WWW.SAMANACALDAS.NET.CO
"SAMANÁ- CALDAS" TIERRA FIRME Y ABONADA". EL PORTAL DE UN PUEBLO PUJANTE.

Interactivos
Municipio
Corregimientos
Alcaldia
Enlaces
Instituciones
Vecinos

Cristian
Cordialmente, Cristian Giovanny Toro Sánchez.

FOLCLOR COMPLETA - Feeds Suscripción Noticias de Samaná

EL CONEJO ARREGLA CUENTAS
Categoría: Tío Conejo y otros animales.
Fecha: martes 01 de enero del 1963
Autor: AGUSTÍN JARAMILLO LONDOÑO
Fuente: Cuentos del tío conejo - Folclor[10]
¡Ej, avemaría con el tío Conejo! ¡Ese sí es el más fregao de todos los animales!
Pero, nada con la qu’hizo en esta ocasión. Pongan cuidao:


Esto fue hace ya muchos, muchos años. Venían unas fiestas de plaza en el pueblo, con disfrazaos, carreras de caballos, toros, juegos de toda laya y traguito. El Conejo estaba con unas ganas locas de ir, pero ¿cómo, sin un rial? Se puso a pensar, a ver qué hacía. En esas pasó la Gallina y el Conejo le dijo:
–Tía Gallina: ¡a fiestas voy! Usté por qué no me presta dos rialitos pa jugalos, que, si echo, le doy cuatro; y, si no echo, nada pierde: le pago sus dos riales.
–Pis... será, tío Conejo. Tenga a ver. El que no se arriesga no pasa la mar.
El Conejo l’echó mano a la plata y, por ai qu’es más derecho, se fue a ver al tío Mico.
–Voy pa fiestas, monito –le dijo–. A ver: ¿qué me va a dar usté pa jugar, que, si echo, le doy la mitá de lo que gane, y, si no, usté nada pierde? Va a la fija.
–¡Demás, tío Conejo! Seguro que usté no pierde, porqu’es más derecho que var’e premio. Juéguese estos dos rialitos, a ver...
Di ai el Conejo arrancó pa onde la tía Zorra y l’echó el mismo cuento. La Zorra, con ser la Zorra, también cayó.
–Tome dos riales que tengo, tío Conejo –dijo–; juéguemelos usté qu’es tan debuenas a ver si gano, porque estoy necesitando comprar una hilacha de ropa pa estos muchachitos míos qu’están desnudos...
Salió el Conejo a ver a tío Tigre, al Perro y a la Cucaracha. Habló con los tres y cada uno le prestó di a dos riales. Y, pa rematar, s’encontró con tío el Hombre y a éste también le pidió el par de riales pa jugar en las fiestas.
–¡Yo no te presto nada, vagamundo, porque vos sos muy condenao y de golpe ganas y sos capaz di haceme pistola!
–Ello no, señor; ello no... ¿Cuándo le he quedan debiendo a usté un rial? No crea... yo no soy d’esos; vea: déme con toda confianza lo que quiera, que yo le doy cuenta cabal...
–Bueno. Te voy a dar los dos riales, tomó. Pero si no te presentás ligero a pagar, con la vida me pagás. Mirá: ¡Jmmm! ¡Mirá esta escopeta que tengo aquí...!
–¡Dios mi ampare y me favorezca! –dijo el Conejo.
L’echó mano a los dos riales y salió.
* * *
Muy bien, que se fue el Conejo con ese mundo de plata y se puso a jugar, a beber y a bailar todas las fiestas, bien emparrandao, hasta que se quedó sin un chimbo siquiera.
Cansao. Bien cansao y a pata, se apareció a la casa. Se dejó caer en la cama y se quedó profundo.
¡Al otro día dispertó en ese guayabo tan horrible! Y así que se acordó de todo lo que les debía al Hombre, al Perro, al Tigre, al Mico, a la Cucaracha, a la Zorra y a la Gallina.
–¡Virgen! ¡Me va a tragar la tierra! –dijo–. ¿Yo qué voy a hacer...? ¿Yo qué voy a hacer...?
Salió pal corredorcito del frente y se puso a echar cabeza. Cuando, a poquito, va llegando el Mico.
–¡Ej! Quihabido, monito, ¿cómo te va...? (De lo más zalamero el bandido, y que déntrese y demás).
El Mico no respondió palabra y como que güelió la cosa ai mismo. porque dijo:
–A ver, pues, tío Conejo: aquí vengo por mi plata.
–¡Ajá!, pis demás... Ya se la vo’a dar. Camine a ver... Pero, primero, le iba a pedir un favorcito: usté qu’es tan mariposo pa andareguiar ramas y que se desenreda tan bonito por entre los copos de los árboles, por qué no mi hace el bien y s’encarama allá arriba en aquel aguacate más alto y me avisa cuando venga alguno, no va y que me encuentren aquí contando plata, y... ¡qué sabemos! Con este mundo como está. ¿No cierto, tío el Mico?
–Claro, claro: ya mismito subo.
Trepó el Mico y al momento gritó:
–¡Oi, oi!
–¿Quién viene? –preguntó el Conejo.
–¡Tía Cucaracha!
–(¡Ja... jai! ¡Mi tío el cura! ¿Y con qué voy a pagar?). ¡Que arrime! Llegó la Cucaracha, saludó y ai mismito a cobrar...
El Conejo disimulaba y le metía conversa. Le preguntó por el Cucaracho y por los Cucarachitos: le habló del tiempo y todo, pero la Cucaracha quería que le pagara y ligerito.
De pronto grita el Mico:
–¡Oi, oi!
–¿Quién viene? –pregunta el Conejo.
–¡Mi tía la Gallina!
Esto qui oye la Cucaracha y que se va perfilando, pálida mortal:
–¿Mi tía la Gallina? –dice–. ¿Y yo aónde me meto? Si me llega a ver, me come.
–No se preocupe. Ej, no siá bobita... Vea: métase debaju’e mi pie, que ai no l’encuentra nadie.
–Bueno, bueno.
Entra la Gallina, que venía por su plata y el Conejo la invita a que se siente. Se sienta y comienza el palique. La Gallina charlaba y el Conejo apenas Ii hacía señas con los ojos pa dale a entender qu ai taba la Cucaracha, pero la boba nu entendía.
–Tía Gallina... (y le hacía señas con mañita) Tía Ga...lli...na. Mmm...
La otra no entendía qué le pasaba al Conejo, hasta qu’este levantó la pata y la Gallina vio la Cucarachita ai acurrucada, con los ojitos cerraos. Ai mismo pegó un brinco y di un picotazo se la tragó.
–Y grita el Mico desde el aguacate:
–¡Oi, oi!
–¿Quién?
–¡Mi tía la Zorra!
Fue tanto el susto de la gallina apenas oyó esto, que fue a correr no pudo. Apenas se fue echando y se quedó quietecita:
–¿...y qué vamos a hacer, tío Conejo?
–No se preocupe, tía Gallina. Camine y se mete en una canasta, qui allá no la ven. Yo la tapo bien tapada.
Se acababa de acomodar la gallina en la canasta, cuando entra la Zorra por su plata.
–Sí, tía Zorra, demás. Yo le voy a pagar. No se me ofusque. Pero primero, camine y se sienta que demás que viene cansada. Mientras tanto yo le voy a preparar el desayunito...
Entró la Zorra y ai mismo el Conejo le hizo señas con los ojos de que mirara en la canasta. Lo que fue la Zorra sí entendió la cosa volando: en un santiamén la destapó, parió la Gallina por el pescuezo y ai vinieron los chillidos y los aleteos y el plumero. Ni an se había acabao de relamer la Zorra, cuando gritó el Mico:
–¡Oi, oi!
–¿Quién llega?
–Tío el Perro!
–¿Quiéééén? –pregunta la Zorra y dice a temblar como una jaletina.
–¿Qué le pasa, tía Zorra? –pregunta el Conejo, haciéndose el bobo–. ¿Le sentó mal la Gallina? ¿Por qué está tan pálida?
–Cae la boca, tío Conejo, qui ai viene el Perro y usté sabe qu’el y yo no la vamos muy bien que se diga.
–No se preocupe. Camine, métase debaju’e la cama.
Fue tanto el miedo de la Zorra, que ai dejó el charquito.
Cuando va entrando el Perro a cobrar, más serio que hast’ai.
–Vengo a ver si me pagas, Coneju’e los diablos, o si no pa comete. ¡Harto hambre traigo!
–Ya le voy a pagar, tío Perro. Pero, antes, le voy a preparar cualquier bobaíta de desayuno. que apuesto a qui usté se vino madrugao, con unos traguitos de café... (Y en secreto, entre dientes): Asomate allí... debaju’e la cama, que te conviene...
Va el Perro y se asoma y ve esa Zorra allá echaíta... Y ai mismo: ¡guape, guape, guape, guape! Y eso fue como motilando un loco... Ai se sentó a comésela.
Todavía se la’staba saboriando cuando grita el Mico:
–¡Oi, oi! ¡Oi, oi!
–¿Quién viene?
–¡Mi tío el Tigre! Y viene tan a la carrera que ni an si unta de tierra.
El Perro se puso verde. Se tragó la lengua y escondió la cola entre las patas. Ai mismo lo topó el Tigre. Sin dale tiempo de nada, di una vez le dio castigo, que ni an güesos quedaron.
–¿Taba bueno el Perro que le tenía guardao, tío Tigre? –pregunta el Conejo, serio perdido.
–Sí, tío Conejo. Bueno sí’staba. Pero... ¿caso quedé como bien lleno? Ganas tengo di asentar con Conejo...
–¿Sí, tío Tigre? ¡Pero aquí... Conejo di aónde, por Dios!
–¡Conejo toy viendo! –ruge el Tigre.
–¿Sííí? ¡Aj! Pero yo estoy muy viejo y muy duro, tío Tigre...
–¡Eso no li hace! –gruñe el Tigre, y, abriendo una bocaza enorme, añade–: Vea l’herramienta ¡Ñaaaa!
Y me pela esa mod’e colmillos... ¡Virgen del Carmen! Y me agarra ese pobre Coneju’e las orejas y me lo levanta como quien se va a comer un rabanito... Cuando, de milagro, grita el Mico:
–¡Oi, oi! ¡Oi, oi!
–¡Qui-qui-quién llega? –dice el Conejo.
–Tío el Hombre, que viene con una escopeta de dos cañones. Bueno: ai mismo el Tigre s’entiesó y apenas platiaba los ojos como si n’hubiera oído bien. Fue largando al Conejo con mañita y di ai dice:
–¡Onde me meto! ¡Onde me meto!
–Pegue carrera, tío Tigre y s’encarama en aquel zarcito qui hay allí.
–¿Yo sí cabré allá?
–¡Preciso! Entrando de p’atrás, cabe.
El mismo Conejo li ayudó a acomodase, encajonan.
Así qu’entró el Hombre, el Conejo se hizo el que no lu había sentido llegar y le gritó al Tigre:
–¡Tese quietico, tío Tigre, no vay’a ser que lo vean allá trepao!
Y ai mismito el Hombre agarró esa escopeta y... ¡pum! Allá cayó el Tigre.
–Vea, pues –dice el Hombre–. ¡Cómo le parece la manera de recibilo a uno este Conejo! ¡Con su macho de Tigre allá encaramao! Afortunadamente esta escopetica es buena, o si no... Y, bueno, tío Conejo: me tenés la plata: ¿sí o no?
–¿Quién, yo? Ah, sí. Vea...: camine le muestro una cosa que hay allí. Mire... Allá, en aquel palo di aguacate.
Ai mismo el Hombre s’echó l’escopeta a la cara, midió bien y... ¡pam! Allá cayó el Mico.
Cuando ve el Conejo qu’el Hombre iba a volver a cargar y pregunta:
–¿Va a cargar otra vez? ¿Y pa qué?
–¡Jm! ¿Que pa qué? ¡Vos sabés!
–Yo si sé. Tarés cargando pa tu madre, infeliz. ¡Que sos capaz de tirale a uno por dos miserables ríales!
Y si abre ese Conejo a correr a cuantas tenía. Y el Hombre, con la rabia que l’hizo dar el Conejo, no acertaba a cargar, tembloroso de la furia. Y ese Conejo corriendo a toda. ¡Corriendo a toda!
Por aquí creo que pasó la otra tarde, ¡a los vuelos...!

Cantidad de Impresiones: 1264
EL CONEJO Y LA ZORRA || Indice || EL CONEJO Y EL GIGANTE
Compartelo en tus blogs:
Compartir
Debe ser un usuario registrado y haberse registrado en la parte superior con su email y clave.
Estó le permitira habilitar el menu para escribir comentarios.
No Hay Registros
www.samanacaldas.net.co giovannytoro@hotmail.com giovanytoro@gmail.com Móvil 3103487477