuntos, y para darles más priesa, a que aborrezcan esta vida y vayan a gozar de los tormentos infernales, les diga y dé a entender que los lleva a donde hay mucha abundancia de comidas y bebidas; y esto tienen tan creído los indios que, como en lo atrás escrito, se sabe y ha visto, muchos por irse con tiempo a gozar de estas falsas promesas, se ahorcaban en tiempo de necesidad, y aún sin ella, con cualquier leve enfermedad, se dejaban morir con decir “ voy a ver a mis hermanos y parientes, y a comer y beber sin trabajar” (Aguado, 1957). Subir

El vestido

No ponían cuidado especial al vestido. Solían andar desnudos y cuando más, los hombres se cubrían con un guayuco o taparrabo y las mujeres con una pequeña falda de algodón y a veces con una manta. Se pintaban el cuerpo caprichosamente y lucían finos adornos.Subir

LOS PRIMEROS MINEROS Y CAVADORES 1800

Despúes de abandonada Victoria en 1.585, ante el exterminio de los Pantágoras o Palenques, no se vuelve a tener noticias de esta región, sino hasta que el Virreinato concede zonas a los pobladores de Sonsón, para que las colonicen. La región bañada por el río Samaná o Timaná estuvo casi desierta en los últimos siglos.

En el transcurso del presente ha sido invadida por animosos exploradores que han poblado el distrito de Sonsón y se han ocupado en explotar los aluviones del Samaná y de algunos de sus afluentes en especial del Mulato y de Espíritu Santo. Estos han vuelto a ser tan productivos que el Dr. Manuel Uribe pudo decir con verdad en su Geografía de Antioquia (1885): "Toda la hoya del Samaná es eminentemente aurífera, con especialidad en el álveo del río y en el cauce de los riachuelos y torrentes."

Las minas de los Palenques son a no dejar duda, las ricas venas auríferas de Río Dulce, que fueron descubiertas de nuevo en 1840, y de las que se extrajeron en pocos años y con cortos gastos más de 500 libras de oro, barriendo el terreno superficialmente descompuesto que atraviesan las venas. En las minas de Nechí, situadas en la misma región, se encontraron barras cuadrangulares, mazas y almocafres dejados allí por los españoles.

Las noticias dadas por el señor Guillén sobre la situación de la primitiva Victoria han servido para descubrir su sitio en 1889. Entre las quebradas Jagual y Santa Rosa, que se unen para desembocar en Río Manso, afluente de La Miel, se halló un recinto circuido por un pretil de piedra, dividido en solares cercados también de piedra, y formando calles. Justamente Rodríguez Fresle había escrito que Victoria "tenía su asiento entre dos quebradas que ambas parecía que vertían oro." Aún quedan rastros del camino que conducía de la ciudad al río La Miel. -  http://www.banrepcultural.org/blaavirtual/historia/minas/minas4.htm Subir

CONCESIONES DE TIERRA Y LOS CAMINOS DE ARRIERÍA XVIII

Los historiadores recrean la historia así: Durante el periodo de la colonia los reyes de España se consideraron dueños de las tierras coloniales ubicadas en la nueva América, pero la iglesia también tuvo su cuota, pues tenía la plena intensión de convertir a la fe católica a los pobladores de dichas tierras.

De las concesiones de tierra puede decirse que se derivó la creación de las Encomiendas; cuyo sistema consistía en reunir una población, la cual era puesta bajo la supervisión de un individuo llamado encomendero, quien estaba al cuidado de la respectiva población asignada. Este debía cristianizarlos, civilizarlos y enseñarles algún arte o industria, y como recompensa recibía los tributos de los habitantes a la corona española.

Las concesiones de tierra otorgadas por la corona española, se constituyen como una de las formas más conocidas en la época, de asentamiento y posterior poblamiento de una región. Es así como en Antioquia especialmente se hacen estas concesiones de forma privilegiada a los acaudalados pobladores provenientes de España, a algunas compañías y en última instancia a pobladores de regiones alejadas que por su condición de pobreza le era imposible comprar tierras, por eso las pedían o casi las mendigaban.

Una de las primeras grandes concesiones conocidas fue la concedida a Felipe Villegas, ubicada en la parte más meridional de la provincia de Antioquia y concedida por la Audiencia de Bogotá en1763. Este señor, legítimo de Burgos (España) estuvo asentado en los territorios del municipio hoy conocido como Rionegro.

El principal fin de Villegas con las tierras concedidas por la corona era “la construcción de un camino de peaje nuevo y más corto que comunicara a Medellín con Mariquita”, para lo cual requiere de más territorios, que fueron pedidos de igual forma en concesión al rey en 1776.

De las vastas tierras de Villegas existían unas deshabitadas y sin uso, de las cuales fueron apropiándose gente de escasos recursos y quienes más tarde empezaron a solicitar esas tierras como “pobres Vasallos”, entonces fue como promovió el poblamiento del hoy conocido pueblo de Sonsón (en el año 1807 habían censados de 2.143 personas)  y Abejorral; pero a este más específicamente lees cedida una porción de la concesión de Villegas por el hijo de éste, para el asentamiento formal de la población hacia el año 1811.

También citamos que en 1780 José María Aranzazu, un español que se había radicado en Rionegro en 1774, solicitó al Rey Carlos VI que le fueran dados en concesión los terrenos que conformaban un inmenso latifundio que se extendía desde Aguadas casi hasta el municipio de Chinchina. Esto es lo que la historia registra como la Concesión Aranzazu. El mencionado señor, padre de Juan de Dios Aranzazu, quien fue Se desempeñó como gobernador de Antioquia entre 1832 y 1836 y presidente de la República de la Nueva Granada en 1841, descubrió estos terrenos mientras realizaban un viaje entre Rionegro y Bogotá. El domino sobre los mismos le fue concedido en el año 1801. La ruta utilizada por el señor Aranzazu para llegar a Bogotá fue el río Cauca  hasta la desembocadura del rio Pozo, pasa escalando la serranía, cruzar por lo que hoy es el municipio de Salamina. De ahí cogió hacia lo que se denomina entonces el paso de Herveo hasta bajar a Mariquita y de allí ascender a la capital.

La colonización antioqueña es el fenómeno más importantes que se produce en Colombia, señalan que en 1807  el Virrey Antonio Armar y Borbón adjudicó una extensa zona de terreno, comprendida desde el río La Miel hacia el Norte y Occidente hasta el río Aures, por intermedio del Juez poblador de Sonsón don Joaquín Ruíz y Zapata a los Hermanos Luisa María, Jasón Esteban y Baltazar Ramos, concesión que comprendía los terrenos que hoy ocupan los municipios de Pensilvania, Samaná y parte de Marquetalia. En este mismo año se hizo abrir un camino al rio Tasajo.

En el libro “Monografía de Pensilvania”, publicado inicialmente en 1926 por el profesor Félix Quintero, se dice que el título de posesión de estas tierras especifica los linderos de la siguiente manera: desde la cordillera de Los Parados, lindero con los herederos de Don Felipe Villegas,  buscando una cordillera que está al respaldo vertiendo al río Samaná, por ella abajo hasta encontrar con dicho río Samaná; esté abajo hasta el río La Miel. Por esté arriba hasta su origen; de allí a dar a la Cordillera del Páramo de Herveo; de aquí a buscar los linderos de los Villegas y de los pobladores de Sonsón”.


En 15 de marzo de 1808 Juan Marín, Juez poblador de Rionegro, expidió un decreto sobre la repartimiento de tierras de Samaná y La Miel, en el territorio concedido por el gobierno de Santa Fé.

En tiempos de la reconquista española (Régimen del Terror 1816 - 1819), algunos patriotas fueron condenados a trabajar en caminos de Antioquia, en uno de los tramos del camino de Villegas Sonsón – Honda. Más de 2.000 hombres fueron enviados a cargo del doctor José Manuel Restrepo, presentándose deserciones y enfermedades en la mayoría de los desterrados. El puente sobre el rio Moro  era justamente la mitad de este trayecto, lugar a donde llegó el 7 de octubre de 1816 el Gobernador de Antioquia nombrado por Morillo, Sebastián Díaz. Poco después este camino fue abandonado a raíz del triunfo criollo sobre los españoles en 1819. Subir

PENSILVANIA 1860

En 1860, un grupo de comerciantes antioqueños, entre los que estaban Isidro Mejía y Manuel Antonio Jaramillo, llegaron desde distintos lugares de lo que en ese tiempo se conocía como Antioquia la Grande, en busca de una vía más corta en su camino desde Salamina hacia Honda. Se establecieron en el lugar que hoy ocupa Pensilvania, conocido como “Las Tenebrosas selvas de Sonsón”, y comenzaron un proceso de colonización de este baldío territorio, levantando chozas de paja en el sitio que hoy ocupa la plaza principal y poblándolo paulatinamente con la llegada de sus amigos y conocidos.

Fue Don Isidro Mejía quien solicitó luego a Don Pedro Justo Berrío, Presidente del Estado Soberano de Antioquia, la creación legal del Corregimiento de Pensilvania, y fue nombrado también Don Isidro el primer inspector.

Pensilvania nació entonces el 3 de Febrero de 1866 por un Decreto en donde fueron definidos sus límites. Como municipio se le conoce a partir del 18 de Diciembre de 1872.

OTRA INCURSIÓN AHORA DESDE MANZANARES 1864 -1875

Existen varias leyendas sobre la manera como se creó la Municipalidad de Manzanares. Una en el sentido de que fueron indios Marquetones, Palenques y Pantágoras los que se encontraron a la llegada de los conquistadores. Lo cierto es que estas razas indígenas se exterminaron rápidamente y se inició una exploración para encontrar vestigios de aquella civilización. Los pobladores subsiguientes Campuzanos, Martínez, Marulanda y otros, recorrían las márgenes de los ríos Santo Domingo, Guarinó y La Miel en grandes expediciones para comprobar que no habitarían los indígenas de las áreas hoy pobladas, sino las márgenes de los ríos antes citados. Fue así como los expedicionarios de varias regiones del oriente de Caldas descubrieron un gran cementerio indígena en la vereda Las Playas, situada en las regiones adyacentes al rico cañón del Guarinó (Gaceta de octubre de 1875).

Se ha establecido a partir del libro de Albeiro Valencia Llano (Vida Cotidiana y Desarrollo Regional en la Colonización Antioqueña), que el señor Julián Orozco fue la persona que partiendo de Manzanares, emprendió la ruta para llegar hasta Samaná.

Las Familias Marín y Campuzano que eran compadres fueron los más sobresalientes entre los colonizadores de la Comarca. A esta pequeña villa le dieron el nombre del Edén, en un principio por el gran cultivo que había de frutas silvestres entre las que se destacaban las Manzanas y las Guayabas, posteriormente por motivo de conmemorarse un aniversario de la llegada al nuevo mundo de don José Valentín Cortes, primo hermano del conquistador Hernán Cortes y quien había sido uno de los Españoles que más se preocupo por el bien de los Americanos, que era un verdadero ídolo de la provincia de Manzanares (España), y al ver el gran cultivo de esta fruta que había en la comarca decidieron colocarle a la ciudad el nombre de Manzanares el 12 de octubre de 1864; fue erigido Municipio en 1879 por el presidente del estado soberano del Tolima y haciendo parte del circuito judicial de Honda. El Decreto Legislativo 763 del 29 de enero de 1907 anexo al recién creado Departamento de Caldas el Municipio de Manzanares.Subir

COLONIZADORES CON HISTORIA EN SAMANÁ  1819

Siete (7)  días después de la Batalla de Boyacá (7 de agosto de 1819), el Alcalde Juez Pedáneo de Sonsón Pablo de Toro Zapata, escogió a los señores Pedronel Toro y Elías Cifuentes para que dispusieran de algunas tierras de este municipio, tasados en $1.000 fuertes y una tierra en las Palmas, en $400.lo que no se ha podido establecer es si estos señores cumplieron la orden. Es de suponer que sí. Lo que ocurrió para que no fundaran un pueblo  haber sido que no encontraron las condiciones propicias para hacerlo ya por lo escarpado del terreno, por la distancia a que estaba ubicada de Sonsón  o por la poca gente que entonces se aventuró hacia esas tierras.  

Los textos históricos indican que el 28 de Agosto de 1878 un señor de Miguel Murillo, minero de profesión, entró a esta región en compañía de sus hijos Juan Gregorio, Jesús María, Heliodoro y Pedro.  En el archivo Municipal el Hermano Florencio Rafael encontró un documento que arroja luz al respecto. El mismo dice: “se albergaron en el lugar llamado Tasajo, donde había rancherías construido con palmichos de los mineros que anteriormente habían entrado, época en que existía una finca de unos señores Jaramillos en La Esmeralda; y solamente hasta allí había un camino de animales. De dicho punto, el tránsito se hacía por la montaña con muchas dificultades”. Este documento demuestra que el señor Murillo se interesó tanto en las tierras que, después de trabajar durante algunos días, decidió continuar inspeccionándolas. Como le parecieron aptas para el trabajo agrícola emprendieron “la derriba de la margen derecha de la quebrada denominada Sardinas”. Luego sembraron caña dulce en un sector denominado Combia.

Impresionados por la fertilidad de las tierras y sobre todo por la cantidad de oro que se advertía en el río, Miguel Murillo y sus hijos se regresaron a Pensilvania para entusiasmar a otros colonos sobre las posibilidades económicas que ofrecía la región. Fue así como lograron comprometer a Joaquín Ríos, Hilario López, Alfredo Martínez, Gregorio Soto, Juan B López y Ramón Ortiz para que los acompañara. Días después llegaron Policarpo Carvajal, Cipriano Herrera Rivas, Clemente Gil, José María Betancur y Alejandro Ramírez. Todos quedaron impresionados por la abundancia de aguas, por el clima suave, por la vegetación exuberante, por el aire fresco que tenía la región. Convencidos de que allí encontrarían un futuro promisorio debido a que había mucho oro empezaron a construir viviendas para sus familias, organizándole a los lados rozas y cementeras. Una vez listas, regresaron a Pensilvania para traer a los suyos y, al mismo tiempo, adquirir elementos para la explotación del mineral.

La Asamblea de Antioquia, a partir de 1869, trato de promover el desarrollo agrícola experimentando impuestos locales a los cultivadores; y en 1877 reglamente bonificaciones para varios productos, entre ellos el café plantado.

Empezaron a penetrar la montaña y tumban selvas de las primeras veredas conocidas: los Jazmines, Santa Rita, El Bosque, San José, Morrón, La Linda, san Pablo entre otros. De estos hombres cuelgan de su cinto poderosos machetes, de sus hombros tercian el carriel de nutria y llevan protegidos los pantalones con cuero de tatabras.

El 28 de Agosto de 1878 acordaron darle el nombre de San Agustín, en homenaje al santo de ese día. Seis años después, en 1884, iniciaron los trámites legales para la creación del corregimiento. Extraña coincidencia, es erigida como tal el 28 de agosto de 1884. Los autores de la “Monografía de Samaná” sostienen que a la idea se sumaron los señores Raimundo Arias, Pedro Pablo Carvajal, Manuel Ospina, Aldemar Zuluaga, Clemente López, Avelino Herrera, Manuel Antonio Arango, Jesús Herrera, Joaquín Patiño, Matías Londoño, Evangelista Ríos, Pedro Pablo Ocampo y Jesús María Pamplona. Sin embargo, a estos nombres no hace mención el Hermano Florencio Rafael en su libro. Al único que menciona como colonizador es a Jesús María Pamplona, reconociendo en él a un hombre con el valor suficiente para enfrentarse a la naturaleza. De Evangelista Ríos dice que fue un constructor de puentes nacido en Pensilvania, de padres oriundos de Abejorral, que prestó su contingente para el buen suceso de la tarea colonizadora.

Todo parece indicar que Pensilvania no estaba de acuerdo con la fundación de un nuevo poblado. La segregación de una parte considerable de su territorio repercutiría no solo en su extensión geográfica sino en sus propios ingresos debido a la cantidad de oro que de los ríos Tenerife, La Miel y Samaná extraían los mineros. Uno de los asistentes a la reunión donde se proponía crear el nuevo poblado, de nombre Francisco Hoyos, dijo que la oposición de Pensilvania no representaba ningún obstáculo para alcanzar el propósito. Fue cuando sugirió que, debido a que los terrenos eran propiedad de los Hermanos Ramos, se desplazaran hasta Sonsón para proponerles a ellos la idea. Para tal efecto comisionaron al mismo señor Miguel Murillo quien inmediatamente se desplazó para cumplir el encargo. Con tan buena suerte que los mencionados hermanos Ramos aprobaron la propuesta y, mediante oficio firmado ante notario, regalaron 48 cuadras para que diseñaran el poblado, autorizándolo para que repartiera la tierra como lo estimara conveniente (julio 1869). La noticia alegró tanto a los colonizadores que a la semana siguiente empezaron a programar convites para derribar con hachas y machetes la tupida montaña.

Año 2009  Germán Alberto Cifuentes Sánchez (41 años), Nos aporta los nombres de la familia descendiente de uno de los fundadores  Elías Cifuentes. Descendiente de los Cifuentes y de los Sánchez de Samaná - Eliazar Cifuentes Abuelo y Josué Cifuentes Padre - José Noel Sánchez Abuelo y Myriam Sánchez Madre. 

Don Eliazar era casado con la prima hermana a doña Eva Cifuentes y su hermano Tito también se caso con la prima hermana Carmen Cifuentes hermana de Eva.

Doña Evangelina  vendia coles para los frijoles por la calle real.

Don Secundino Toro abuelo, Pompilio Toro padre de Silvio de Jesus Toro Molano fue arriero reconocido, porque por la vereda planta salia a la vereda la Culata y luego a Honda o Marquita a hacer arrieria por varios días.

De descendencia de Don Cipriano Herrera esta la señora Rosario Herrera, que dio vida a la señora Bertha,  Gilberto y don Julio Giraldo (droguería Giraldo).

Don Ramón Ortiz tuvo a don  Daniel Ortiz que tenía unos billares y sigue Enrique Ortiz cuyo tío es don Julio Giraldo.Subir

Mariquita: Puente y destino

El oriente tenía la gran ventaja de poderse comunicar con el río Magdalena por medio de su afluente, el río Nare, o por las montañas atravesando el Samaná para llegar a Mariquita y a Honda por el camino llamado de Herveo. El oriente fue desde temprano un crucé de caminos en la provincia que comunicaba de los puertos del río Magdalena al interior de la región, y que desarrolló una clase importante de comerciantes.

La primera noticia del Camino de Herveo se dio en 1547 por el Oidor Miguel Díaz de Armendáriz, tres años antes de la fundación de Ibagué y Mariquita, al informar la posibilidad de surtir por esta vía a la Ciudad de Cartago en la Gobernación del Cauca. El Camino de Herveo tuvo una utilización importante durante el siglo XVI, pese a sus difíciles condiciones.

Pedro Biturro informa y detalla el itinerario de este camino, en 1781, y señala la contradicción entre la idea de llegar directamente al Río de la Magdalena con sus duras y poco funcionales condiciones de construcción y tránsito:

"Desde la ceja de las Doctrinas hasta el páramo es monte asperísimo, son muy escasos los pastos mueren muchas mulas y también los tigres cebados matan muchas. En el páramo hay pastos, hace daño el tigre hasta Escobalitos de Tres Cruces. Del páramo hasta la boca del monte cerca de la Parroquia no hay pastos y solo en algunas dormidas hay chusque que se corta para que coman las mulas pero con el riesgo que se maten con los cortes que se suelen introducir por la barriga. En la Boca del Tigre cerca de la Parroquia se revive mucho el daño del tigre y hay pasto hasta Honda" (Archivo Histórico de Antioquia, Caminos Tomo 71, documento 1971.)

La posición geográfica de Manizales, la dinámica prontamente alcanzada por las nuevas zonas de colonización y la introducción y desarrollo del cultivo del café como producto de exportación, generan una intensa actividad de transporte y de movimiento comercial reflejado en las descripciones asombradas del periódico "El Renacimiento" de Ibagué, en julio de 1905:

" ....El viajero que cruce el camino que del puerto citado(Honda) conduce a la capital de Caldas, cree atravesar un campamento en línea de batalla, pues a cada paso, con distancia de pocas cuadras, da con una o dos toldas que cubren el campamento ordenadamente colocado, y bajo las cuales están los infatigables arrieros jugando tute y aspirando el vapor de la olla en que se cuecen los suculentos fríjoles. Quince días, en ida y vuelta, gastan las partidas de bueyes que conducen carga de Manizales a Honda por un camino duro, peligroso y aterrador en verano, intransitable en invierno, los cargamentos que van del Quindío emplean cuatro o cinco días más"

Resulta, igualmente pintoresca e ilustrativa, la publicidad sobre un negocio en Mariquita, contenida en la revista publicada por Don Eduardo López:

"Arrendadores de bestias

…..Rubio Miguel A. fleta bestias así: al Fresno, $2.00; a Manzanares, $6.00; a Victoria $2.00; a Marquetalia, $4.00; a Samaná, $8.00; y para correrías de diez días en adelante, $0.80 diarios, con todos sus aperos correspondientes..."

Los Padres Católicos

A principios de 1889 viniendo el padre Amador en cumplimiento de su labor, en el Alto del Abejorro sufrió una aparatosa caída y llegó al poblado bañado en sangre, ante la confusión de los feligreses. Consiente de peligro y la imposibilidad de cubrir todas las necesidades de su parroquia, pidió al Obispo otro sacerdote para esta sección.
José Antonio Restrepo R.

El primero de marzo de 1889, vino entonces el padre José Antonio Restrepo a lomo de mula. Con la mano derecha sostenía las riendas de animal, y en la izquierda empuñaba un libro de misas que leía en cada descanso. Colgado al cuello traía un crucifijo de madera que besaba cuando la mula se sumergía en algún lodazal, como implorándole  para que le ayudara a cruzarlo sin dificultades. Sobre las ancas del animal traía una maleta de cuero donde guardaba sus pertenencias y traía consigo el decreto de erección en Vice-Parroquia para San Agustin y designándolo a él como primer Vice-Párroco.

Las gentes recibieron con alborozo el nombramiento y saludaron el sacerdote mediante ceremonia preparada por doña Eusebia Carvajal de Amaya, que se desempeñaba como maestra de la escuela, fue la organizadora del acto en la que participo toda la comunidad. Así lo narra la señora Teresa Salazar en testimonio ofrecido al hermano Florencio Rafael en 1895: “se le hizo un gran recibimiento. La estudiante Gregoria Orozco, esposa más tarde de don Francisco Ospina, pronuncio el saludo de bienvenida.”

El acta de instalación, en su manuscrito del sacerdote, reza:

“Erección de la Vice-parroquia de San Agustín” - Marzo de 1889

 “I- el 07 de marzo de 1889 se recibe un decreto del Señor obispo Diocesano D.D. Bernardo Herrera Restrepo, de fecha 26 de febrero último, sobre la erección de una viceparroquia con el nombre de San Agustín y por los siguientes límites (…) Dispone igualmente que el decreto príncipe a regir el 6 de marzo del mismo año; que el cura proceda a organizar las juntas de fábrica o diezmos y que los fieles den la “congrua sinodal” y contribuyan para todo cuanto es indispensable  para el culto divino. Se encuentra en el legado 1 de providencias originales, bajo número 1, folio primero (…) Y para que conste lo firmo.”

El padre ya en propiedad, le corresponde poner en orden los libros de la iglesia. Con una caligrafía impecable abre los registros de bautizo, matrimonios y defunciones. Y en sus páginas registra  sus primeros actos litúrgicos. En sus dos primeros al frente de la viceparroquia  se encarga de mejorar lo concerniente a la iglesia.  La había encontrado en condiciones aceptables. Sobre todo porque el padre Rafael Amador Ramírez llegaba en forma ocasional, dos veces al mes. No le quedaba entonces tiempo para dedicarle a su ornamento.

Dos meses después de llegar al poblado, realiza la primera  partida de bautizo fue el 3 de mayo de 1889 inscribe en el libro #1 la imposición del mencionado sacramento a Marco Tulio Ocampo Ospina, niño que había nacido el 11 de marzo. Como hecho especial se debe anotar que el niño fue bautizado el mismo día que murió. Lo mismo sucedió con otros cinco bautizos registrados la primera semana después de haber abierto el libro correspondiente. Era el hijo de Juan Pablo Ocampo Y Margarita  Ospina. Fueron sus padrinos Cipriano Herrera Rivas y Matilde Llanos. La segunda persona bautizada fue Ángela María Henao López. Fue dos días después del primero. El 5 de mayo. Como el caso anterior, ese mismo día le impusieron los Santos Oleos. Había nacido el 17 de marzo. Lo que comprueba que en los dos primeros meses de permanencia en San Agustin no pudo el Padre José Antonio Restrepo no pudo atender ningún bautizo. Durante este mes solamente recibieron este sacramento otras cuatro personas: José Eleuterio Arias, Carmen Lina Gil Carvajal, Luis María Cardona Muñoz y Fabriciano Jiménez Muñoz. Con respecto al bautizo de José Eleuriano Arias hay que señalar tres cosas: Primero,  fue bautizado cuando ya contaba con casi siete meses de edad. Lo que quiere decir que en sus fugaces visitas del padre Rafael Amador, no alcanzó a imponerle este sacramento. Segundo, que era hijo natural de la señora Clara Arias. Este hecho llama la atención porque para esa época la iglesia no bautizaba  a los hijos de padre desconocido. Y, tercero, también fue bautizado el mismo día que murió. Este hecho es una constante durante los primeros meses del ejercicio del padre José Antonio Restrepo.

El primer matrimonio lo contrajeron  Mario Cardona y Benilda García. La primera partida de defunción  fue la de Jesús María Calderón.
El Sacerdote realiza por su propia cuenta, varios empadronamientos para establecer cuántas familias habitaban la región. En 1889, el mismo año en que asumió los destinos espirituales, cinco años después de la erección como corregimiento, contabilizó un total de 97 familias. Siete años después, en 1894, el número de familias había aumentado considerablemente: había 293. Tres años más tarde un nuevo empadronamiento arrojaría un total de 397 familias establecidas.

El Obispo de la Diócesis de Medellín Monseñor  Joaquín Pardo Vergara visitó la Vice-parroquia cuatro años después de establecida así, el 13 de agosto de 1893, en compañía del Secretario Eladio Jaramillo, elaboró el Acta de Visita Eclesiástica, en el cual felicita al Padre Restrepo  por su gestión y les ordena, entre otras cosas, dedicar lso recursos a terminar la Iglesia y comprar imágenes; comprar pare el templo “área de terrenos suficientes para que quede con cuatro solares”; y le concede la facultad de aceptar escrituras de propiedad a favor de la Parroquia. Esta visita constituyó un verdadero acontecimiento   en el joven poblado.

Sobre la forma como avanzan los colonizadores hacia las montañas de Samaná, a veces atravesando peligrosamente los ríos, el Hermano Florencio Rafael hace este emocionado relato: “Otras brigadas más frescas, más jóvenes, ocupan la vanguardia. Renuevos son ya de los primeros adalides. Y, más inquietos y de aspiraciones más amplias, otean el horizonte desde las cimas de nuevas cordilleras. Son legión. Machete en mano, descienden impertérritos por terrenos abismales hacia los ríos Dulce, Samaná, el Tenerife, La Miel”. Aquí el religioso que en su libro aporta valiosos datos para la historia del municipio habla sobre la forma cómo se presentaban las expediciones colonizadoras, sometiendo la vegetación a la voluntad del hombre que va desbrozando los caminos para avanzar en su búsqueda de un espacio nuevo para los suyos, donde pueda plantar su pie para producir riqueza. El religioso visitó el poblado por primera vez en 1895.

El lugar escogido para la fundación del Corregimiento de San Agustín era el apropiado: una porción grande de terreno de la Cuchilla Bellavista, ubicado entre un sector denominado Los planes y Guadualito, a poca distancia del río Tasajo. Lo atraviesa “una quebrada que corre alegre por entre follajes florecidos”. Los mineros, que diariamente obtienen el oro trabajando en la ribera de los ríos, son los que impulsan la construcción de las primeras viviendas. Para dar buen rendimiento en la explotación del oro, exigen que les brinden buen techo donde vivir. Una vez soltaban la batea donde limpiaban el oro después de extraerlo del río, se dirigían al caserío para ayudar en la organización del naciente poblado. Cambiaban la batea por el serrucho y el hacha. Esto motivo una nueva arquitectura a base de guadua y de bahareque.

Las autoridades de Antioquia tenían un interés grande en que hasta las tierras de San Agustín llegaran legiones de colonos. Como las olas migratorias se habían detenido en las tierras cálidas bañadas por los ríos Magdalena, Pontoná, Doña Juana, Gualí y Guarinó el ascenso hasta San Agustín estaba tardando. Fue por esta razón que el gobierno de Antioquia promulgó el decreto 267 del 11 de enero de 1891 por medio del cual repartía baldíos y estimulaba a los colonos para que se trasladaran a la zona denominada río Verde o Samaná. En el mencionado decreto se estipulaba que las autoridades entregarían títulos de propiedad y, al mismo tiempo, otorgarían un auxilio de doce pesos mensuales durante el primer semestre de permanencia en la tierra para las familias que se quisieran establecer en la región. Además ordenaba entregar herramientas para trabajar la tierra por un valor máximo de 25 pesos. En el libro “Colonización, fundaciones y conflictos agrarios” Albeiro Valencia Llano dice: “Para tener derecho al subsidio el colono debía firmar un documento respaldado por dos fiadores donde éstos se obligan a pagar al tesoro público las sumas que se entregan al beneficiario cuando éste deje de cumplir con la obligación de colonizar y de permanecer en la parcela”. El día que se promulgó el decretó se acogieron a sus beneficios 18 familias de San Luis, Cocorná y Marinilla. La Junta Auxiliadora de Colonos era la encargada de entregar estos auxilios.

Las primeras casas que se construyeron en el corregimiento fueron las de los señores Joaquín Ríos, Ramón Ortiz, Gregorio Murillo, Hilario López y Gregorio Soto. Como fueron ellos los fundadores, las primeras familias en establecerse en el corregimiento, lo más probable es que sus viviendas fueron levantadas en la zona acordada para construir la plaza principal. Ese mismo día en que fue aprobada la erección fue levantada una modesta capilla cubierta de palmicho para realizar los oficios religiosos.

Los autores de la “Monografía de Samaná”, Javier Loaiza Ramírez y Fernando Murcia Vargas, sostienen que el mismo día en que se declaró fundado el corregimiento se realizó allí un acto religioso que estuvo acompañado de pólvora y cánticos por parte de los pobladores. Pero no se dice quién celebró esa primera misa. Como tampoco se dice quién fue el primer corregidor. Un vacío histórico que debe llenarse. Pero, ¿cómo?. Cuando el minero Miguel Murillo llegó a estas tierras desempeñaba la Presidencia de la República el señor Aquileo Parra. Pero cuando se creó el corregimiento dirigía los destinos de la nación Rafael Núñez. “afiladas las hachas  y los calabozos, comienza la socola y cae la selva y crece el maíz y el fríjol, las plataneras y yucales y con esto vinieron el sancocho tierno y las panochas.”

El hermano Florencio Rafael, quien nos aporta gran cantidad de datos, sobre todo descripciones bellamente elaborada, dice que el lugar y el trazo del pueblo son dignos de su historia y futuro que le aguarda; y explica: “al llegar uno a la población de Samaná por la carretera que viene de Honda, tiene la sensación de entrar en la fortaleza medieval; y lo es efectivamente, porque está colocada sobre uno de los pinachos más estratégicos de la cordillera de los Andes”Subir

SAN AGUSTÍN MUNICIPIO 1896

Llevaba San Agustín apenas doce años de vida administrativa como corregimiento de Pensilvania cuando se les ocurrió a sus pobladores elevar el pequeño caserío a la categoría de municipio. Deseosos de alcanzar un mayor desarrollo, conscientes de la riqueza agrícola que tenía la región y, sobre todo, conocedores del progreso que se podría alcanzar si San Agustín era elevado de categoría, los mismos hombres que habían impulsado la creación del corregimiento se comprometieron en la empresa de convertirlo en un ente territorial independiente, con vida administrativa propia.

El incremento de la población se producía porque el señor Miguel Murillo encontró, en el sitio conocido como La Bretaña, cerca de Florencia, una mina rica en oro, sin explotar. Como no contaba con los recursos para ponerla a producir, encontró en Sonsón a un hombre que estaba dispuesto a invertir para lograr extraer el rico mineral. Se llamaba Alejandro Angel. Este, sonsoneño raizal, hombre con visión de negocios, asumió su explotación. Comprometió entonces recursos para ponerla en funcionamiento. Fue tanto el éxito del yacimiento aurífero encontrado que años más tarde Alejandro Angel se convertiría en uno de los hombres más ricos de Antioquia. En su mejor época la mina llegó a tener cerca de 250 trabajadores directos. Su explotación duró casi cuarenta años. Tiempo durante el cual el municipio empezó a demostrar un desarrollo inusitado. Todo porque la gente encontraba empleo en la mina o, en su defecto, se beneficiaba con el mazamorreo que alrededor de los ríos se registraba. Era común ver por esos contornos gentes revolviendo arena, revolcando piedras, desviando porciones de ríos, subiendo y bajando la corriente. Todos buscaban beneficiarse con el oro.

Aprovechando el intenso movimiento comercial que generaba el oro los líderes de la campaña pro municipio solicitaron a la Asamblea de Antioquia su ascenso a la categoría de Distrito. En la petición formulaban propuestas sobre los territorios que podían formar parte del nuevo municipio. De un lado, sugerían que se les reconociera como propios algunos terrenos pertenecientes a Pensilvania. Del otro, proponían que se les anexara el territorio correspondiente a Florencia, que pertenecía a Sonsón. La petición fue aceptada casi de inmediato. A finales de mayo de 1896 los impulsores de la idea recibieron copia de un oficio dirigido al Concejo Municipal de Sonsón, firmado por el Secretario de Gobierno de Antioquia, donde les informaba que el Gobernador del departamento veía con buenos ojos la idea de elevar de categoría al corregimento de San Agustín. El texto de la comunicación es el siguiente: “Generalidad vecinos San Agustín, corregimiento municipio de Pensilvania, piensa solicitar a la Asamblea que esa porción de territorio se erija en Distrito. Gobernador, para apoyar medida, estima suficientes las pruebas que arroja la documentación, más, como Sonsón debe suministrar territorio para la nueva entidad, desearía el Magistrado oír el informe de esa corporación sobre la necesidad y la conveniencia de lo que se proyecta”.

En el mismo oficio a que se hace referencia en el párrafo anterior el funcionario informó a los concejales que el municipio de Pensilvania no objetaba la segregación y, por el contrario, solicitaba su instancia para dar vía libre al proyecto. Más adelante el documento les informaba sobre los límites de los terrenos pertenecientes al municipio de Sonsón propuestos para el nuevo Distrito, que habían sido acordados de la siguiente forma: “Del punto donde se une el río Tenerife con La Miel, por aquel aguas arriba a su nacimiento; de allí a la cordillera; por ésta al nacimiento del río San Antonio; éste aguas arriba hasta su confluencia con el río Moro; éste aguas abajo a La Miel; y éste aguas arriba a la confluencia del Tenerife, primer lindero”. Al final del documento el funcionario solicitaba al Concejo Municipal de Sonsón que se le diera inmediata respuesta al mismo. La que se produjo dos días después, el 25 de mayo de 1896, firmada por su presidente, Felipe Marín Uribe. El contenido de la respuesta fue como sigue: “Aunque el Concejo Municipal de Sonsón conceptúa que el corregimiento de San Agustín no tiene aún los elementos suficientes para llevar vida propia, no se opone a su erección en municipio, sino que por el contrario celebraría su desarrollo y prosperidad, y para el efecto cede con gusto el lote del Distrito que encierra los límites detallados en el telegrama del señor Secretario de Gobierno”.

Dos meses después, el 19 de junio de 1896, mediante Ordenanza # 06 aprobada por la Asamblea de Antioquia, sancionada por el entonces gobernador del departamento, Bonifacio Vélez, fue aprobada la erección de San Agustín como nuevo municipio. El texto de la misma indicaba que se le anexaba al nuevo Distrito el territorio correspondiente al corregimiento de Florencia, perteneciente a Sonsón. Sin embargo, la ordenanza fue aprobada por los diputados sin tener en cuenta la negativa expresada por el Concejo del municipio de Sonsón en el sentido de no acceder a la segregación del corregimiento de Florencia para anexarlo a San Agustín. La posición del Concejo fue expresada al dar respuesta a un nuevo oficio que con fecha junio 15 de 1896 le dirigió el Secretario de Gobierno de Antioquia donde les proponía anexar este territorio al nuevo municipio. La respuesta del ente deliberativo fue la siguiente: “Por motivos graves de conveniencia para la administración pública, el concejo no accede a la cesión del corregimiento de Florencia para agregarlo al proyecto municipio de San Agustín”. La nota estaba firmada por el nuevo presidente de la entidad, Pedro Antonio Estrada.

Aunque la erección de San Agustín como nuevo municipio de Antioquia fue aprobada el 19 de junio, el primer acuerdo del Concejo Municipal tiene como fecha el 2 de noviembre de 1896, día en que inició sesiones ordinarias. En efecto, el Acuerdo # 1, que aparece firmado por los señores Aldemar Zuluaga y Antonio María Jaramillo como presidente y secretario, respectivamente, establece en su primer considerando que “es un deber de toda Corporación Cristiana invocar el nombre de Dios antes de entrar a legislar sobre la suerte de sus comitentes”. En este acuerdo se dice que el concejo fue instalado oficialmente el 28 de octubre de ese mismo año. En su artículo primero se consagra el municipio al Sagrado Corazón de Jesús, en el artículo segundo se establece que la consagración se llevará a cabo solemnemente el 1 de enero de 1897 por parte del señor cura párroco, y en el tercero y último artículo se establece que copia del mismo se les hará llegar en nota de estilo a las autoridades eclesiásticas del departamento. El mencionado acuerdo fue sancionado por Cipriano Herrera Rivas como Alcalde Municipal y Martiniano Vélez como su secretario. Los textos señalan que el nuevo municipio de San Agustín inició su vida administrativa el día 27 de agosto de 1896, dos meses después de haber sido aprobada su creación. Sin embargo, no se encontraron documentos donde se explique cómo se procedió al nombramiento de los nuevos funcionarios, lo mismo que de los integrantes del Concejo Municipal. Se supone, como es lógico, que el primer alcalde, Cipriano Herrera Rivas, fue nombrado por el entonces Gobernador de Antioquia, Bonifacio Vélez, el mismo que impulsó ante la Asamblea la creación del municipio. En cuanto a los concejales que iniciaron sesiones el 1 de noviembre del mismo año se sabe que el gobernador del departamento tenía facultades para proceder a su escogencia de una lista presentada a su consideración por los dirigentes más destacados de la región, previo estudio de sus capacidades y honorabilidad. Los escogidos fueron personas de excelsas cualidades que en todo momento habían demostrado su compromiso con el progreso del corregimiento. El acuerdo # 3, aprobado el 6 de noviembre, hace claridad sobre los nombramientos que fue necesario realizar para poner en marcha la administración municipal. Allí se nombra como Jueces Municipales a los señores José Joaquín Ossa, Juan A Hoyos y Manuel A Arango, principal el primero de los aquí nombrados, y suplentes primero y segundo los otros dos, en su orden. El señor Manuel María Montaño fue nombrado como Tesorero de Rentas Municipales, como Personero Rafael Parra, y como miembros de la Junta Municipal de Caminos Pedro Cardona y Nicolás Isaza. En el mismo acuerdo se dice que el nuevo tesorero venía desempeñándose hasta ese momento como Administrador de Hacienda. En cuanto al manejo de las rentas del municipio fueron aprobados posteriormente nuevos proyectos de acuerdo. De la misma forma, durante las sesiones ordinarias se aprovechó para nombrar maestro de escuela.

Todo parece indicar que la decisión de los dirigentes de San Agustín para hacer erigir el poblado como municipio fue un poco apresurada. Así se desprende de la determinación que dos años más tarde tomó la misma Asamblea de Antioquia en el sentido de degradar al caserío a la condición de corregimiento de Pensilvania nuevamente. Mediante ordenanza 22 de 1898 San Agustín dejó de ser Distrito. Y los terrenos de Florencia volvieron a depender del municipio de Sonsón. Las causas por las cuales se degradó de categoría fueron de índole económica. Según parece, las autoridades no fueron capaces de establecer tributos para el sostenimiento administrativo. El Hermano Florencio Rafael, varias veces citado aquí, no culpa del hecho a los fundadores. Simplemente sostiene que no estaban dadas todavía las condiciones para que San Agustín asumiera sus responsabilidades como municipio. De todas formas, ésta fue una experiencia que les serviría para diez años más tarde lograr su erección definitiva como tal.

El 21 de Noviembre de 1908 asumió el nuevo párroco Daniel María López, el cual se constituye en uno de los personajes que dieron vida propia al nuevo municipio de Samaná siendo él la persona que logro la erección de San Agustín como municipio, el día 5 de agosto de 1908. Como primer corregidor en esta nueva etapa de su vida administrativa fue nombrado el señor Pedro Olimpo Carvajal. En esta época era Presidente de la República Miguel Antonio Caro.

El nombre de San Agustín, que el poblado llevo durante 52 años, era una manifestación de ese sentimiento cristiano que los colonizadores antioqueños llevaban muy arraigado en su alma. Hasta el 26 de Abril de 1930 varios municipios cambiaron sus nombres buscando tener una relación más directa con sus antepasados, fue así como San Agustín cambio su nombre por Samaná.Subir

FLORENCIA

Fundador De Arboleda y de Florencia dinámico fundador; desvelado educador… Pbro. Gabriel Tisnés J. Daniel Florencio Sánchez Torres. Nacido en San Cristóbal, cerca de Medellín, el 30 de enero de 1847. Hijo de Vicente Sánchez y Fructuosa Torres. Es bautizado con el nombre de Florencio Daniel, como reza en el libro 10 de bautismos en el folio 41, y confirmado el 12 de junio del mismo año por Monseñor Juan de la cruz Gómez Plata. En 1887 fue nombrado cura de Aquitana. Siendo coadjutor en Sonsón (Antioquia), fundó la vice parroquia de San Narciso, en octubre de de 1894, donde celebró la primera misa el 9 de mayo de 1895. El 19 de agosto es elevado a la categoría de corregimiento y recibe el nombre de Florencia, en homenaje a su fundador Falleció el 31 de enero de 1934 en Sonsón y sus cenizas reposan en la cripta de la Catedral.Subir

NORCASIA  - 1924

En el año de 1908 el Municipio de Samaná ya reconocía el asentamiento poblacional de Norcasia como tal, gracias a sus riquezas y atractivos, pues llegaron personajes de Sonsón, Abejorral, Manzanares y Pensilvania, aventureros que venían en busca de caucho, oro y caza para mejorar sus condiciones de vida. Este centro poblado enclavado en la margen derecha del río La Miel y en gran parte en la del río Moro, fue fundado por Jesús María Carvajal, Dimas Gómez, Antonio Valencia, Santiago Gallego y José Gallego Arias; los datos de sus primeros pobladores datan de 1924, fecha en la cual se le dio su nombre, Norcasia, debido a que se encontraba casi al norte de San Agustín, lugar del cual los Españoles venían con cargamentos, necesitando un lugar donde descansar. Fue proclamado como corregimiento del Municipio de Samaná el 30 de junio en 1938, por acuerdo del Concejo Municipal de Samaná; coincidencialmente; el 30 de junio de 1999 mediante la Ordenanza No. 327 de la Asamblea de Caldas, y ratificado mediante referéndum el 15 de agosto de 1999 se eleva a la categoría de Municipio.

El proceso de poblamiento de esta región, vivió una serie de oleadas producto de la apertura de la frontera minera y agropecuaria y la búsqueda de una salida hacia el Magdalena (principal vía de comunicación de ese momento); de la expansión del café y la ganadería, basada en núcleos de población expulsados por el proyecto ético – político antioqueño y por las guerras de fin del siglo XIX y principios del siglo XX, con todas las consecuencias de violencia política y escasez de recursos para subsistir, que buscaron en el Magdalena Medio Caldénse y en la zona de San Miguel una alternativa de sobrevivencia. En general, la zona presenta una alta movilidad poblacional y la tendencia es a ello. Las causas son muy diversas pero todas relacionadas con una profunda crisis agrícola, tanto en la región como en el país.

El Municipio de Norcasia cuenta con 17 veredas que son: Moscovita, La Quiebra, Montebello, Santa María, Planes Mirador, La Hermita, San José, La Estrella, Las Delicias, El Jagual, Kilómetro 40, Los Ceibos, Manizalito, San Esteban, Cadenales, La Samaria y La Quiebra de Roque.Subir

Las campanas del templo

Sabían que las Campanas del Templo de Samaná se llaman San Joaquin y Santa Ana, y fueron traídas a lomo de mula después del incendio de 1945 por el Padre Gabriel Henao (qepd).Subir

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